Top
Estrategia Socialista y Arte Militar (Reseña) – 30-30
fade
6056
post-template-default,single,single-post,postid-6056,single-format-standard,eltd-core-1.0,flow-ver-1.2,,eltd-smooth-page-transitions,ajax,eltd-grid-1480,eltd-blog-installed,page-template-blog-standard,eltd-header-type2,eltd-sticky-header-on-scroll-down-up,eltd-default-mobile-header,eltd-sticky-up-mobile-header,eltd-dropdown-default

Estrategia Socialista y Arte Militar (Reseña)

Allen Cordero Ulate

Estrategia Socialista y Arte Militar (Reseña)

Albamonte Emilio y Maiello Matías, Ediciones IPS, 2017, Buenos Aires Argentina

Allen Cordero Ulate*

 


Olvido de la guerra, pertinencia del asunto


A Emilio Albamonte y Matías Maiello, autores de Estrategia Socialista y arte militar, les asiste mucha razón cuando explican que llevamos cerca de treinta años que se nos había olvidado la guerra. Incluso, para quienes como yo, vivimos de cerca la guerra, me refiero a la revolución nicaragüense y en general la revolución centroamericana, la guerra había pasado al campo de la nostalgia revolucionaria. Después de aquellos momentos de ilusión, en el sentido de que de nuevo la guerra fuera la partera de una historia progresiva, muchas de las guerras y conflictos militares los hemos observado azorados e impotentes viendo la televisión, la prensa, y más recientemente el internet.


En nuestra vida cotidiana y en parte militante, la guerra se ha vuelto una memoria lejana, un asunto de la historia o una orientación teórica, en el tanto que sabemos que las máximas conquistas de la política, la cultura y en general de la sociedad, devienen de lo triste y sangriento de la guerra. Hoy en día se tiene como supremo referente político la llamada democracia y este régimen es hijo de la guerra. Como concreción misma de la idea democrática, se coloca a EEUU con su régimen democrático, y bien se sabe, que sus orígenes devienen de su guerra civil. (Novack George, 2000). Y hasta la cultura más exquisita es deudora de la guerra, pues sin revoluciones, no hay libertad ni democracia, que son los sustratos básicos de las expresiones creativas independientes. Ni habría mucha de la ciencia que hoy conocemos. La guerra se volvió un tabú o libros viejos ya no consultados en las bibliotecas. Nos caló profundo la idea de que ahora las luchas son pacíficas; respetuosas del “orden democrático”. La izquierda y buena parte de los movimientos sociales la primera palabra que invocan es la de la paz. Quienes animan estas luchas piensan que invocando el amor y la paz, pueden conectarse con sectores amplios de la opinión pública, o a lo mejor pensamos, que de esta manera los cuerpos policiales y de inteligencia serán burlados. Puro y simple despiste. Pues a quienes ejercen el poder el asunto sí les sigue interesando y esto al máximo. Las democracias actuales, incluyendo a países dizque bucólicos como Costa Rica, por ejemplo, crecientemente se vuelven democracias armadas.

 


Por lo demás las guerras, sin que se pueda decir que durante las últimas siete décadas se haya llegado a una nueva conflagración mundial, es pan cotidiano. Entre los casos relativamente recientes de guerras se pueden mencionar: la desigual Guerra de las Malvinas, Afganistán, Irak. Mucho más recientemente la guerra de Siria que ha generado millones de migrantes. Igualmente, rebeliones, semi-insurrecciones, luchas guerrilleras, movimientos sociales más o menos armados, multiplicidad de violencias unas progresivas otras confusas, muchas ambiguas en sus objetivos. En la prensa dominante se habla, muchas veces con mucha libertad de los armamentos, de los aviones invisibles, de la cantidad de bombas tiradas a poblaciones civiles, frecuentemente este tipo de terror se narra con placer por parte de los presentadores televisivos, casi como presentando reality shows del terror, a los que los espectadores asisten como se asiste a disfrutar de una película sangrienta de drama, para poner una de tantas: Independence Day (1996, Roland Emmerich). De manera que el acometido de los autores es brillante y pertinente; colocar abiertamente el tema de la guerra en su tristeza y grandeza históricas, así como en su vigencia actual.

