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¿Una primavera francesa? – 30-30
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¿Una primavera francesa?

Fabrice Thomas

¿Una primavera francesa?

Por Fabrice Thomas

Un día después de la sexta jornada masiva de movilización contra la nueva Ley del Trabajo, el gobierno francés y la MEDEF, la cámara patronal que exigió la ley, siguen sin saber qué hacer.

 

A pesar de la represión violenta ejercida contra los manifestantes, a pesar de la desinformación total de la que han sido partícipes los grandes medios, varios cientos de miles de personas volvieron a las calles el sábado 9 de abril, y miles de ellos, sobre todo los jóvenes, ocuparon las plazas de varias ciudades francesas durante la noche del sábado al domingo.

 

Esto representa un fracaso rotundo de la estrategia del shock desplegada por el gobierno de Hollande-Vals tras los atentados del 13 de noviembre en París. El gobierno se aprovechó de la conmoción emocional para atacar brutalmente, de una manera sin precedentes, las libertades democráticas y los derechos de los trabajadores. En el caso de las primeras, se impuso un “Estado de Urgencia” para limitar las libertades y legalizar la arbitrariedad policíaca por fuera de cualquier control judicial. En el caso de los derechos laborales, el gobierno impulsó la Ley del Trabajo (llamada “El Khomri” por el ministro del trabajo que la firmó, pero de hecho casi redactada por los “expertos” de la cámara patronal del MEDEF).

 

La aceptación de esta ley pondría profundamente en cuestión el código del trabajo tal y como existe en Francia desde hace décadas: posibilitaría jornadas de 12 horas al día, 48 y hasta 60 por semana; generalizaría el trabajo precario; facilitaría todavía más los despidos; limitaría las indemnizaciones patronales en caso de despido abusivo…

 

Fuente: FranceTV Info

Fuente: FranceTV Info

En efecto, desde su preámbulo la ley afirma que “los derechos fundamentales (de los asalariados) pueden ser limitados si esto se justifica (…) por las necesidades del buen funcionamiento de la empresa.” Este principio invierte todo el equilibrio del derecho laboral. Un acuerdo sindical dentro de una empresa puede ser inferior (para los trabajadores) al acuerdo general sectorial, a una convención colectiva o incluso a la ley, en tanto sea firmado por uno o varios sindicatos que representen al 30% de los empleados, o ratificado por un “referéndum” dentro de la empresa. Un referéndum, por supuesto, totalmente sometido a la iniciativa y bajo el control de los patrones. Implica desarmar a los trabajadores de cada empresa frente a sus patrones.

 

 

El ataque es tan frontal y descarado que las confederaciones sindicales se vieron obligadas a responder mucho más de lo que hubieran querido. Al principio de 2016, una vez que se conocían bien los planes del gobierno, planearon un día de “movilización” para… el 31 de marzo, más de tres semanas después del 9, día de la discusión de la ley en la Asamblea Nacional.

 

Pero fue sobre todo la reacción espontánea, surgida de las profundidades de la sociedad francesa, lo que cambió el guión. Decenas de sindicatos, de uniones locales y departamentales, sobre todo en la CGT, empezaron a exigirle a sus direcciones confederales acciones mucho más fuertes: convocar claramente a huelga y a manifestaciones (todavía, recordémoslo, limitadas por el “Estado de Urgencia”) más radicales y prolongadas.

 

En seguida, una petición lanzada en internet por un colectivo de juristas juntó en unos pocos días más de un millón de firmas. Los llamados a hacer del 9 de marzo una jornada nacional de lucha en las empresas y en las escuelas se multiplicaron. El gobierno sintió cómo cambiaba el ambiente político y su primera reacción fue atrasar la fecha del debate parlamentario. Lo anterior no impidió que el 9 de marzo se convirtiera de todas formas en una primera jornada de manifestaciones masivas en las que decenas de miles de estudiantes de bachillerato y universidad se lanzaron a las calles. De dientes para afuera, las direcciones sindicales finalmente llamaron a “apoyar” la jornada de lucha.

 

Desde entonces, cada semana, varias jornadas de huelga y de movilización han sido organizadas, convocadas siempre por esa nebulosa informal de sindicatos locales o de asociaciones combativas de profesionistas; de colectivos, asociaciones diversas y de movimientos de extrema izquierda.

 

 

france2El número de manifestantes ha aumentado y la tonalidad política se ha radicalizado cada día más. El gobierno ha respondido de una manera extremadamente violenta, siempre con la misma táctica: aislar las columnas de los estudiantes de bachillerato o los elementos más “radicales” y golpearlos; aventar gases y lanzar chorros de agua; detener por centenas a los jóvenes que lograban agarrar. Las manifestaciones son sistemáticamente sobrevoladas por helicópteros de la gendarmería (la policía de élite). El sábado en París los policías llevaban metralletas y un gran número de cañones de agua, algo extremadamente raro en Francia.

 

El 31 de marzo el movimiento tomó otra dimensión: más de un millón de manifestantes en las calles, y el inicio del movimiento de ocupación de las grandes plazas públicas “Nuit Debout” (Noche de pie). Este último inició en la Plaza de la República en París y se extendió a buena parte de las principales ciudades en Francia. A la fecha, sigue siendo muy minoritario y no ha recibido ningún tipo de apoyo por parte de las direcciones sindicales. Pero su surgimiento expresa bien el cambio en la atmósfera. Ya no es sólo la ley del trabajo la que es puesta en cuestión en los foros permanentes que se han instalado en las ciudades a pesar de la violenta represión. Es toda la política del gobierno; el Estado de Urgencia y, en germen, el conjunto del funcionamiento de esta sociedad injusta.

 

Hay muchas cosas en juego. Los trabajadores y los jóvenes franceses vienen de una serie de derrotas tras grandes movilizaciones sociales (la última en el 2010). Es prudente pensar que las direcciones sindicales, una vez más, eludirán un enfrentamiento prolongado e intentarán evitar que se generalice el movimiento, especialmente las huelgas. Han programado la siguiente movilización hasta el 28 de abril. Pero el movimiento es profundo: el rechazo de la ley y de la política de Hollande es masivo entre la población. Los jóvenes, a pesar de las vacaciones escolares que se extienden, por región, a lo largo de todo el mes, son capaces de volver a salir a las calles en cualquier momento. La primavera francesa bien podría calentarse. En todo caso, el mes de marzo ha vuelto a encender la flama de la lucha.


Fabrice Thomas milita en el Nuevo Partido Anticapitalista de Francia.

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