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En PEMEX de 1980 al 2010: trabajar y militar en tiempos neoliberales – 30-30
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En PEMEX de 1980 al 2010: trabajar y militar en tiempos neoliberales

Ramón Centeno Uvalle

En PEMEX de 1980 al 2010: trabajar y militar en tiempos neoliberales

Ramón Centeno Uvalle 

Para los obreros de la época era un sueño trabajar y jubilarnos algún día en empresas como el IMSS, Ford, General Motors, Chrysler, Industria Eléctrica de México, la industria llantera, Massey Ferguson, Tremex, etc. En ellas podíamos acceder aprobando los exámenes psicométricos o por conocimiento de alguna técnica industrial, el manejo de máquinas como torno, fresadora, taladros verticales, dobladoras, soldadura, etc. y también con un poco de suerte o con palancas; por recomendación de amigos, familiares o algún político, el cual era cosa muy rara entre los obreros, y desde luego también se accedía pagando a los líderes sindicales charros de esas industrias una cantidad nada menor. Otro nivel ya  superior, era trabajar en empresas paraestatales como Altos Hornos de México, Diésel Nacional, mucho menos a Petróleos Mexicanos, Compañía de Luz o Comisión Federal de Electricidad, a las que se accedía necesariamente por recomendación. Ahí no valía gran cosa tus conocimientos o habilidades adquiridas en la industria privada. Era muy sabido que para entrar tanto a buenas empresas de la iniciativa privada como a las paraestatales, si no se tenía palancas o eran muy débiles, había que pagar una muy buena mordida, la cual oscilaba según la empresa; desde algunos $30,000 hasta $200,000 pesos de estos tiempos, lo cual era casi imposible de conseguir para un obrero de bajos ingresos e imposible para uno de salario mínimo.

 

Ese dinero se pagaba de manera la mayoría de las veces muy discreta y por adelantado a los dirigentes sindicales de esas empresas. Los charros recibían ese dinero a través de sus ayudantes, carga portafolios o golpeadores, según fuera el caso. Cada empresa tenía su estilo, esto lo sabían los administradores de las empresas, quienes se hacían de la vista gorda y en ocasiones era tan descarado que no les importaba si se enteraban o no.

 

Yo nunca pensé tener tan buena suerte como para entrar a alguna de las industrias paraestatales. Mi radio de acción durante mi trabajo como obrero general de salario mínimo y a veces un poquito por encima, eran empresas medianas para abajo. Eso no servía para vivir ya no digamos dignamente, era casi imposible subsistir con ese salario. En cambio en las paraestatales, era tan bueno trabajar ahí, que había hasta doctores y abogados laborando como obreros que no les interesaba ejercer su profesión porque consideraban que no podrían tener mejores ingresos en otros lados ni trabajando como profesionistas.

 

A finales de los 70s, estaba laborando en una empresa transnacional llamada Xerox, cuando fui llamado por mi organización política, la Organización Comunista Proletaria (OCP) para realizar trabajo político en Pemex, debido a que no había ninguna organización de la izquierda mexicana que tuviera una influencia importante en Pemex y todos sabíamos que solo haciendo un frente de izquierda en esa empresa podríamos tener algo de influencia debido a que el charrismo ahí estaba sumamente implantado. El charro en turno llamado Joaquín Hernández Galicia, más conocido como la Quina, mantenía un férreo control sobre todos los trabajadores petroleros, por lo que era todo un reto disputarle algo del poder que tenía. Pero no estábamos dispuestos a claudicar antes de intentar democratizar cuando menos un sector del sindicato petrolero. Fue así como a principio de los 80s ingresé con la ayuda de un camarada trotskista y a partir de ahí me convertí en un comunista organizado dentro de Pemex.

 

Había organizaciones de la izquierda socialista cuyo radio de acción a veces no pasaba de las universidades. Incluso muchos de ellos ni se planteaban el trabajo en las fábricas, sin embargo había intentos de algunas organizaciones por penetrar en la industria mexicana y varias organizaciones lo lograron y algunos lograron disputar el poder a los charros. En ese tiempo sabíamos que los trotskistas no tenían mucho conocimiento del entorno obrero y a ellos les interesaba entrar en contacto con esas experiencias, por lo que eso propició las condiciones para que entráramos en contacto con militantes del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) que al parecer dejaron ese partido en muy poco tiempo, y solo se asumían como Trotskistas. En el trabajo sindical coincidíamos casi en todo, nuestras diferencia fundamental era ¿a dónde queríamos  llevar a ese movimiento? Nosotros pensábamos en crear un gran partido comunista a mediano plazo, los trotskistas lo único que se planteaban era democratizar el sindicato.

