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Colosio: la doble conspiración. 7 Los beneficiarios del crimen. – 30-30
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Colosio: la doble conspiración. 7 Los beneficiarios del crimen.

Cuauhtémoc Ruiz

Colosio: la doble conspiración. 7 Los beneficiarios del crimen.

Este texto forma parte del libro Colosio: sospechosos y encubridores, de próxima aparición.

Parte 7 de 8. Los beneficiarios del crimen.

Cuauhtémoc Ruiz

 

 

No había sido sepultado Luis Donaldo Colosio y ya se había desatado en las alturas del PRI una lucha intensa por quién lo sucedería. En pocos días, del 23 de marzo al día 29 de ese mes, se agudizó la lucha palaciega que culminó con una transferencia del poder de Carlos Salinas a una fuerza adversaria, la que se encolumnó atrás de Ernesto Zedillo Ponce de León. Zedillo no era el candidato sustituto de Carlos Salinas pero el Grupo Atlacomulco, Beltrones y otros lograron imponerlo. El presidente buscó desesperadamente modificar la Constitución para tener otras opciones, pues las que tenía a mano, entre ellas Zedillo, no le satisfacían. La Carta Magna establece que para ser candidato presidencial no se debe ser miembro del gabinete o debe haberse renunciado a éste al menos seis meses antes de la elección.

 

El de 24 marzo, “un periódico vespertino destapaba a Zedillo con enormes titulares.” Sobre los cambios a la Constitución que Salinas intentaba, hubo inmediata oposición. El 28 de marzo apareció un desplegado en el que “un ciento de integrantes del Consejo Político Nacional” del PRI se manifestaron en “desacuerdo con tales reformas.” Este hecho, absolutamente inusual en el tricolor, en el que era impensable una oposición –y organizada- en contra de una iniciativa del presidente, es revelador de un desafío, de una rebelión en contra de Salinas de Gortari, que estaba como picado de la tarántula.



El PAN, además, no se prestó al cambio constitucional.

Salinas no pudo detener a Zedillo. Éste, nueve meses después, desde la silla presidencial, encarcelaba a Raúl Salinas y exiliaba al ex presidente, medidas muy bruscas que no hizo el general Lázaro Cárdenas con Plutarco Elías Calles en 1935.



Es probable que, viéndose perdido, el presidente haya pactado con los (neo) zedillistas no exhibir su derrota, reveladora además de que una de las instituciones más importantes de la dictadura, el dedazo, había sido trastocada. Las condiciones puestas por Salinas –conjeturamos- fueron que el nuevo “destape” se llevara a cabo en la casa presidencial y que él condujera la asamblea de los notables. Se transmitió un video de noviembre de 1993 en el que Colosio sugiere que Zedillo era la mejor opción. Esta ceremonia con ecos de ultratumba se llevó a cabo en un ambiente de “unanimidad”.



Desde la Presidencia se hizo todo lo posible para que el público pensara que la designación del candidato siempre estuvo bajo el control habitual: “fuentes cercanas a la casa presidencial nos explican” que Salinas de Gortari nombró a Zedillo mediante “movimientos de relojería muy precisos.” Pero hay hechos que van en contra de esa conclusión, aun al descontar que Zedillo hundiría a los Salinas meses después. El 30 de marzo, un día después del destape de Zedillo, José Córdoba Montoya fue enviado a Washington, al Banco Interamericano de Desarrollo. Era considerado el vicepresidente de México y había sido el tutor del nuevo mandamás. Pero Zedillo a estas alturas ya tenía otras dependencias. Córdoba es otro de los perdedores de este rebumbio. Ni hablemos de Camacho, cuya corriente sufrió un golpe devastador.



Con alguna rapidez, siendo ya candidato (es decir, teniendo un poder creciente frente al menguante de Salinas), Zedillo fue moviendo sus piezas, que revelaron sus nuevos nexos. Ignacio Pichardo Pigaza, ex gobernador del estado de México, fue a la presidencia del PRI. Humberto Treviño, también distinguido atlacomulquense, ocupó la en ese momento estratégica PGR. El 12 de abril, en desplegado a plana completa 56 ex miembros del gabinete le ofrecieron total apoyo a Zedillo. El promotor fue… Carlos Hank González. El hecho motivó a Miguel Ángel Granados Chapa a escribir la columna “El regreso de los dinosaurios”.



José Luis Trueba Lara también concluyó que con Zedillo regresaron los “dinosaurios”. Lo mismo pensó Guillermo Samperio: afirma que ocurrió un “ascenso súbito, resucitario” del profesor Carlos Hank González y su grupo. Con Zedillo en la cima, estuvieron los siguientes miembros de Atlacomulco en su gabinete: Ignacio Pichardo Pagaza, subsecretario de Energía; Humberto Lira Mora, subsecretario de Gobernación; Pedro Joaquín Coldwell fue el secretario general del PRI; pocos meses después de iniciada su gestión, Emilio Chuayffet manejó la política interior. E instrumentó la matanza de indígenas de Acteal.



El principal beneficiario del asesinato de Colosio fue el grupo Atlacomulco y otros conservadores. Esto no quiere decir que necesariamente este grupo fue el autor intelectual del asesinato de Colosio. Pero sí autoriza a construir esa hipótesis como una de las más fuertes.

 

Imagen: Fotografía Dimitri. Stencil México DF


Cuauhtémoc Ruiz es dirigente del Partido Obrero Socialista.

Anterior: Parte 6. La fractura en el PRI.

Parte 8. El complot contra la verdad.