 


Carácter militante y de alto nivel del libro


Un gran mérito del libro es su carácter militante. Lejos se está de un estudio puramente académico, por lo tanto, sin consecuencias ni responsabilidades prácticas. Explican los autores, en la sección de agradecimientos, que el libro surgió de dos seminarios internacionales de la corriente a la que ellos pertenecen realizados entre el 2011 y el 2012. El primero centrado en la obra del clásico de la guerra, Carl von Clausewitz y el segundo sobre la concepción de estrategia que prevaleció en el marco de los cuatro primeros congresos de la III Internacional. De esta manera se distancia de los marxismos académicos, o más exactamente de los trotskismos académicos, tipo Isaac Deutscher, quien en su monumental trilogía desdibuja la parte militante del fundador de la IV Internacional. Por cierto, en esta misma línea de la investigación militante debe rescatarse el trabajo de Jean-Jacques Marie, de otra corriente internacional respecto a la que pertenecen los dos autores que venimos comentando, quien en su Trotski, Revolucionario sin Fronteras (2009) plantea que el máximo legado de Trotsky no fue su genialidad puramente teórica sino su aporte práctico, su vida militante, cuyo legado máximo fue la fundación de la Cuarta Internacional.

 


Al mismo tiempo que militante, este libro que vengo reseñando, exhibe un alto rigor formal, tales como una impresionante revisión bibliográfica, una exposición clara y didáctica de los contenidos a pesar de su enorme complejidad. El trabajo, desde un punto de vista teórico se organiza con relación al contrapunto Clausewitz-Trotsky. En torno a estos dos gigantes, uno de la teoría de la revolución burguesa y el otro de la teoría de la revolución socialista, revisa abundante bibliografía proveniente del mundo académico, así como textos provenientes del campo militar dominante, como también del campo militante revolucionario. Desde un punto de vista formal nada tiene que envidiarle a un tratado académico, 605 páginas en total, con una bibliografía de 28 páginas, sin por ello perderse en un teoricismo despegado de las realidades, sino teniendo por norte, las consecuencias para la interpretación histórica que ayude a pensar el presente desde una perspectiva de la estrategia socialista. Desde muchas aristas se puede comentar el libro. Cada quien lo verá a su manera y esta es la mía.

 


El trauma epistemológico de la lucha militar: Comuna de París y Caída del Muro de Berlín


Muy creativos son estos autores tanto en lo teórico como en sus términos y nomenclaturas. Una de las formulaciones que más me llamó la atención es la de “trauma epistemológico” de la guerra1. Con lo que entiendo, quieren caracterizar el trauma, que en la clase trabajadora y sus aliados, provoca el desconocimiento teórico-práctico de la guerra. En el primer caso se refieren al triunfo efímero que fue la Comuna de París de 1871, y por otra parte, en segundo término, lo que acontece pos caída del Muro de Berlín. En el primer acontecimiento, el proletariado victorioso pero iluso no puede sostener el poder, pues le hace falta el aparato militar. El segundo caso, es definitivamente más traumático que el primero, pues con la caída de este muro, simbólicamente, el socialismo se derrumbó sin pena ni gloria. No hubo quien lo defendiera armas en mano.

 


Pasaron muchos años para que el proletariado superara el trauma epistemológico de la Comuna de París. La II Internacional traicionó los ideales revolucionarios en el contexto de la Primera Guerra Mundial pues cada partido socialdemócrata se alineó con su respectiva burguesía imperialista. Lenin y los bolcheviques deben romper con esa internacional traidora. Lenin y sus aliados trazan líneas de acción concatenadas tanto en lo nacional ruso, como sobre todo en la arena internacional. Es el tiempo en que los revolucionarios, todos, caben en “dos coches”¿Quién les puede creer que la revolución socialista sí puede ser posible?

 


Viene el extraordinario capítulo ruso, las revoluciones de febrero y de octubre, con un componente militar absolutamente adherido a la política revolucionaria, es aquí, con la planificada insurrección de octubre, donde el arte militar alcanza su clímax, se supera el trauma, cuando el proletariado toca el cielo del poder. Sin lucha militar, sin los soviets armados, no se hubiera podido superar el trauma epistemológico de la guerra. En el momento de la insurrección prevalece la lucha militar descentralizada que desorganiza al enemigo en múltiples frentes y espacios territoriales urbanos. Una vez tomado el poder, los cuerpos relativamente autónomos se vuelven insuficientes y se hace necesario construir el ejército rojo, tarea monumental que estuvo a cargo, en su dirección estratégica, de León Trotsky, con una composición de unos cinco millones de soldados, partiendo inicialmente casi desde cero. (Pág, 165, libro reseñado).

