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Que el derecho a decidir sea Ley – 30-30
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Que el derecho a decidir sea Ley

Eréndira Munguía

Que el derecho a decidir sea Ley

Eréndira Munguía

 

Rosario Castellanos, escritora mexicana feminista, pronunció un discurso transgresor en un evento sobre la mujer en el año 1971. Dijo:

 

“No es equitativo -luego no es legal- que uno sea dueño de su cuerpo y disponga de él como se le dé la gana mientras el otro reserva ese cuerpo, no para sus propios fines, sino para que en él se cumplan procesos ajenos a su voluntad. No es equitativo el trato entre hombre y mujer en México.”

 

Y al final de su disertación, en un ánimo optimista relataba:

 

“…no hay por qué desesperar. Cada día una mujer -o muchas mujeres- … gana una batalla para la adquisición y conservación de su personalidad. Una batalla que para ser ganada, requiere no solo de lucidez de la inteligencia, determinación en el carácter, temple moral, que son palabras mayores, sino también de otros expedientes como la astucia y, sobre todo, la constancia. Una batalla que al ganarse está gestando seres humanos más completos”

 

Al notar la lentitud de este progreso, Rosario se preguntaba por qué, según ella, “La mayor parte de las mujeres están muy tranquilas en sus casas y en sus límites sin organizar bandas para burlar la ley.  Aceptan la ley, la acatan, la respetan…”. Sin embargo, como su discurso lo indica, aun así confiaba en el movimiento de mujeres y veía en esto una tendencia. No se equivocaba. La constante histórica ha sido que las mujeres hemos luchado para ganar espacios, derechos y  experiencia en la pelea por liberarnos de las ataduras machistas. Algunas veces con éxito, otras no.

 

Durante este año se llevó a cabo una contienda maratónica en Argentina. Por un lado, miles y miles, más de un millón de mujeres exigían que se despenalizara el aborto. Por el otro, la Iglesia y el Estado burgués y conservador se imponían al negar a las mujeres condiciones razonables para controlar los procesos en su propio cuerpo. En Argentina el aborto es legal si representa un riesgo para la vida de la madre o si es producto de una violación, de forma similar a lo que ocurre en la mayoría del territorio mexicano (Querétaro, Guerrero y Guanajuato sólo admiten la causal de violación). La propuesta de ley que se discutía y que fue rechazada, permitiría a las mujeres abortar sin tener que justificar su decisión ante los demás, tal y como hoy está contemplado en la Ciudad de México.

 

Se organizó un debate con más de 300 oradores. Especialistas en distintas disciplinas dieron sus puntos a favor, señalando hechos como que la penalización del aborto tiene muy poco impacto en las decisiones de las mujeres, quienes de todas formas se realizan miles de abortos clandestinos al año, y que el que sea ilegal solo precariza las condiciones en las que las mujeres llevan a cabo este procedimiento. Por el contrario, quienes defendían la ley vigente, retrógrada, lo que ofrecieron fueron sus opiniones, usualmente al estilo del chantaje emocional, de ese que alimenta la culpa sólo por querer ejercer la libertad. La propuesta de nueva ley, por cierto, ya había sido aprobada por la Cámara de Diputados, faltaba la de Senadores. Y ahí fue rechazada.

 

La ley continuará siendo la misma que se aprobó en 1921. Pero las mujeres definitivamente ya no somos las mismas. Las argentinas han demostrado públicamente que están dispuestas a “organizar bandas contra la ley”, ganando algo que es indispensable: experiencia militante, conciencia de su opresión y la certeza en su derecho de emancipación. El saberse acompañadas, la imagen surrealista de una marea de pañuelos verdes (insignia de las militantes) difícilmente se borrará de su memoria. Han ganado la solidaridad internacional, pues mujeres de todas latitudes se pronunciaron a favor de su lucha, destacando el comunicado que envió el ejército de mujeres kurdas (literalmente un ejército armado conformado por mujeres) que combate por la liberación y autodeterminación de su nación.

 

Y es que la lucha por la despenalización del aborto va mucho más allá de la exigencia de condiciones salubres para el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos. Es exigir que deje de considerarse a las mujeres como seres inferiores incapaces de tomar decisiones responsables, es avanzar en el camino a considerarnos personas completas y juiciosas.  Además, es entender que las leyes injustas afectan aún más a las mujeres pobres, que las opresiones se unen para vulnerar más a la mujer proletaria, y que es necesaria la legalización, sí, pero también que la interrupción del embarazo sea un procedimiento gratuito y accesible.

 

En los corazones de millones de mujeres alrededor del mundo está ya incrustado: las mujeres tenemos derecho a decidir nuestro destino, libres de prejuicios e imposiciones religiosas, sea legal o no. Una batalla se perdió en apariencia, pero lo que se ganó es invaluable. En Latinoamérica y el Caribe los únicos países donde el aborto es completamente legal son Uruguay y Cuba. Las mujeres tendremos que levantarnos masivamente aún con más bríos para que el aborto deje de ser ilegal, golpear los muros agrietados del patriarcado para que al fin caigan.

 

Las feministas son parte de las mayores movilizaciones que se están gestando actualmente. Es de primer orden que los partidos de izquierda entiendan esto y comience un diálogo serio entre el trotskismo y el feminismo. Y con esto, no nos referimos a infiltrar cuadros trotskistas en las direcciones de los movimientos feministas, desprestigiando a las actuales dirigentes y brillando a gritos con discursos anquilosados. Nos referimos a verdaderamente entender el papel protagónico que estos movimientos tienen en esta etapa histórica y sumarse no sólo en discurso, sino corrigiendo los errores fatales que la mayoría de partidos de izquierda han tenido en el largo periodo en el que negaron las consignas feministas. Nos referimos, principalmente, a hacer un análisis sobre las malas prácticas que han inhibido o imposibilitado el ascenso de las mujeres como dirigentes.

 

Si las argentinas lograron una marea tempestuosa de pañuelos verdes, seguro en cada una de nosot