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Un sistema de salud que camina con muletas – 30-30
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Un sistema de salud que camina con muletas

Edwing Solano y Elizabeth Ramírez

Un sistema de salud que camina con muletas

Edwing Solano y Elizabeth Ramírez

El sol brillaba sobre sus uniformes blancos, que resaltaban del resto de los pasajeros del bus. Las enfermeras veían hacia afuera de la ventanilla, donde la gente corría para llegar a su trabajo. Se levantaron al ver que se acercaban a la parada. Andando entre las hileras de los asientos, aceleraron el paso rumbo a la puerta. Esther tropezó con una muleta que se le interpuso repentinamente.

 

¡Es tu culpa!, gritó el hombre de la muleta — ¡Mira lo que hicieron con mi pie! —. Guadalupe se inclinó para auxiliar a su compañera, a la vez que reparaba en la pierna mutilada de aquel tipo. Cogió a Esther de un brazo y bajaron del autobús.

 

¿Conoces a ese hombre? preguntó Guadalupe asustada —No, nunca lo había visto, o… no lo recuerdo —. Esther respondió con aire vago y se abstrajo buscando en su memoria.

 

La anécdota es de Guadalupe. Al concluir, sonrió con cierta amargura y bebió unos sorbos de café.

 

Hoy enfermeras de los servicios públicos de salud en México reciben agresiones por parte de usuarios. No es raro que enfrenten demandas por “mala atención” o “negligencia”. Ellas explican que la deficiente atención hacia el paciente es una consecuencia de las carencias y limitaciones del sistema público de salud.

 

En los hospitales públicos es donde se nota más el desabasto de medicinas y material de curación. “Aunque los usuarios compren su material y medicamento, a veces es insuficiente, porque el dinero no les alcanza para comprar un tratamiento completo”, afirman enfermeras del Hospital General José Vicente Villada (en Cuautitlán, Estado de México).

 

En las clínicas suele ocurrir que cuando no hay recursos para atender una emergencia, es el personal médico quien compra el material o, si no queda de otra, canaliza al enfermo a una clínica privada. Lo que trae altos costos para los pacientes.

 

En Tultepec, estado de México, existe el Grupo Interdisciplinario de Participación Inclusiva, que el 26 de febrero organizó el foro “Diálogo sobre la salud en la Capital de la Pirotecnia”. Al foro asistieron enfermeras, médicos y activistas políticos y sociales que coincidieron que en el sistema público de salud se vive una crisis:

 

“Los gobernadores, directivos y líderes sindicales están desmantelando las instituciones públicas de salud y, con recursos públicos, financian a empresas privadas”.

 

Graciela Flores y Arturo Villalobos (médicos de la Secretaría de Salud de Oaxaca), explican que con la entrada del Seguro Popular se inició el cobro de servicios que anteriormente eran gratuitos. Ahora, las familias afiliadas que tienen un ingreso mayor a tres salarios mínimos deben aportar una cuota anual.

 

“Los servicios del Seguro Popular son limitados. Descartan tratamientos costosos. Las enfermedades como diabetes, insuficiencias renales, cardiopatías y cánceres, no forman parte de su catálogo de atención”.

 

El Seguro Popular carece de infraestructura propia y hace uso de las instalaciones, del personal y de los servicios de la Secretaría de Salud. Esto ha agravado los problemas a nivel nacional.

 

En el mismo foro, miembros de la Coordinadora Nacional en Defensa de la Salud y la Seguridad Social señalaron que estos servicios se están otorgando a empresas privadas, que son propiedad de la misma clase gobernante: “Por un lado, reducen las prácticas de los servicios públicos y, por otro, promueven el uso de servicios de salud privados”.

 

Hasta la fecha, en el IMSS, las áreas de hemodiálisis, farmacia, ambulancias, limpieza, dietología y guardería, se han subrogado a empresarios particulares. “Esto significa el comienzo de la privatización de los servicios de salud y convertir la atención de los enfermos en un negocio”.

 

El clima laboral en los hospitales cada vez se degrada más. Enfermeras y demás personal viven jornadas extenuantes, violencia y hostilidad.

 

En los hospitales el personal está expuesto a enfermedades infecciosas. Las enfermeras ganan un salario menor al de otros trabajadores pese a que tienen mayor carga laboral (En promedio se habla de que hay una enfermera para cada dieciséis camas, lo cual es extenuante). “Hay un desgaste físico y emocional provocado por las condiciones del mismo trabajo”.

 

Muchos trabajadores ahora son contratados por terceras empresas o lo que se llama outsourcing, que quiere decir que no son considerados trabajadores al servicio de Estado, no generan antigüedad, carecen de prestaciones, no pueden sindicalizarse ni hacer huelga y pueden ser despedidos en cualquier momento.

 

Así las cosas.

 

La gente está molesta, resiente la crisis en el sistema y señala al personal médico y de enfermería como los principales responsables. Al igual que en otros estados del país, enfermeras del Estado de México han denunciado estas violaciones al derecho a la salud y a los derechos laborales, pero reciben amenazas de malhumorados jefes y líderes sindicales venales.

 

Crédito de imagen: Presidencia vía Flickr.


Edwing Solano y Elizabeth Ramírez son parte del Grupo Interdisciplinario de Participación Inclusiva, de Tultepec, Estado de México.

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