 


Estos dos traumas a mi parecer tienen carácter diferente. El primer trauma, es el de la adolescencia proletaria. Quizás, al respecto, se puede ensayar la analogía de esta etapa juvenil de la organización proletaria, echando mano a una de las tres grandes etapas que de acuerdo con Giambattista Vico ha atravesado la humanidad, en este caso la etapa heroica, de construcción del Estado. Pero, dándonos amplias libertades interpretativas para el estudio del desarrollo organizativo de la clase obrera, esto es, de su construcción en tanto clase “para sí”, se podría pensar que a partir de la Comuna de París, al manifestarse la impotencia obrera para sostener el poder, de manera heroica e inicial se plantea el tema de la construcción de una organización política consciente de que para tomar el poder es necesario la lucha militar dirigida. Mientras el segundo trauma, es más complejo, y este es la etapa que estamos atravesando hasta el día de hoy, la cual de nuevo echando mano de manera libre a las etapas viquianas, podríamos asemejarla con la etapa de la decadencia proletaria. Debe recordarse que la filosofía de la historia de Vico, difiere de la de Hegel o la de Comte, en que a pesar de su providencialismo teológico, la historia no culmina en una etapa suprema, sino que de la decadencia puede surgir un nueva etapa “divina”, es decir, de recuperación elevada de la humanidad, que de acuerdo a lo que nos interesa acá se trata de obviamente de recuperación de la estrategia socialista. (Cordero Ulate, Allen, (1993: 49-55).

 


Abundantes y sugerentes aportes


Estrategia Socialista, exhibe abundantes y sugerentes aportes para la interpretación histórica de la lucha por la revolución socialista. Uno de estos aportes, que da mucho para pensar, es el de lo que se podría denominar una reinterpretación de la teoría de la revolución permanente, proponiendo a mi juicio, en correspondencia con lo “permanente” de la revolución, una visión muy dinámica del carácter de la revolución, esto es que, a la revolución no se le puede colocar etapas intermedias a priori sino que parará cuando, por así decirlo, le dé la gana.

 

 El tema de dividir la revolución en etapas no es solamente un asunto de la polémica entre estalinistas y trotskistas, sino un conflicto teórico-político que se expresa dentro del propio movimiento trotskista. En el caso, de la polémica con el estalinismo y muchas otras corrientes nacionalistas burguesas o pequeño burguesas (por ejemplo el FSLN, en su etapa juvenil, no en la etapa de degeneración total por la que empezó a transitar desde pocos años después de haber tomado el poder); es su empeño en dividir la revolución en etapas, una primera etapa, que ha sido caracterizada de distintas maneras, de acuerdo con lecturas específicas de las formaciones nacionales, ya sea como revoluciones antifeudales, revoluciones antimperialistas o revoluciones democráticas. En el caso latinoamericano muchas de estas formulaciones fueron reunidas bajo el término, “segunda independencia”, para enfatizar que la tarea fundamental de la revolución era la independencia respecto al nuevo imperialismo; USA. En contra de esto, el trotskismo, heredero de la experiencia rusa, ya que dicha revolución mostró la impotencia burguesa para encabezar cualquier tipo de tarea antifeudal, antimperialista o democrática, planteó más bien la concatenación de tareas “elementales o mínimas”, esto es, democráticas, agrarias y antiimperialistas, con tareas socialistas. Si es la clase obrera y sus aliados, los sujetos que le imprimen el ritmo a la revolución, no los sectores burgueses; entonces la revolución asume un carácter no etapista sino ininterrumpido.

