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Estrategia Socialista y Arte Militar (Reseña)

Pero además estos autores polemizan muy intensamente, pero al mismo tiempo muy implícitamente con las elaboraciones de Nahuel Moreno y sus seguidores, quienes, estos últimos, para caracterizar las revoluciones que se estaban dando en los años 70 y 80, las denominaban revoluciones “democráticas” , son los casos por ejemplo, de la revolución de los claveles en Portugal de 19743, la transición democrática española acaecida desde la muerte de Franco, el 20 de noviembre de 1975, hasta la celebración de las primeras elecciones “democráticas”, el 15 de junio de 1977; la revolución nicaragüense del 19 de julio de 1979 y hasta la propia revolución iraní, también de 1979. En el texto de Nahuel Moreno, Tesis sobre las Revoluciones del Siglo XX4, tales revoluciones democráticas, se entienden como revoluciones de febrero, obviamente en analogía histórica con la revolución de febrero en Rusia. A estas revoluciones de febrero también se les caracteriza como, “revoluciones inconscientes” de febrero. Concretamente la tesis XXVI, de este texto se plantea que la revolución de febrero es una etapa. Se decía en esa tesis: “Debemos comprender que es inevitable hacerla y no tratar de saltarnos esa etapa, sino sacar todas las conclusiones estratégicas y tácticas necesarias, ser la vanguardia de esta revolución de febrero, ser los campeones de la intervención en ella.” (Moreno Nahuel, 1997; 151) .  

Albamonte Emilio y Maiello Matías, Ediciones IPS, 2017, Buenos Aires Argentina

Allen Cordero Ulate*

 


Olvido de la guerra, pertinencia del asunto


A Emilio Albamonte y Matías Maiello, autores de Estrategia Socialista y arte militar, les asiste mucha razón cuando explican que llevamos cerca de treinta años que se nos había olvidado la guerra. Incluso, para quienes como yo, vivimos de cerca la guerra, me refiero a la revolución nicaragüense y en general la revolución centroamericana, la guerra había pasado al campo de la nostalgia revolucionaria. Después de aquellos momentos de ilusión, en el sentido de que de nuevo la guerra fuera la partera de una historia progresiva, muchas de las guerras y conflictos militares los hemos observado azorados e impotentes viendo la televisión, la prensa, y más recientemente el internet.


En nuestra vida cotidiana y en parte militante, la guerra se ha vuelto una memoria lejana, un asunto de la historia o una orientación teórica, en el tanto que sabemos que las máximas conquistas de la política, la cultura y en general de la sociedad, devienen de lo triste y sangriento de la guerra. Hoy en día se tiene como supremo referente político la llamada democracia y este régimen es hijo de la guerra. Como concreción misma de la idea democrática, se coloca a EEUU con su régimen democrático, y bien se sabe, que sus orígenes devienen de su guerra civil. (Novack George, 2000). Y hasta la cultura más exquisita es deudora de la guerra, pues sin revoluciones, no hay libertad ni democracia, que son los sustratos básicos de las expresiones creativas independientes. Ni habría mucha de la ciencia que hoy conocemos. La guerra se volvió un tabú o libros viejos ya no consultados en las bibliotecas. Nos caló profundo la idea de que ahora las luchas son pacíficas; respetuosas del “orden democrático”. La izquierda y buena parte de los movimientos sociales la primera palabra que invocan es la de la paz. Quienes animan estas luchas piensan que invocando el amor y la paz, pueden conectarse con sectores amplios de la opinión pública, o a lo mejor pensamos, que de esta manera los cuerpos policiales y de inteligencia serán burlados. Puro y simple despiste. Pues a quienes ejercen el poder el asunto sí les sigue interesando y esto al máximo. Las democracias actuales, incluyendo a países dizque bucólicos como Costa Rica, por ejemplo, crecientemente se vuelven democracias armadas.

 


Por lo demás las guerras, sin que se pueda decir que durante las últimas siete décadas se haya llegado a una nueva conflagración mundial, es pan cotidiano. Entre los casos relativamente recientes de guerras se pueden mencionar: la desigual Guerra de las Malvinas, Afganistán, Irak. Mucho más recientemente la guerra de Siria que ha generado millones de migrantes. Igualmente, rebeliones, semi-insurrecciones, luchas guerrilleras, movimientos sociales más o menos armados, multiplicidad de violencias unas progresivas otras confusas, muchas ambiguas en sus objetivos. En la prensa dominante se habla, muchas veces con mucha libertad de los armamentos, de los aviones invisibles, de la cantidad de bombas tiradas a poblaciones civiles, frecuentemente este tipo de terror se narra con placer por parte de los presentadores televisivos, casi como presentando reality shows del terror, a los que los espectadores asisten como se asiste a disfrutar de una película sangrienta de drama, para poner una de tantas: Independence Day (1996, Roland Emmerich). De manera que el acometido de los autores es brillante y pertinente; colocar abiertamente el tema de la guerra en su tristeza y grandeza históricas, así como en su vigencia actual.

