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Sobre John Berger – 30-30
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Sobre John Berger

Sobre John Berger

Daniel Bensaïd

Publicamos un breve texto del filósofo y militante trotskista francés Daniel Bensaid sobre el novelista y escritor británico John Berger, quien falleció el día de ayer a los 90 años. Berger era uno de los críticos de arte y novelistas marxistas más reconocidos, y un par de meses antes de su muerte publicó todavía dos colecciones: Landscapes y Portraits. Su muerte es una gran pérdida para el arte y la literatura mundial, pero también para la izquierda. Aquí una pequeña invitación a su lectura.
 
Acaba de ser reeditado G., el libro de John Berger, acompañado de un prólogo recordando las turbulencias provocadas tras su victoria en el prestigioso premio Booker de 1972. La coronación de G. se convirtió, en efecto, en un affaire, casi una batalla. El discurso del recipiendario no hizo sino atizar la controversia.
 
John Berger despotricó contra el “conformismo del mercado y el consenso del justo medio” generados por los premios literarios en detrimento de la libertad de imaginación. “Los premios provocan un clima de rivalidad que me parece detestable. En este caso concreto, la publicación de la lista de finalistas, el suspenso deliberadamente hecho público, la especulación sobre los autores respectivos, como si se tratara de una carrera de caballos, el énfasis puesto permanentemente sobre los ganadores y los perdedores, todo eso me parece falso y fuera de lugar para la literatura.” Y recordaba después las “fuentes económicas” que habían hecho posibles el premio en primer lugar: la explotación colonial del Caribe por Booker Mc Connel durante más de un siglo.
 
Berger se proponía entonces “volver el premio contra sí mismo al compartirlo con el movimiento de las Panteras Negras”, quienes “resisten como negros y como trabajadores”. Porque, “al final como al principio, la claridad cuenta más que el dinero.”
 
Ese gesto político, sin embargo, no tenía fuerza sino en la medida en la que el compromiso político estaba al unido a una “creación de la alta literatura”, como escribió en la época en el New Yorker George Steiner, miembro del jurado que había entregado el premio. Berger es, sin duda, un “refractario escurridizo” en el arte como en la política. Marxista, se opone a la ortodoxia estalinista. Crítico de arte, demuele en sus ensayos y en sus novelas el realismo socialista.  Más allá de los cánones novelescos, G. es un collage, un mosaico en el que se mezclan la narración, los fragmentos poéticos, el documento histórico, los aforismos filosóficos. En suma, la anti-novela en la cual el personaje es un anti-héroe descendiente del Hombre sin atributos o de Zeno.
 
Al escribir sobre Courbet, Cézanne y Picasso, Berger vio en el cubismo, donde cada parte hace palpitar al todo, el ejemplo mismo del materialismo dialéctico en la pintura. Apasionado por los formalistas y los constructivistas rusos, produjo una tentativa de cubismo literario, donde la linealidad cronológica del relato se rompe en la escenificación, donde la psicología de los personajes se disuelve en una forma de distanciación teatral. En el entrecruzamiento de lo erótico y lo político, G. se mantiene en un equilibrio flanqueado por Don Juan y Garibaldi, entre la novela épica donde desfila el tumulto de las guerras y la aventura naciente de la aviación, la reconstrucción intimista de la infancia y la experiencia del lenguaje llevado a sus límites.
 
Si la “novela” conlleva, en esta expansión, varios éxitos -bastante raros en la literatura- en la evocación de los momentos de la muchedumbre, como la insurrección de Milan en 1898, su temática gravita alrededor del tema de la sexualidad. El libro está dedicado a “Anya y sus hermanas del movimiento de liberación femenina”. Como lo sugiere la dedicatoria, G. es una novela sobre el tema del Don Juan en la época de la cosificación mercantil de las relaciones sociales entre los sexos: un Don Juan que ya no viene a someter a las mujeres a su deseo, sino a liberarlas.
 
Al trabajar sobre su proyecto, John Berger había declarado no saber si “al final, el libro sería considerado un ensayo, una novela, un tratado o la descripción de un sueño”, pues el crítico de arte, el novelista y el ensayista son indisociables. La suma de su obra es testigo. Y hay que desear que la reedición de G. incite una nueva generación de lectores a descubrirla.
 
Ella incluye ensayos de crítica de arte, como Arte y Revolución, Éxito y fracaso de Picasso, o el brillante Modos de ver donde se elabora una concepción materialista de la visión; los ensayos sobre el mundo rural que forman la trilogía De sus fatigas; los guiones de las películas de Alain Tanner como Salamandra, El centro del mundo o Jonás; varias obras de teatro. Estos últimos años, Berger publicó Lila y Flag, una novela sobre los años del sida; King, la novela de un vagabundo contada por su perro; y también compilaciones como Siempre bienvenidas, en el cual se encontrará un texto sobre los años Thatcher y la huelga de los mineros británicos. Esperamos que los editores no tarden demasiado en reeditar su otra gran novela, Un pintor de nuestra época, sobre un pintor húngaro durante el estalinismo.
 
En su discurso de recepción del Premio Booker, exponía ya el tema de su siguiente trabajo:
 
“Le dediqué cinco años de mi vida a G. Y ya sé qué voy a hacer durante los siguientes cinco. He comenzado un proyecto sobre los trabajadores inmigrantes en Europa. No sé cuál será la forma final de ese libro. Pero estoy seguro de una cosa: quiero que, entre los once millones de trabajadores inmigrantes en Europa y los cuarenta millones de personas que componen sus familias que se quedaron en su ciudad o en su pueblo, quiero que su voz se escuche en las páginas de ese libro. ¿Qué piensan del mundo? ¿De sí mismos? ¿De la explotación a la que están sujetos?”
 
Para John Berger, la larga marcha contra la xenofobia –bajo todas sus formas, políticas, literarias, culturales- viene de lejos.

 


Publicado originalmente en Rouge, 2002. Traducido por Camilo Ruiz Tassinari.

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