 

En la OCP desde 1979 volanteábamos en varios centros de trabajo de Pemex, repartíamos también una revista llamada “El Precursor”, que tuvo mucha aceptación e influencia en el sector de Técnicos y Profesionistas de la sección 34 que comprendía las oficinas en instalaciones en el valle de México, incluyendo las oficinas generales, e incluso el Instituto Mexicano del Petróleo.

 

El camarada trotskista que me recomendó para entrar, tenía un cargo de delegado sindical. Él me presentó a su vez al secretario de trabajo de ese sector, y él al secretario de trabajo que era el de mayor peso sindical, quien me dijo: ¿qué carrera estudiaste?, le dije que Ingeniero Industrial, ¡ha! mecánico industrial, no, le dije, industrial, ah químico industrial, y un ingeniero que estaba escuchando le dijo: ingeniero industrial es una nueva carrera que se imparte el Politécnico y la UNAM. Dijo ¡ah! Inclúyelo dentro del grupo de los ingenieros mecánicos. Y así fue como ingresé a Pemex.  El estatus laboral era muy incómodo: trabajé durante tres años como “transitorio” es decir trabajador eventual, lo que significaba no tener seguridad ni el trabajo ni en el ingreso. Los que así trabajaban y aún trabajan en Pemex, son tratados como trabajadores de segunda, ¡eres transitorio!, no tienes derechos sindicales ni administrativos. Como éramos un sector democrático dentro de Pemex, me” hice de planta”, es decir logré un contrato permanente a los tres años de laborar. Esa forma relativamente fácil de entrar propiciaba que se colaran ingenieros de ideología derechista o “veletas” que van hacia donde se dirige el viento y no tienen otra ideología que no sea su interés propio.

 

No pagué un solo centavo para ingresar a esa industria, lo cual revelaba lo democrático de ese sector de trabajadores petroleros. En ese tiempo Pemex tenía cerca de 200 000 empleados; la sección 34 tenía cerca de 10,000 trabajadores manuales llamados tradicionales, sector totalmente controlado por los charros comandados por La Quina, con quien teníamos una relación muy diplomática, pero siempre tensa, algo así como la guerra fría. Éramos un sector casi autónomo, la única experiencia democrática que conozco en Pemex, todo lo demás fueron experiencias de movimientos, grupos o personas que fueron reprimidas antes de dejar alguna huella importante. En cambio el sector de Técnicos y Profesionistas tenía una clara influencia en la alta administración por la participación que teníamos en el diseño, de Proyectos de construcción de obras como plataformas petroleras, baterías de separación, poliductos, gasoductos, refinerías, torres de telecomunicaciones, hospitales, centros deportivos, escuelas y carreteras y otras obras para las comunidades donde se asentaban las instalaciones petroleras.

 

Teníamos un vida sindical realmente democrática. Las asambleas eran semanales y realmente se confrontaban ideas y a veces hasta proyectos políticos, cosa impensable en el STPRM. En todas las secciones de ese sindicato había cuando mucho una asamblea anual que no era tal, era una especie de fiesta con conjuntos musicales, porras, alcohol y grupos de provocadores listos para reprimir cualquier acto que consideraran hostil al líder sindical de su sección. En el momento que ellos consideraban decían “el aumento salarial fue de x%” y en ese momento estallaban ruidosas matracas y porras por todos lados para acallar a los poquitos que se llegaban a manifestar en contra. Corrían ríos de alcohol y también había droga pero consumida de manera un poco más discreta.

