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Colosio, la doble conspiración. Introducción. – 30-30
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Colosio, la doble conspiración. Introducción.

Cuauhtémoc Ruiz

Colosio, la doble conspiración. Introducción.

Este texto forma parte del libro Colosio: sospechosos y encubridores, de Cuauhtémoc Ruiz, de próxima aparición. Además de esta Introducción, aquí se publicarán 8 fragmentos.

 

Introducción. 1994, levantamiento indígena y crisis sangrienta del PRI

 

 

Cuauhtémoc Ruiz

1994 es tan o más importante que el año 1968 en la historia reciente de México. A 25 años de la fecha, es necesario valorar los hechos insólitos que la caracterizaron: un levantamiento armado y el asesinato de Luis Donaldo Colosio, que sería el siguiente presidente del país. El primer minuto de 1994 comenzó con una sorpresa: la irrupción de una milicia de campesinos que llamó a derrocar al gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Este acontecimiento modificó totalmente la marcha de la Nación y es por sí mismo uno de los hitos en el México del siglo XX. La insurrección chiapaneca estimuló a trabajadores, estudiantes y campesinos de toda la República a movilizarse contra el gobierno. El levantamiento del EZLN cimbró de lleno al partido oficial y al gobierno. Exacerbó las contradicciones en la clase dominante y la dividió. Como resultado, fue asesinado el candidato presidencial tricolor, el sonorense Luis Donaldo Colosio Murieta.

 

Este magnicidio y la conspiración organizada dentro del PRI para eliminarlo son el tema central de este texto. A diferencia de otros trabajos sobre el mismo tema, aquí intentamos recrear la cambiante situación política de esos meses y cómo se manifestó dentro del partido tricolor. Más de una de sus facciones vieron amenazados sus intereses por la evolución de su abanderado presidencial y obtuvieron beneficios de su sacrificio. Estaba en juego el control del país y sus abundantes recursos. El homicidio de Colosio fue la continuación de la pugna dentro del régimen del PRI por otros medios. Nuestra pesquisa policial, por decirlo así, estuvo guiada por el análisis político. Aparecen entonces nuevos sospechosos, sin que los que fueron señalados en años pasados dejen de serlo. Aquí se detallan las pruebas, evidencias y pistas de la confabulación y lo que se sabe sobre cómo fue preparada.

 

Para la sobrevivencia del régimen era insoportable que se desvelara que atrás de su abanderado caído había habido un complot. Revelar la verdad significaba poner al descubierto que los objetivos de los conspiradores habían sido tanto la nueva candidatura de Ernesto Zedillo, como su próximo gobierno. Tanto Carlos Salinas de Gortari como su sucesor, Ernesto Zedillo y Córdoba Montoya están en la lista de presuntos responsables por este asesinato. También Carlos Hank González y su hijo Jorge, así como Manlio Fabio Beltrones y otros. Lo cierto es que Salinas y Zedillo encubrieron a los conspiradores y obstruyeron las investigaciones.

 

En esta nueva conjura contra la verdad y la justicia participaron también los cuatro subprocuradores designados para el caso Colosio, especialmente el último, Luis Raúl González Pérez (LRGP, actual presidente de la CNDH). El grupo de sanguinarios conjuradores fue sustituido con la versión de que Mario Aburto Martínez fue un “asesino solitario”. Tal fue la “verdad histórica” de esa época. Los mexicanos que pasamos por la monstruosa experiencia sufrida por los estudiantes normalistas de Ayotzinapa, sabemos qué quieren decir esas dos palabras. El cuento del asesino solitario exime de toda responsabilidad al PRI del magnicidio y la deposita exclusivamente en una persona.

 

Recayó fundamentalmente en la cuarta subprocuraduría, a cargo de LRGP, el mayor intento oficial por hacer creer a la sociedad la verdad histórica. El guión de un psicópata que mató a Colosio por causas ajenas a los desgarramientos políticos de ese año, exigió que al asesino se le tratara de desligar de sus vínculos estrechos con el PRI. La estrategia del fiscal González Pérez para intentar engañar al pueblo fue construir una montaña de papeles con cientos de comparecencias, peritajes, estudios psicológicos y muchas cosas en su mayoría inútiles que buscan abrumar a los lectores y ocultar entre esa maraña una veintena de pruebas y evidencias de que el homicidio fue una conjura.

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Una de las muchas insuficiencias de la transición a la democracia mexicana es precisamente que el caso Colosio permanezca sin esclarecerse. Porque, si una persona de su importancia pudo ser ejecutada, y los que ayudaron a hacerlo o lo planearon están impunes, ¿qué podrá pasarles mañana a las personas de a pie si los que los pisoteen saben que quedarán en el anonimato y en libertad? Mario Aburto lleva ya 25 años en la cárcel y le faltan 17 para completar su pena. A estas alturas, a la sociedad le sirve de poco que culmine íntegramente su castigo. Sería de más provecho social que el hombre dijera lo que sabe a cambio de una reducción de su sentencia.


Cuauhtémoc Ruiz es dirigente del Partido Obrero Socialista.

 Parte 1. Así fue el crimen