 


Carácter militante y de alto nivel del libro


Un gran mérito del libro es su carácter militante. Lejos se está de un estudio puramente académico, por lo tanto, sin consecuencias ni responsabilidades prácticas. Explican los autores, en la sección de agradecimientos, que el libro surgió de dos seminarios internacionales de la corriente a la que ellos pertenecen realizados entre el 2011 y el 2012. El primero centrado en la obra del clásico de la guerra, Carl von Clausewitz y el segundo sobre la concepción de estrategia que prevaleció en el marco de los cuatro primeros congresos de la III Internacional. De esta manera se distancia de los marxismos académicos, o más exactamente de los trotskismos académicos, tipo Isaac Deutscher, quien en su monumental trilogía desdibuja la parte militante del fundador de la IV Internacional. Por cierto, en esta misma línea de la investigación militante debe rescatarse el trabajo de Jean-Jacques Marie, de otra corriente internacional respecto a la que pertenecen los dos autores que venimos comentando, quien en su Trotski, Revolucionario sin Fronteras (2009) plantea que el máximo legado de Trotsky no fue su genialidad puramente teórica sino su aporte práctico, su vida militante, cuyo legado máximo fue la fundación de la Cuarta Internacional.

 


Al mismo tiempo que militante, este libro que vengo reseñando, exhibe un alto rigor formal, tales como una impresionante revisión bibliográfica, una exposición clara y didáctica de los contenidos a pesar de su enorme complejidad. El trabajo, desde un punto de vista teórico se organiza con relación al contrapunto Clausewitz-Trotsky. En torno a estos dos gigantes, uno de la teoría de la revolución burguesa y el otro de la teoría de la revolución socialista, revisa abundante bibliografía proveniente del mundo académico, así como textos provenientes del campo militar dominante, como también del campo militante revolucionario. Desde un punto de vista formal nada tiene que envidiarle a un tratado académico, 605 páginas en total, con una bibliografía de 28 páginas, sin por ello perderse en un teoricismo despegado de las realidades, sino teniendo por norte, las consecuencias para la interpretación histórica que ayude a pensar el presente desde una perspectiva de la estrategia socialista. Desde muchas aristas se puede comentar el libro. Cada quien lo verá a su manera y esta es la mía.

 


El trauma epistemológico de la lucha militar: Comuna de París y Caída del Muro de Berlín


Muy creativos son estos autores tanto en lo teórico como en sus términos y nomenclaturas. Una de las formulaciones que más me llamó la atención es la de “trauma epistemológico” de la guerra1. Con lo que entiendo, quieren caracterizar el trauma, que en la clase trabajadora y sus aliados, provoca el desconocimiento teórico-práctico de la guerra. En el primer caso se refieren al triunfo efímero que fue la Comuna de París de 1871, y por otra parte, en segundo término, lo que acontece pos caída del Muro de Berlín. En el primer acontecimiento, el proletariado victorioso pero iluso no puede sostener el poder, pues le hace falta el aparato militar. El segundo caso, es definitivamente más traumático que el primero, pues con la caída de este muro, simbólicamente, el socialismo se derrumbó sin pena ni gloria. No hubo quien lo defendiera armas en mano.

 


Pasaron muchos años para que el proletariado superara el trauma epistemológico de la Comuna de París. La II Internacional traicionó los ideales revolucionarios en el contexto de la Primera Guerra Mundial pues cada partido socialdemócrata se alineó con su respectiva burguesía imperialista. Lenin y los bolcheviques deben romper con esa internacional traidora. Lenin y sus aliados trazan líneas de acción concatenadas tanto en lo nacional ruso, como sobre todo en la arena internacional. Es el tiempo en que los revolucionarios, todos, caben en “dos coches”¿Quién les puede creer que la revolución socialista sí puede ser posible?

 


Viene el extraordinario capítulo ruso, las revoluciones de febrero y de octubre, con un componente militar absolutamente adherido a la política revolucionaria, es aquí, con la planificada insurrección de octubre, donde el arte militar alcanza su clímax, se supera el trauma, cuando el proletariado toca el cielo del poder. Sin lucha militar, sin los soviets armados, no se hubiera podido superar el trauma epistemológico de la guerra. En el momento de la insurrección prevalece la lucha militar descentralizada que desorganiza al enemigo en múltiples frentes y espacios territoriales urbanos. Una vez tomado el poder, los cuerpos relativamente autónomos se vuelven insuficientes y se hace necesario construir el ejército rojo, tarea monumental que estuvo a cargo, en su dirección estratégica, de León Trotsky, con una composición de unos cinco millones de soldados, partiendo inicialmente casi desde cero. (Pág, 165, libro reseñado).

