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No habrá aeropuerto: un triunfo popular distorsionado – 30-30
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No habrá aeropuerto: un triunfo popular distorsionado

Cuauhtémoc Ruiz

No habrá aeropuerto: un triunfo popular distorsionado

Cuauhtémoc Ruiz

No habrá aeropuerto en Texcoco. Es un triunfo del pueblo, para su economía y el medio ambiente. Pero es una victoria en la que el intermediario es López Obrador, un defensor de la explotación capitalista.

 

Los derrotados son el gobierno saliente, el PRI, el PAN, los empresarios. AMLO hará todo lo posible por indemnizarlos y recompensarlos. El presidente electo tuvo que golpearlos pero se dispone a curar sus cicatrices.

 

La decisión de cancelar la obra ha sido una de las más difíciles para AMLO. En su libro 2018, La salida escribió oponiéndose al aeropuerto en Texcoco. Las presiones empresariales pronto lo hicieron cambiar de posición. Hace meses el hombre más rico de México convocó a conferencia de prensa para exigirle al entonces candidato presidencial –en plan de regaño- la continuación de la obra. Para salir del atolladero AMLO propuso una solución: que los empresarios pagaran la construcción; así, dijo, no se afectarían los fondos públicos. Pero los capitalistas terminarían siendo dueños del negocio, es decir, proponía una privatización de la enorme obra. Por suerte para López Obrador, esta salida típicamente neoliberal fue rechazada por los empresarios. De acuerdo con Carlos Slim, el aeropuerto en Texcoco no sería negocio debido a los cuantiosos y continuos gastos en reparaciones y mantenimiento por ser terrenos lacustres.

 

La negativa de Slim a ser propietario del nuevo puerto aéreo reveló lo que ya se suponía: que la obra resultaría ser antieconómica, onerosa y una sangría permanente en las arcas públicas.

 

Pero hubo un factor de más importancia en el equipo del siguiente presidente y es el desconcierto, malestar, decepciones y crisis que sufrió en los meses pasados la ancha base social del lópez obradorismo, causado por las medidas derechistas que el tabasqueño anunció a partir de su triunfo electoral. El brusco giro reaccionario de AMLO expresado en numerosos hechos (Napoleón, Elba Ester, Bartlett, boda aristocrática de su secretario César Yáñez, aceptación de un TLC con EU en el que se acepta la privatización energética y un muy largo etcétera), exigieron un movimiento pendular, en sentido contrario. Si AMLO no permitía que en este juego el pueblo anotara un gol, y que todas las anotaciones fuesen a favor de los empresarios, la luna de miel de AMLO con su electorado tocaría pronto a su fin.

 

Es evidente que el equipo del próximo presidente también negoció con Carlos Slim la muerte de la mega obra en Texcoco. El industrioso gordis, tan afecto a los reflectores, ante la cancelación de la obra esta vez ha guardado un prudente silencio. Es altamente probable que se le haya prometido que en los próximos seis años seguirá haciendo jugosos negocios.

 

La cancelación de Texcoco contó igualmente con el acuerdo del PRI del estado de México. Fue clave la larga entrevista que tuvo AMLO con el gobernador de este estado, Del Mazo, un personaje representativo del otrora poderosísimo Grupo Atlacomulco, hegemónico en el PRI en los años pasados. En ese encuentro Del Mazo descubrió que el aeropuerto en Toluca puede recibir hasta 7 millones de pasajeros al año (por menos de un millón como hace ahora), que aliviarían la saturación del aeropuerto Benito Juárez. Por su parte, AMLO se comprometió a que como presidente entregará una partida presupuestal excepcionalmente alta al gobierno de Del Mazo, primo de Peña Nieto. Con otras palabras, negociaron el fin del aeropuerto en Texcoco por el apoyo de AMLO al bastión que retendrá el PRI los siguientes cinco años.

 

Inicialmente, AMLO anunció una “encuesta” que resolviera el conflicto. Pero una cosa como ésta carecería de credibilidad ciudadana porque el que paga una encuesta decide sus resultados. Así, es también un triunfo popular la realización de la consulta. Es un hecho histórico que un gobernante mexicano tome una decisión crucial convocando a la opinión ciudadana. La consulta no pudo hacerse conforme a lo que marca la Constitución porque de haberlo intentado no hubiese habido este ejercicio democrático. En realidad, en los hechos la ley niega consultas y referéndums. Preocupa que Morena no se disponga a reformar la carta magna en este aspecto. Podría ser señal de que la consulta habida fue un hecho excepcional dictado por las circunstancias.

 

Con todos los defectos que la consulta tuvo, debe marcar un precedente, para que ante decisiones similares, los gobernantes estén obligados a acatar la voluntad mayoritaria. La celebración de próximas consultas es un peligro a futuro que ven los detractores de derecha de la consulta y por eso la han atacado con virulencia.

 

Después de largos años de sólo ganar, los empresarios por fin han sufrido un revés que la mayoría de ellos llora desconsoladamente. Pero el pueblo no debe olvidar que esa victoria se debe a su lucha y firmeza, y no a López Obrador, que se dispone a una gestión presidencial neoliberal, con la menor intervención popular posible, como ha venido preparando desde el mes de julio.

 

Crédito de imagen: Alan Levine vía Flickr.


Cuauhtémoc Ruiz es dirigente del Partido Obrero Socialista.