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Quiere llorar el sargento Nuño – 30-30
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Quiere llorar el sargento Nuño

Cuauhtémoc Ruiz

Quiere llorar el sargento Nuño

Por Cuauhtémoc Ruiz
La tarde del domingo 5 de junio la pasó el secretario de Educación Pública en su casa. Estaba ansioso por conocer los resultados electorales. Los noticieros de televisión, ya pasadas las nueve de la noche, no aclaraban nada, todos se deban por ganadores.

 

Llamó a uno de sus contactos en el PRI, que comenzó por decirle que habían recuperado Sinaloa, Tlaxcala, Oaxaca… Nuño, molesto, le pidió que fuera al grano. El alto dirigente tricolor reconoció que habían perdido cinco estados, los más importantes en disputa. “Tenemos un retroceso grave” -escuchó por teléfono-, “por eso no hay resultados electorales. Queremos ver si podemos retener algo negociando, pero lo veo difícil.”

 

En ese momento Nuño recordó su primer mes al frente de la SEP, unos días felices. Parecía que sometería sin mayores dificultades a la CNTE. Luego de ello, la candidatura presidencial del PRI estaría a su alcance. Y tras ella, el puesto que apetecemos todos los mexicanos. Nuño se soñaba en Los Pinos. Pero ahora derrotar a la Coordinadora parecía difícil, más que antes. Y el fuerte tropiezo electoral del PRI devaluaba la candidatura presidencial de este partido. Nuño quiso llorar.

 

Al día siguiente, sus asesores le recomendaron declarar públicamente que no dialogaría con la CNTE, que aparentara que el 5 de junio no había pasado nada que cambiara sus planes, que se mostrara duro como siempre, inflexible. También le informaron que el movimiento de la Coordinadora crecía, que gana adeptos que se movilizan activamente con ella y que, a pesar de que no ha ampliado significativamente su simpatía entre la opinión pública, tampoco lo hace el gobierno. Agregaron que la política de no dialogar con la CNTE se está agotando porque ya no es vista como firmeza sino como intolerancia y autoritarismo. No es popular en democracia negarse a dialogar, le dijeron. Las malas noticias continuaron: el PRI recuperó Oaxaca, cuna de la sección 22, tal vez la más combativa de la Coordinadora, pero el gobernador electo, Murat, siempre que declara algo incluye que él sí tomara en cuenta y mucho a los maestros, lo que parece ser un discurso distinto al de la SEP. Además, el gobernador saliente, Gallino Cué, derrotado humillantemente el 5 de junio, ha perdido mucha fuerza, es un cadáver maloliente -le dijeron-, y está sumamente debilitado en la batalla en los meses próximos contra los maestros. Las malas noticias continuaron: en el Senado, le informaron, hay legisladores de varios partidos que se preguntan en los corrillos y más allá si la solución está en reformar la ley educativa, tal vez en quitar el despido de profesores que no pasen las evaluaciones, en reafirmar el carácter público de la educación… Nuño entendió que esto significaría su remoción de la SEP. No era un hecho pero comprendió que empezaba a abrirse una fisura en la casta dirigente.
 
Aurelio Nuño se quedó solo en su despacho -una bella pieza de museo, que mantiene el escritorio que usaron cuando encabezaron la SEP genios de la literatura como José Vasconcelos y Agustín Yáñez. Recibió una llamada de uno de los más influyentes empresarios, con quien había tenido roces, pues meses antes dudaba de la firmeza con la que defendería la “reforma educativa”. La secretaria, al pasar la llamada, añadió que el personaje quería felicitarlo por sus declaraciones. La conversación comenzó cordialmente, el secretario inicialmente se animó. Luego el viejo empresario le dijo que ya había hablado con el presidente y con los líderes del PAN y del PRD para que se mantuvieran firmes y que le habían dicho que lo harían, pero que él no confiaba totalmente. Nuño le contestó que él, Peña Nieto y el gobierno se mantendrían firmes a toda costa y que confiaba en las alianzas con otros partidos. Nuño le dijo que el gobierno continuaría la lucha contra la CNTE y que la derrotaría, que estuviera seguro de eso.

 

El potentado no le creyó totalmente. Nuño se sintió regañado. Supo que su interlocutor no creía que tuviera la suficiente estatura para la tarea. Recordó que la CNTE piensa lo mismo que el empresario de él, pues le han puesto el mote de “sargento”, el oficial de más bajo rango. Nuño se sentó en el escritorio, los pies no llegaban al suelo. Sintió ganas de llorar.
 

Crédito de imagen: Cámara de Diputados.


Cuauhtémoc Ruiz es dirigente del Partido Obrero Socialista.

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