 

Pero además estos autores polemizan muy intensamente, pero al mismo tiempo muy implícitamente con las elaboraciones de Nahuel Moreno y sus seguidores, quienes, estos últimos, para caracterizar las revoluciones que se estaban dando en los años 70 y 80, las denominaban revoluciones “democráticas” , son los casos por ejemplo, de la revolución de los claveles en Portugal de 19743, la transición democrática española acaecida desde la muerte de Franco, el 20 de noviembre de 1975, hasta la celebración de las primeras elecciones “democráticas”, el 15 de junio de 1977; la revolución nicaragüense del 19 de julio de 1979 y hasta la propia revolución iraní, también de 1979. En el texto de Nahuel Moreno, Tesis sobre las Revoluciones del Siglo XX4, tales revoluciones democráticas, se entienden como revoluciones de febrero, obviamente en analogía histórica con la revolución de febrero en Rusia. A estas revoluciones de febrero también se les caracteriza como, “revoluciones inconscientes” de febrero. Concretamente la tesis XXVI, de este texto se plantea que la revolución de febrero es una etapa. Se decía en esa tesis: “Debemos comprender que es inevitable hacerla y no tratar de saltarnos esa etapa, sino sacar todas las conclusiones estratégicas y tácticas necesarias, ser la vanguardia de esta revolución de febrero, ser los campeones de la intervención en ella.” (Moreno Nahuel, 1997; 151) .  

 

Entre muchos textos puede consultarse, “Escuela de Cuadros-Argentina 1984. Teoría de la Revolución, Charlas con los cursistas.

 

Albamonte y Maiello, polemizan vigorosamente con esta concepción etapista, tanto en lo que tiene que ver con la interpretación histórica de la revolución rusa, como en lo que tiene que ver con su “actualización”. Es decir, tanto para entender las revoluciones del siglo XX, como para comprender las revoluciones de lo que llevamos del Siglo XXI. Entre revolución de febrero y de octubre de 1917 en Rusia, de acuerdo con estos autores, hay una profunda solución de continuidad. Lo mismo que hay situaciones de continuidad en las revoluciones de Alemania entre 1919 y 1923. Para lo cual se valen de una revisión de numerosos textos del propio Trotsky, Rosa Luxemburgo y de Pierre Broué. Dada la época de crisis generalizada del capitalismo, para Trotsky, de acuerdo con Albamonte y Maeillo, la derrota de la revolución alemana en 1923 era un asunto táctico. La revolución, Trotsky la concebía como una totalidad mundial. Dada la situación de crisis capitalista de posguerra (primera guerra mundial), la revolución era inminente ya fuera en Alemania o en otro país, como se manifestó con la primera revolución China de 1927. La revolución era permanente independientemente de se situaba en Oriente o en Occidente.  

 

En términos globales, en el caso de “Oriente” (países “periféricos”), resolviendo tareas democráticas y antimperialistas de manera concatenada con la revolución socialista. En el tanto que en “Occidente” (países “centrales”), las tareas democráticas y económicas (ataques contra los trabajadores), podían enlazarse con la revolución socialista. Este planteo de Trotsky, estratégicamente presentaba una diferenciación radical con el pensamiento de Gramsci, que generalizaba la guerra de posición para Occidente, o sea, la guerra de trincheras, o en otras palabras, ganar la hegemonía de las clases subalternas conquistando espacios democráticos en la porosidad democrática dominante en Occidente. En tanto que, se planteaba la guerra de maniobra (el asalto a posiciones de poder) para Oriente, esto era el caso de Rusia. Para Trotsky esto era relativo, ya que de la defensa se podía pasar, dependiendo de los giros de situación, a la ofensiva, fuera que esto ocurriera en Oriente u Occidente. En tanto al mismo tiempo, para Trotsky las fases de defensa político-militar no eran estáticas, sino que la propia defensa podía implicar ataques tácticos, en preparación de las batallas estratégicas por el poder4. Siendo que el principio político básico para la elaboración de la política y por ende de la guerra revolucionaria, lo era, calibrar, el ritmo de la velocidad de la combinación de hechos revolucionarios; el calibrar adecuadamente lo “permanente” o lo ininterrumpido de la revolución.  

 

En estos grandes escenarios, – Rusia, Alemania y China – al estar superado el trauma epistemológico de la guerra, obviamente se imponía la teoría y la práctica de la guerra. La dialéctica entre revolución y guerra se concibe como indisoluble. En cierta forma, la revolución rusa, así como la alemana son hijas de la Primera Guerra Mundial. Las grandes potencias se querían repartir el mundo, pero las tensiones y las miserias y sacrificios que implicaba la guerra para las masas, esto el automatismo terrible de la “guerra absoluta”5, se vuelcan en contra de quienes habían promovido dicha guerra. El asalto al poder, la defensa y el ataque, se vuelven cruciales para las nuevas revoluciones, todo esto mirado en escalas internacionales; que es el sustrato de la teoría de la revolución permanente a partir de la ley del desarrollo desigual y combinado6.  