 

La relación de La Quina con Pemex y el gobierno era de total complicidad, pero cuando La Quina quería chantajear a la administración de Pemex, nos daba manos libres para hacer mítines, manifestaciones contra la administración de Pemex. Sin embrago cuando llegaban a un acuerdo en las tinieblas, nos “disciplinaba”, “por la buena o por la mala”, es decir nos obligaba a aceptar lo pactado con la empresa aunque fuera en nuestro perjuicio. Éramos permanentemente vigilados por orejas o espías tanto de la administración como de gobernación y del gobierno del D.F. Esa era la forma de coexistir con el charrismo en el STPRM. Quienes permanentemente nos acosaban eran los líderes de la sección 34, pues eran algo así como nuestros jefes inmediatos. Arriba de ellos estaba La Quina.

 

Así coexistimos varios años, hasta que ante la inminente llegada de Carlos Salinas de Gortari en 1988, la administración encontró el momento para deshacerse de nosotros con la bendición de La Quina. Después Salinas encarceló a La Quina en enero del 89, dejándonos inermes frente a la administración quien nos dijo, “o firman su contrato de confianza o se van a la calle”. Resistimos lo que pudimos y finalmente de manera organizada decidimos firmar el contrato de confianza porque ya estábamos derrotados y ya no teníamos fuerza para enfrentar a la administración. Al ver esto muchos profesionistas quedaron muy escépticos de la vida sindical y, ante varios intentos por reorganizarnos, la empresa los reprimió.

 

Sin embargo algunos continuamos organizándonos en la clandestinidad y el 18 de marzo de 2008, se llevó a cabo la asamblea constitutiva de la Unión Nacional de Técnicos y Profesionistas Petroleros (UNTyPP) a la cual aún pertenezco. El 14 de noviembre de 2008, despidieron a toda la dirigencia, sin embargo el 21 de diciembre de ese año, logramos el reconocimiento de la STPS. Esta organización es superior políticamente al sector de Técnicos y Profesionistas de la sección 34 del STPRM. Somos una organización nacional independiente del STPRM, con vida, organización y patrimonio propios y se ha ganado un lugar en el espectro político nacional a pesar de que nuestra membresía formal es de poco más de 1000 afiliados, a diferencia del STPRM, que tiene a unos 150,000 miembros.

 

La vida de un profesionista en Pemex no era tan satisfactoria como muchos pudieran pensar. La administración presionaba y hostigaba a los simpatizantes de movimientos democráticos, y por supuesto no se les promocionaba a mejores puestos, que se reservaban a los simpatizantes de las gentes del poder dentro de la empresa.

 

Los horarios de trabajo antes de 1989, eran generalmente de 8 horas de lunes a viernes, pero tras el encarcelamiento de La Quina, pasaron a ser de más de 10 horas diarias. Los hospitales y consultorios de Pemex estaban atestados de profesionistas con estrés laboral exacerbado; los males cardiacos y las enfermedades crónico degenerativas crecieron exponencialmente, y la estabilidad familiar se volvió casi imposible. Por ejemplo yo me levantaba a los 04:30 de la mañana de lunes a viernes y regresaba a mi casa cuando muy temprano a las 10 de la noche, lo cual me impedía convivir con mi familia y muchas veces trabajaba los sábados y domingos.

 

Por esa razón ni el sueldo que recibíamos podía suplir la falta de una buena calidad de vida que necesitábamos. Nuestros jefes se hacían rodear de un sinnúmero de profesionistas que se volvían sus incondicionales haciendo cosas que no tenían nada que ver son su carrera y que solo servían para quedar bien con el jefe en turno. Era algo sumamente desgastante e indigno, pero no había de otra, era eso o la calle y cuando alguien tiene más de 50 años difícilmente lo contratan en otro lado. Aun así, la mayoría no nos prestábamos a ser incondicionales de esos jefes, aguantábamos esperando que llegara la jubilación para escapar de ese ambiente envenenado.

 

Ahora estoy jubilado por la fuerza, yo pretendía seguir colaborando con el sindicato de profesionistas que hicimos, pero la administración conociendo mi militancia sindical, me dijo: o aceptas tu jubilación o te mandamos a Rosarito Baja California con un sueldo un 20% menor al que ostentaba, y así terminó mi carrera profesional en Pemex.

 

Crédito de imagen:  Roy Luck vía Flickr.


Ramón Centeno Uvalle es ingeniero industrial jubilado de Pemex.