 


Estos dos traumas a mi parecer tienen carácter diferente. El primer trauma, es el de la adolescencia proletaria. Quizás, al respecto, se puede ensayar la analogía de esta etapa juvenil de la organización proletaria, echando mano a una de las tres grandes etapas que de acuerdo con Giambattista Vico ha atravesado la humanidad, en este caso la etapa heroica, de construcción del Estado. Pero, dándonos amplias libertades interpretativas para el estudio del desarrollo organizativo de la clase obrera, esto es, de su construcción en tanto clase “para sí”, se podría pensar que a partir de la Comuna de París, al manifestarse la impotencia obrera para sostener el poder, de manera heroica e inicial se plantea el tema de la construcción de una organización política consciente de que para tomar el poder es necesario la lucha militar dirigida. Mientras el segundo trauma, es más complejo, y este es la etapa que estamos atravesando hasta el día de hoy, la cual de nuevo echando mano de manera libre a las etapas viquianas, podríamos asemejarla con la etapa de la decadencia proletaria. Debe recordarse que la filosofía de la historia de Vico, difiere de la de Hegel o la de Comte, en que a pesar de su providencialismo teológico, la historia no culmina en una etapa suprema, sino que de la decadencia puede surgir un nueva etapa “divina”, es decir, de recuperación elevada de la humanidad, que de acuerdo a lo que nos interesa acá se trata de obviamente de recuperación de la estrategia socialista. (Cordero Ulate, Allen, (1993: 49-55).

 


Abundantes y sugerentes aportes


Estrategia Socialista, exhibe abundantes y sugerentes aportes para la interpretación histórica de la lucha por la revolución socialista. Uno de estos aportes, que da mucho para pensar, es el de lo que se podría denominar una reinterpretación de la teoría de la revolución permanente, proponiendo a mi juicio, en correspondencia con lo “permanente” de la revolución, una visión muy dinámica del carácter de la revolución, esto es que, a la revolución no se le puede colocar etapas intermedias a priori sino que parará cuando, por así decirlo, le dé la gana.

 

 El tema de dividir la revolución en etapas no es solamente un asunto de la polémica entre estalinistas y trotskistas, sino un conflicto teórico-político que se expresa dentro del propio movimiento trotskista. En el caso, de la polémica con el estalinismo y muchas otras corrientes nacionalistas burguesas o pequeño burguesas (por ejemplo el FSLN, en su etapa juvenil, no en la etapa de degeneración total por la que empezó a transitar desde pocos años después de haber tomado el poder); es su empeño en dividir la revolución en etapas, una primera etapa, que ha sido caracterizada de distintas maneras, de acuerdo con lecturas específicas de las formaciones nacionales, ya sea como revoluciones antifeudales, revoluciones antimperialistas o revoluciones democráticas. En el caso latinoamericano muchas de estas formulaciones fueron reunidas bajo el término, “segunda independencia”, para enfatizar que la tarea fundamental de la revolución era la independencia respecto al nuevo imperialismo; USA. En contra de esto, el trotskismo, heredero de la experiencia rusa, ya que dicha revolución mostró la impotencia burguesa para encabezar cualquier tipo de tarea antifeudal, antimperialista o democrática, planteó más bien la concatenación de tareas “elementales o mínimas”, esto es, democráticas, agrarias y antiimperialistas, con tareas socialistas. Si es la clase obrera y sus aliados, los sujetos que le imprimen el ritmo a la revolución, no los sectores burgueses; entonces la revolución asume un carácter no etapista sino ininterrumpido.

 

Pero además estos autores polemizan muy intensamente, pero al mismo tiempo muy implícitamente con las elaboraciones de Nahuel Moreno y sus seguidores, quienes, estos últimos, para caracterizar las revoluciones que se estaban dando en los años 70 y 80, las denominaban revoluciones “democráticas” , son los casos por ejemplo, de la revolución de los claveles en Portugal de 19743, la transición democrática española acaecida desde la muerte de Franco, el 20 de noviembre de 1975, hasta la celebración de las primeras elecciones “democráticas”, el 15 de junio de 1977; la revolución nicaragüense del 19 de julio de 1979 y hasta la propia revolución iraní, también de 1979. En el texto de Nahuel Moreno, Tesis sobre las Revoluciones del Siglo XX4, tales revoluciones democráticas, se entienden como revoluciones de febrero, obviamente en analogía histórica con la revolución de febrero en Rusia. A estas revoluciones de febrero también se les caracteriza como, “revoluciones inconscientes” de febrero. Concretamente la tesis XXVI, de este texto se plantea que la revolución de febrero es una etapa. Se decía en esa tesis: “Debemos comprender que es inevitable hacerla y no tratar de saltarnos esa etapa, sino sacar todas las conclusiones estratégicas y tácticas necesarias, ser la vanguardia de esta revolución de febrero, ser los campeones de la intervención en ella.” (Moreno Nahuel, 1997; 151) .