 

Los apartados dedicados al análisis de la revolución China, en su relación con los escenarios internos y externos de la guerra son extraordinarios. Para estos autores, no es la estrategia político-militar sintetizada en la fórmula maoísta de Guerra Popular Prolongada (GPP) la que explica el triunfo de la revolución popular china en 1949, sino el desastre militar de Japón en el contexto de la segunda guerra mundial. La derrota de Hitler en las estepas rusas producto de los embates del Ejército Rojo, de nuevo insuflado por la necesidad de defender las conquistas de la revolución bolchevique, aunado con los ataques demoledores del ejército estadounidense sobre el ejército japonés, generarán un vacío de poder al interior de China, que les permite a los maoístas tomar el poder a pesar de que éstos no lo querían tomar. Esto sí fue como fruta madura caída del árbol. Una fruta que nunca hubiera madurado si se hubiera continuado aplicando la GPP. 

 

Lo mismo se puede decir del avance del ejército rojo sobre Europa del Este; la dialéctica de la guerra absoluta se le volvió en contra al fascismo. De modo que el socialismo chino y el de Europa del Este fue un resultado completamente inesperado para las potencias involucradas en la Segunda Mundial. En otras palabras, y para decirlo muy coloquialmente, tanto a los fascistas como a los “demócratas” del mundo, el tiro les salió por la culata. El objetivo militar estratégico del mundo imperialista era acabar con la URSS, recuperándola para la explotación capitalista. Pero el resultado fue completamente el opuesto. No sólo se afianzó la Rusia con propiedad colectiva, sino que se incorporó al mundo socialista, nada menos que China y Europa del Este. Este fue la época dorada del socialismo (burocratizado) ya que cerca de una tercera de la humanidad se encontró bajó un régimen de expropiación de la burguesía. En tal marco, se abrió una nueva situación militar denominada como “guerra fría”. Algunos teóricos, como Deutscher pensaban que los éxitos económicos del socialismo, en el marco de la guerra fría, podrían llevar al triunfo del socialismo a escala mundial. Por lo tanto, para ese autor no era necesaria una nueva internacional comunista.  

 

Hay dos seguidores muy importantes de la GPP, Ho Chi Minh en Vietnam y el Che Guevara en Cuba-América Latina. En el caso del primero, se trataría de una aplicación al contexto vietnamita de esta teoría militar. En el caso del Che, se revisa la importancia que tuvo el movimiento obrero y popular en el proceso de la caída de Fulgencio Batista. Pero la gran equivocación del Che, con su guerra de guerrillas, fue su aplicación mecánica a otros países latinoamericanos, en particular Bolivia, en un marco socio-económico donde la agricultura había descendido sustancialmente en su importancia estructural, en particular, la economía campesina. En su lugar los procesos de urbanización, vinculados con la industrialización y la terciarización de la economía, devenían fundamentales. Pero parece que al Che ni siquiera le preocupó estudiar en América Latina los procesos de organización y de lucha campesinas y por ende donde en principio, pero no necesariamente, el campesinado podría tener más potencialidades de apoyar la lucha guerrillera. La teoría del “foco” obnubilaba a Che. El foco le encandiló a sí mismo, encontrando la muerte en Bolivia, justamente por leer muy mal la realidad de la región<sup>7</sup>.   Ni se diga de la locuras trotsko-guerrilleras como las del Ejército Revolucionario del Pueblo(ERP), de Santucho en Argentina. Estos trotskos arrastrados a la moda guerrillera quedan hechos una caricatura de acuerdo con los juicios de estos autores.

