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¿Qué hubiéramos hecho los socialistas? – 30-30
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¿Qué hubiéramos hecho los socialistas?

Partido Obrero Socialista

¿Qué hubiéramos hecho los socialistas?

Partido Obrero Socialista

En un mensaje a la nación el 5 de enero, Peña Nieto no tuvo mejor idea que preguntarle a los mexicanos enfurecidos por el gasolinazo: “¿Y qué hubieran hecho ustedes?” La pregunta es hipócrita. El presidente sabe que existen otros caminos pero, como afectarían a la clase empresarial, prefiere que los perjudicados sean decenas de millones de mexicanos que viven de sus salarios, su trabajo y esfuerzos. Para Peña no hay alternativa. Pero la hay. Claro, es una alternativa que no le gustará a los grandes empresarios, a la clase alta que consume cientos de litros en sus camionetas, a los fondos de inversión a los que México les paga religiosamente miles de millones de pesos. Pero existe.

 

Aquí, tres puntos básicos. Tres ideas generales para solucionar la crisis fiscal del país y evitar que la paguen los trabajadores:

 

1. Aumento de emergencia al salario mínimo.

 

Los mexicanos somos los peores pagados de América Latina, después de Honduras y Haití. Recibimos salarios más bajos que los obreros chinos o vietnamitas. Dentro de la OCDE, México no sólo tiene el salario mínimo más bajo, sino que es el país donde los trabajadores laboran más horas al año. Una inflación de más del 5% golpeará más fuertemente a las familias trabajadoras; y hará de varios artículos de la canasta básica artículos de lujo. No podemos permitir esto. Es necesario aumentar el salario mínimo por lo menos en un 100%, y a partir de ahí imponer una escala móvil de salarios: mes con mes, los salarios deben de aumentar de acuerdo a la inflación.

 

¿Esta es una política pública irresponsable? La caída del salario mínimo mexicano es la más alta en toda América Latina y el Caribe: se ha depreciado un 66% entre 1980 y 2015. Esto significa que una duplicación del salario mínimo apenas pondría el poder adquisitivo de los trabajadores a niveles de finales de la década de los ochentas, y aún seguiría estando por debajo de la Canasta Obrera Recomendable –un indicador elaborado por economistas de la UNAM con base en la definición que la Constitución establece para el salario mínimo. Ninguna familia puede vivir con ochenta y pocos pesos al día. Eso es un salario de hambre. Es indispensable, y un buen comienzo, duplicarlo por lo menos y evitar que la inflación se lo coma. Pero sólo habrá un modo de lograrlo: con sindicatos y representaciones laborales que estén dispuestas a enfrentarse a los patrones. Con luchas, movilizaciones, organización y protestas.

 

2. Por un régimen fiscal progresivo.

 

Es cierto, hay un boquete fiscal. Somos el país de la OCDE que menos impuestos recauda. Esto se debe a que los ultrarricos evaden impuestos. Se calcula que la evasión fiscal de las grandes empresas puede llegar a los 500 000 millones de pesos cada año. De este robo al erario público es corresponsable el gobierno al mantener deliberadamente en la opacidad su facultad para que los empresarios eludan o evadan pagar impuestos. Es un acto de corrupción en gran escala perjudicial para el país y la población. Es una cantidad estratosférica, suficiente para pagar el Seguro Popular durante siete años. El país necesita más que nunca un régimen fiscal en el que los que más tienen más paguen, y los que tengan grandes fortunas durmiendo en el banco paguen todavía más. El día de hoy un maestro con un sueldo de 15 mil pesos al mes paga más del 30% de su salario en impuestos. Una empresa minera paga menos del 3%.

