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¿Qué sabe Donald Trump del amor? – 30-30
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¿Qué sabe Donald Trump del amor?

Ramón I. Centeno

¿Qué sabe Donald Trump del amor?

Por Ramón I. Centeno

El ascenso de Donald Trump ha exhibido no sólo los nuevos contornos del poder gringo, sino el patético amor que la élite mexicana le consagra. El resto de este texto aclarará la oración previa.

 

Ha pasado casi un año desde que Trump nos llamó violadores y narcotraficantes, pero esa acusación sólo fue el comienzo. Si en un principio la hostilidad de Trump se dirigía a los mexicanos viviendo en Estados Unidos, ahora se ha enfocado en los que vivimos en México. Trump quiere levantar un muro a lo largo de la frontera entre México y E.U., y su idea es que nosotros lo paguemos. En términos diplomáticos, la campaña anti-inmigrante de Trump pasó de ser un asunto interno a tener implicaciones de política exterior.

 

¿Cómo haría el gobierno de E.U. para que México pague el muro? Ante esa pregunta, Trump amenazó con la intervención militar: “México no va a jugar a la guerra con nosotros.” Sólo después surgió su chantaje actual: prohibir el envío de remesas de E.U. a México para forzarnos a pagar por el muro.

 

Ante la ofensiva, la respuesta de México ha sido patética. Primero, respondió con silencio. “No vale la pena tomarlo en serio”, han de haber pensado. Luego, cuando la amenaza militar fue expresada, la respuesta fue simplemente retórica. Aunque Peña Nieto comparó al fenómeno Trump con Hitler y Mussolini, la respuesta se quedó en eso: palabras. Después, cuando surgió la amenaza de bloqueo de remesas, la cancillería mexicana respondió con algo más concreto: reemplazó a sus principales diplomáticos en E.U. como parte de una “estrategia integral” para enfrentar a Trump. Pero es aquí donde viene lo patético: la estrategia del estado mexicano es una mera campaña publicitaria.

 

Del mismo modo en que Peña Nieto cree que la violencia en México es un problema de percepción –esa lógica del tipo “es que los medios sólo transmiten las noticias malas, no las buenas”–, también cree que a Trump se le puede derrotar con poemas de amor sobre la relación México-E.U.

 

La burguesía mexicana está inconsolable. Con el corazón roto, no cree lo que están viendo sus ojos. Luego de haberse entregado en cuerpo y alma a Washington desde 1994 con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, hoy se enfrenta a la verdad: su amor no es correspondido con la misma pasión por la burguesía estadounidense. Saberse socios desechables de los gringos no debe ser fácil para la güera élite criolla, la cual quisiera sentirse una extensión del poder global no. 1 y no su achichincle.

 

Algunos han llorado en público, como el expresidente Vicente Fox, quien hace poco despotricó contra Trump, vía Twitter, en medio de una borrachera por el cumpleaños de su esposa. En México decimos que “los niños y los borrachos dicen la verdad”, y Fox vaya que lo hizo. En línea con su naturaleza cipaya, Fox lamentó el daño que Trump estaba causando a “esa gran nación” –refiriéndose a E.U.– y a “lo que hemos construido con tanto esfuerzo” –refiriéndose a la relación México-E.U. Jamás defendió ni se refirió a los intereses nacionales de México. En su último tuit ebrio, Fox le espetó a Trump: “¿qué sabes tu del amor?” Zas.

 

Por si fuera poco, lo que Fox dijo borracho otros lo han dicho sobrios y con carácter de estado, como la canciller mexicana Claudia Ruiz Massieu. La impotencia de los intereses que representa quedaron claros cuando ella explicó que la estrategia anti-Trump busca “fortalecer las relaciones, la promoción y la imagen de nuestro país.” En otras palabras, la burguesía mexicana está reaccionando como la persona enamorada cuya decepción la lleva del “¿no te das cuenta de que soy lo mejor para ti?” al “¿por qué le haces esto a nuestra relación?” sin pasar por el “¿qué es lo mejor para mí?”

 

Por supuesto, para la burguesía nacional la última pregunta ni siquiera existe porque ya está contenida en las dos primeras. Lo mejor para Fox y su clase social es ser amados por la burguesía gringa: es eso por lo que han luchado durante décadas. Tal vez un día se den cuenta de que ellos no son queridos, sino simplemente tolerados. Por otra parte, aunque es preferible un presidente gringo que quiera construir un muro a lo largo de la frontera a uno que buscara la anexión de territorio mexicano (al estilo del siglo XIX), lo mejor para la clase trabajadora mexicana y chicana es prevenir que el fenómeno Trump se salga de control. Es momento de despertar nuestra tradición anti-imperialista –que puso a nuestra nación en el mapa– y aderezarla de internacionalismo proletario. ¿Se imagina usted una campaña de movilización de mexicanos en ambos lados de la frontera coordinada por el estado mexicano y sus diplomáticos? Es obvio que la burguesía mexicana no. Para ellos es inconcebible (además de indeseable) una alternativa así, lo cual muestra por qué esa clase social es un estorbo para los intereses de México.

 


 

Ramón I. Centeno es co-editor de 30-30.

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