 

Siguiendo la máxima clausewitziana de que “…la guerra es continuación de la política por otros medios…” estos autores vincularan la guerra, o en sentido más general, la lucha militar, a la estrategia socialista. Pero esta estrategia, es profundamente dinámica de acuerdo con los postulados de la teoría de la revolución permanente. Puede interpretarse que las revoluciones incluso, las revoluciones que nacieron deformadas burocráticamente, los casos de China, Vietnam, Europa del Este y la propia Cuba, entre otras revoluciones, obedecieron a esta dinámica ininterrumpida de la revolución. Tanto la Primera como la Segunda Guerra Mundiales desencadenaron revoluciones porque pusieron inmensas fuerzas sociales progresivas en movimiento, que ni los imperialismos más sofisticados pudieron detener. La Primera Guerra Mundial dio lugar a un estado obrero revolucionario. La Segunda Guerra Mundial dio paso a revoluciones contenidas por la burocracia. 

 


¿Y ahora qué?


Finalmente se llega a la etapa actual, la que simbólicamente tiene lugar con la caída del Muro de Berlín. Parafraseando el sugerente termino de los autores, el trauma epistemológico de la ignorancia de la guerra, el trauma se reaviva en la etapa pos caída del Muro de Berlín. En síntesis, ahora, a pesar de la inmensa experiencia acumulada el trauma es un trauma redoblado porque ya la clase obrera no es lo que fue y porque la conciencia para sí, se ha desdibujado y se ha fragmentado. Muchos de los movimientos sociales se han hecho pacifistas incluyendo a los movimientos estalinistas que en otrora encabezaron ejércitos. En el orden de lo académico, los autores critican a Michel Foucault, que con su teoría de los micropoderes, termina por diluir la lucha de clases y el ejercicio del poder de las clases dominantes a través de aparatos militares centralizados y super especializados. Todas las relaciones son estructuras de poder, pero no todas estas estructuras tienen el mismo peso.  

 

 No obstante, y dicho de manera lapidaria, es aquí, concretamente en los dos últimos capítulos y en el epílogo de su inmenso trabajo, que, Albamonte y Maeillo me dejan bastante decepcionado. Creo que el análisis de que entre las masas y la revolución, es decir, la concreción de la revolución permanente, el obstáculo actual intermedio que se impone es el de la burocracia sindical y en general el reformismo, es parcialmente cierto. Pero hay muchos otros obstáculos. Incluso mucho más fuertes que estas burocracias. En tiempos de Lenin y de Trotsky, quizás sí fue cierto, que el principal obstáculo para el triunfo de la revolución fue el reformismo, especialmente el expresado en la II Internacional. Pero había en ese contexto una corriente internacional de obreros socialistas. ¿Dónde está hoy en día esa corriente? No solo la clase obrera se ha fragmentado sino que sus fracciones socialistas son muy minoritarias, portadoras al mismo tiempo de identidades “socialistas” muy endebles. En muchos países la conciencia obrera exhibe características realmente lamentables: racismo, xenofobia, retrocesos religiosos e incluso muchos de los trabajadores tienen ideales capitalistas. Es triste pero así es. No es tan fácil decir que botando a la burocracia el camino para la revolución estará allanado.

 

 Al respecto quiero basarme en un autor que quizás para los autores de Estrategia Socialista no les diga mucho, un autor del mundo académico, Juan Pablo Pérez Sáinz, desde mi punto de vista el especialista académico más profundo en América Latina sobre temas de desigualdad social, que a mi juicio, es el tema básico de la crisis capitalista, desde el punto de vista de las consecuencias para los trabajadores. No es el caso meterse aquí, en cómo Juan Pablo explica la desigualdad social en América Latina, así como su persistencia histórica. Lo que me interesa resaltar para el tema central que aquí se viene discutiendo es el de las llamadas “salidas”, que se estructuran desde los sectores desempoderados (voy a utilizar el lenguaje de Juan Pablo) frente a la crisis. Este autor habla de cuatro salidas, que obviamente, pueden ser falsas salidas desde una perspectiva ideal revolucionaria pero que son las reales, éstas son: la violencia delincuencial, las migraciones, las religiosidades y, claro está, las luchas sociales. (Pérez Sáinz, Juan Pablo, 2014) Es evidente que los autores, Albamonte y Maeillo se especializan en esta última salida, la de la resistencia, o más que resistencia, la revolución permanente de la clase trabajadora. El tema es si las clases populares sólo están haciendo revolución permanente. Creo que lamentablemente no. La clase obrera y sus aliados, efectivos o potenciales, evidentemente, no sólo están luchando. Sino que producto de la crisis, en muchos casos en contextos de desesperación social, se introducen profundamente en otro tipo de prácticas sociales con significativas consecuencias políticas; como las antes enunciadas. Si el tema de la revolución permanente se redujera a los obstáculos que levantan las burocracias sindicales y los reformismos para que esa revolución no se desarrolle; la situación no sería tan difícil relativamente. Las trabas para la revolución son más amplias y complejas. Los competidores de la revolución, son peligrosos y primitivos, estamos hablando, por ejemplo, de bandas narco, curas y pastores, coyotes que venden ilusiones de sueños americanos, etc.