 

La subvención a la gasolina era una política fiscal regresiva, en la que las familias ricas con autos grandes “recibían” subvenciones promedio mil pesos al bimestre. Bajar los impuestos a la gasolina es la solución clasemediera y de libremercado al gasolinazo, y sólo seguirá beneficiando a los más ricos. Pero el aumento del 20% a la gasolina es una afrenta al pueblo , con las consecuencias que eso tendrá sobre el precio del transporte público y los alimentos. La solución es, otra vez, contrarrestar estos efectos mediante el aumento a los salarios, por otra parte, organizar un sistema de pagos diferenciado en el que los ricos con grandes carros paguen más, y las familias trabajadoras que no tienen otro modo de llegar al trabajo, o los campesinos pobres que tienen que transportar su mercancía en pick-ups no paguen tanto.

 

3. Invertir en infraestructura para tener autonomía energética y reducir el uso del auto.

 

Las dos propuestas anteriores pueden ser implementadas inmediatamente. Pero hay una tercera que requiere de un plan de largo aliento, un plan de desarrollo estratégico para recuperar la autonomía energética que México perdió hace muchos años, para así reducir nuestra dependencia del mercado internacional de combustibles. México, gran productor petrolero, importa más de la mitad de la gasolina que consume. Las refinerías del país son insuficientes, y el gobierno no ha hecho nada para construir nuevas o modernizar las actuales. Sólo producir nuestra propia gasolina nos protegerá de los vaivenes del mercado internacional. Pero esto debe ser llevado a cabo y supervisado por los obreros, los técnicos y los consumidores. PEMEX se ha convertido desde hace décadas en una jugosa ubre de la cual se amamantan altos gerentes, directivos y los burócratas sindicales del PRI. Eso se tiene que acabar.

 

En segundo lugar, es necesario crear un plan para reducir el uso del petróleo y llevar a cabo la transición a fuentes de energía distintas. La gasolina es contaminante, y se acabará más pronto de lo que pensamos. La razón por la que la gente usa el auto es porque es imposible llegar desde sus casas a sus empleos. Toda urbe mediana y grande, empezando por la megalópolis, debe tener una red amplia, barata y segura de transporte público. El metro es el transporte más eficiente y ecológico que existe, pero los gobiernos federal y local han privilegiado construir segundos pisos (¿verdad, Andrés Manuel?) y más pasos a desnivel, lo que simplemente estimula a la gente a hacerse de un carro. Sí, hay que desincentivar el uso del auto, pero subir el precio de la gasolina con un transporte público ineficiente es reírse de la gente. Esta estrategia de inversión pública bien puede pagarse con el impuesto a la gasolina… o con el no-pago de la deuda externa.

 

Por último:

 

En respuesta a las protestas contra el gasolinazo, Peña Nieto se reunió con los líderes del Consejo Coordinador Empresarial, la Confederación de Trabajadores de México y la Confederación Nacional Campesina para anunciar un “Acuerdo Para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar”. El plan incluye una lista de propuestas para “proteger la economía familiar”, otra lista “en materia de inversión y empleo”, y otra lista “para preservar la estabilidad económica”. De estas tres listas, sólo la primera tiene que ver con los trabajadores y las otras dos con los empresarios. Las medidas allí vertidas fueron criticadas más tarde por la Confederación Patronal de México por considerarlas “incompletas”, por lo que lanzó otras propuestas. (En realidad, a la Coparmex no le gustó que Peña sugiriera “mantener la estabilidad de precios”: ¡Dios no permita que se bromeé con reducir la tasa de ganancia!)

 

Ninguna de las dos propuestas no menciona ni la posibilidad de aumentar el salario mínimo, ni que los ricos paguen más impuestos, ni tampoco que el país recupere su autonomía energética. Pero las dos propuestas de los poderosos coinciden en que para enfrentar el gasolinazo, México debe aumentar su “competitividad” –esa palabra que siempre se utiliza para dar a entender que la prioridad debe ser el bienestar de los empresarios. Si a ellos les va bien –dice la sabiduría empresarial– a todo el pueblo le irá bien. Pero hace ya varias décadas que los multimillonarios siguen enriqueciéndose y subiendo peldaños en la lista de Forbes, mientras los trabajadores mexicanos siguen hundiéndose en la miseria. ¡Ya basta!

 

Crédito de foto: Presidencia de la República vía Flickr.

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