 

Estas salidas, que podríamos calificar de falsas, pero reales no invalidan la revolución, incluso en su acepción de revolución permanente, pero la complejizan muchísimo más de como la conciben estos autores. En otras palabras, desglosa y complejiza la actualización del programa de transición que obliga a que quienes luchamos por una vía socialista a la crisis, debamos tener respuestas plausibles, transicionales, frente a problemas como los que antes se listaron: violencias (la violencia contra las mujeres es importantísima en los marcos actuales, las violencias de las bandas narcos y del narcomenudeo); las promesas religiosas de los más variados tipos, etc. 

 

Hay otro problema importante en los capítulos que podríamos llamar conclusivos de Estrategia Socialista para la situación actual en el mundo y en específico para América Latina y es que, cuando se entra al terreno de la política actual, se les olvida el tema de su libro que es “el arte militar”. Su análisis, extraordinario por supuesto, se queda en la historia de las grandes guerras tanto las guerras contrarrevolucionarias como las revolucionarias. Es cierto que después de la caída del Muro de Berlín no ha habido grandes luchas militares revolucionarias, pero sí han habido guerras, tremendas guerras contrarrrevolucionarias, asimismo han habido componentes militares en las luchas de resistencia a las que asistimos actualmente. Por ejemplo, este mismo en el que me vengo basando, Juan Pérez Sáinz en su último libro, La rebelión de los que nadie quiere ver. Respuestas para sobrevivir a las desigualdades extremas en América Latina (2019), analiza cada una de las “salidas” de los sectores desempoderados o excluidos, que enunció en el primer libro aquí citado de este mismo autor. En lo referente a las salidas de la lucha social, analiza tres casos: El Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST) en Brasil; en neozapatismo del EZLN en México y el de los piqueteros en Argentina. En cada uno de estos movimientos, con distintas características podemos observar elementos militares. Sobre todo, obviamente, en el caso del EZLN. 

 

Muchas de otras luchas, rebeliones o explosiones a las que se asiste actualmente evidencian problemas políticos y también “militares” que sin ser grandes guerras revolucionarias plantean diversas tareas, que deberían ser respondidas desde un punto de actualización realista del programa de transición. Ejemplos sobran, Nicaragua desde abril del 2018 hasta la actualidad; Honduras, desde el golpe de estado a Mel Zelaya en el 2009 y hasta la actualidad, Venezuela desde el triunfo chavista hasta el momento presente, etc, etc. Incluso en países como Costa Rica de “democracia fuerte”, los componentes militares elementales en las luchas populares han estado muy presentes: grandes movilizaciones reprimidas por aparatos armados cada vez sofisticados, bloqueos simultáneos de carreteras, resistencias de sectores de las masas echando mano a piedras, palos, formaciones grupales de enfrentamiento, etc. Este tipo de cosas requieren respuestas, desde la perspectiva de la guerra como continuación de la política por otros medios. 

 


Por tanto, en conclusión


No me desdigo de los elogios al trabajo que he venido reseñando, pero al colocar tan gigantesco tema en la mesa, abre la necesidad de problematizar de mejor manera los asuntos que al presentarlos de una manera tan monumental, requieren de tal vez, no de respuestas monumentales, pero sí plausibles que ayuden a que quienes están en la lucha mejoren sus capacidades para los retos de la lucha de clases actual. 

 

*Allen Cordero Ulate es profesor-investigador de la Escuela de Sociología de la Universidad de Costa Rica.

1El término “trauma epistemológico” es tomado de Roberto Jacoby. Los autores citan el trabajo: Jacoby, Roberto, El cielo por asalto, Cátedra de Sociología de la Guerra (UBA), p. 27. Citado en pág. 16)

2 Ver: Moreno Nahuel, (1975): “Tres orientaciones sobre la Revolución Portuguesa”, Documento en mimeo, Buenos Aires.

3Creo que estas tesis fueron las que originalmente sirvieron como texto programático de fusión entre el morenismo y el lambertismo, y que fueron aprobadas en el congreso de fusión entre la Fracción Bolchevique (FB), encabezada por Moreno y el Comité por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional(CORCI) dirigido por Pierre Lambert. Este Congreso fue realizado en París en diciembre de 1980.

4 En palabras de Clausewitz: “La forma defensiva de la guerra no es un simple escudo, sino un escudo esencialmente formado por golpes hábilmente dados.”, Citado por Emilio Albamonte y Matías Maiello, 2017; 236.

5 Se entiende por guerra absoluta cuando la guerra se “autonomiza” hasta cierto punto de determinaciones políticas, algo así como guerra infernal siendo que las guerras por naturaleza son infernales. En tanto que el concepto de “guerra total” se refiere a cuando el pueblo se cohesiona en torno a la guerra. (Albamonte y Maiello, pp, 319-321).

6 Respecto a la llamada Ley del Desarrollo y combinado puede consultarse: Novak, George,1974. En mi caso tengo un ensayo donde se busca explorar los antecedentes hegelianos de esta ley. (Cordero Ulate, Allen, 1991).

7 Recuérdese que en el contexto de la revolución nicaragüense, hubo una tendencia, justamente la GPP, encabezada por Tomás Borge, cuyo sello distintivo fue el proponer la guerra popular prolongada como estrategia revolucionaria. El FSLN, en muy buena parte de su trayectoria aplicó la guerra de guerrillas. Pero fue cuando la revolución se hizo urbana, que realmente alcanzó sus puntos máximos hasta llegar, precisamente, al derribamiento revolucionario de Somoza.

 

Bibliografía

  • Albamonte Emilio y Maiello Matías (2017): Estrategia socialista y arte militar. Ediciones IPS, Buenos Aires Argentina.
  • Cordero Ulate, Allen (1991): “La dialéctica hegeliana y la ley del desarrollo desigual y combinado”, En: Revista de Filosofía, XXIX (70), UCR, San José Costa Rica, pp. 165-172.
  • ——————————-(1993): “Vico y la decadencia”, En: Revista de Filosofía, XXXI (74), UCR, San José Costa Rica, pp. 49.55.
  • Marie Jean-Jacques, (2009): Trotski Revolucionario Sin Fronteras, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.
  • Moreno Nahuel, (1975): “Tres orientaciones sobre la Revolución Portuguesa”, Documento en mimeo, Buenos Aires.
  • ———————- (1997): Tesis sobre las revoluciones del siglo XX. Actualización del Programa de Transición, Colección Construyendo Ideas, Ediciones ¡UníoS!, Jalapa 207, Colonia Roma, México.
  • Novack George, (1974): La ley del desarrollo desigual y combinado, Ediciones Pluma, Buenos Aires, Argentina.
  • —————————–(2000): Cinco siglos de revolución. Dos eras de revoluciones sociales. Colección Construyendo Ideas, Ediciones ¡UníoS!, Jalapa 207, Colonia Roma, México.
  • Pérez Sáinz Juan Pablo (2014): “Mercados y Bárbaros. La persistencia de las desigualdades de excedente en América Latina”, FLACSO, San José, Costa Rica.
  • ———————————- (2019). La rebelión de los que nadie quiere ver. Respuestas para sobrevivir a las desigualdades extremas en América Latina, Siglo XXI Editores, FLACSO-Costa Rica, Argentina.
  • Consultas en la web:
    CRT: “Emilio Albamonte: “Nosotros buscamos construir un partido de ‘tribunos del pueblo.” En: Entiendo que se refiere al Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), Argentina. Ver: https://crtweb.org/teoria-marxista/2016/12/emilio-albamonte-nosotros-buscamos-construir-un-partido-de-tribunos-del-pueblo/.
    Consultado el 17.08.19.
    Izquierda Diario: Ver: https://www.laizquierdadiario.com/Fraccion-Trotskista-Cuarta-Internacional.
    Consultado el 17.08.19.

Crédito de imagen: Felipe Canova vía Flickr.