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Los normalistas vs la Reforma Educativa – 30-30
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Los normalistas vs la Reforma Educativa

Juan Magariño

Los normalistas vs la Reforma Educativa

Por Juan Magariño

En el estado de Oaxaca, los egresados y estudiantes de las normales nos encontramos en una situación de incertidumbre ante nuestro futuro laboral. El grupo más reciente de egresados terminó sus estudios en la normal hace siete meses… siete meses que llevan sin empleo. De ellos, los que presentaron el examen en el marco de la reforma educativa, sólo han recibido un empleo temporal por 6 meses. A pesar de este escenario adverso, aún hay referentes de lucha que nos inspiran para salir a las calles a pelear: por ejemplo, los normalistas de Michoacán han logrado la entrega de plazas para sus egresados, lo cual significa un golpe a los planes de esta SEP neoliberal.

 

Ha quedado comprobado que el examen de oposición para el ingreso es una farsa, y que su objetivo, contrario a lo que maneja la prensa oficial, es servir de instrumento para dejar en la calle a cientos de jóvenes que año con año egresan de una normal. Y es que se espera que los estudiantes paguemos los platos rotos de un capitalismo que implementa recortes en el presupuesto para poder sobrellevar la crisis que el mismo sistema genera.

 

Sin embargo, el avance que ha tenido la reforma educativa y que contempla golpear a las normales, no han sido totalmente exitoso. La reforma está perdiendo terreno por la parte estudiantil. En el panorama nacional ha habido luchas –que vale la pena comparar a fin de extraer lecciones– en los cuatro estados que son considerados bastiones de la lucha normalista y del magisterio disidente: Chiapas, Guerrero, Michoacán y Oaxaca. El éxito ha sido desigual.

 

En primer lugar se encuentran los normalistas de Michoacán, quienes pararon labores por dos meses en la segunda mitad del año pasado, con lo cual lograron poner en jaque al gobierno perredista de Silvano Aureoles (el mismo que a principios de su mandato prometió a los empresarios que no permitiría más protestas en ese estado). Al sentirse arrinconado, Silvano recurrió a las típicas estrategias de gobierno y ordenó una brutal represión en la caseta de Zirahuén, dando como resultado el encarcelamiento de 52 jóvenes, mujeres y hombres, además de varios lesionados.

 

Contrario a lo esperado por parte del estado, la Organización de Escuelas Normales Oficiales del Estado de Michoacán retomó fuerzas en compañía del magisterio (la disidente sección 18 del SNTE) y comuneros. En corto, horas después del ataque policial en la caseta de Zirahuén, se levantarían múltiples protestas en los distintos municipios. El gobierno estatal tuvo que retroceder.

 

El caso de Michoacán es un claro ejemplo de lucha con una victoria total, pues además de haber liberado a todos sus presos –algo que, por cierto, no es cualquier cosa en estos tiempos–, también lograron la demanda principal. ¿Cuál fue ese logro? Un medio local lo resumió muy bien: “La Secretaría de Educación en el estado encontró un mecanismo para la entrega de 1076 plazas automáticas a los estudiantes egresados de las normales estatales y será mediante la ocupación de interinatos para posteriormente obtener la plaza definitiva.

 

En Guerrero las condiciones son completamente distintas. En ese estado los normalistas han denunciado que el Subsecretario de Gobernación, Luis E. Miranda Nava, no ha cumplido con un acuerdo (similar al de Michoacán) que había pactado con el Frente Unido de Normales Públicas del Estado de Guerrero meses atrás. Y por si fuera poco, a más de medio año de haber APROBADO el examen de oposición, mil 226 normalistas siguen desempleados. (Qué poca…)

 

A raíz del caso de los 43 de Ayotzinapa, el gobierno había prometido cumplir con todas las demandas del normalismo, pero esto sólo fue una táctica para apaciguar la rebelión en Guerrero. Ahora que la fuerza de la movilización ha declinado, el gobierno ahora desconoce lo negociado, un pacto en el cual accedían a darle plaza a todos los egresados que aprobaran el examen.

 

Por otra parte, la fuerza de las secciones 7 y 40 de Chiapas ha venido creciendo de forma explosiva, lo cual ha inyectado también de fuerza a las normales del estado. Desde las protestas magisteriales del 2013, miles de estudiantes salieron a manifestarse en contra del examen de oposición y lograron conformar una coordinadora a nivel estatal. En comparación con otros estados, la Coordinadora de Estudiantes Normalistas de Chiapas (CENECH) está en óptimas condiciones para salir a pelear contra la reforma educativa, pues sus integrantes se encuentran muy entusiasmados y es por ello que hasta la fecha han llevado a cabo varias movilizaciones de todo tipo. Por ejemplo, el año pasado más de 2500 normalistas de la CENECH tomaron el Palacio de Gobierno de la capital de este estado para exigir plazas automáticas para sus egresados; asimismo, en fechas más cercanas han denunciado la implementación de una reforma curricular que atenta contra el normalismo.

 

En el caso de la Coordinadora Estudiantil Normalista del Estado de Oaxaca (CENEO), su debilitamiento ha sido paralelo al del magisterio estatal (la más que famosa sección 22), quien a partir de la ofensiva del gobierno federal en 2015, no ha sido capaz de lograr llevar a cabo una movilización certera que logre al menos llamar la atención de los gobiernos locales. Para precisar, las dificultades organizativa de la CENEO se debe a distintas razones, pero la principal es, a mi juicio, la relación paternalista que tuvo el gremio magisterial con los estudiantes. Durante movilizaciones pasadas, siempre hubo injerencia de la sección 22 en las movilizaciones y negociaciones de la CENEO, al grado de que todavía hace unos meses la demanda de entrega de plazas se dirigía (por decirlo de algún modo) a la propia sección 22, pues ella tenía el control de los contratos cuando dirigía el IEEPO. Por lo tanto, a diferencia de otros estados, la lucha de los normalistas oaxaqueños no ha sido frontal contra el aparato estatal hasta el momento.

 

Sin embargo, es necesario que los normalistas señalemos que no todo se ha perdido, que podemos salir nuevamente a pelear. Es cuestión de convencernos de la idea de que es posible (y necesario) reivindicar nuestras demandas y de que ellas son justas. No permitamos que nos arrebaten nuestro legítimo derecho a un trabajo digno. Es una completa falacia que no es posible otorgar las plazas automáticas. Michoacán lo ha demostrado: la única alternativa es salir a pelear. Al neoliberalismo no se le convence, se le derrota. Obedecer lo que dicta la reforma educativa es un error garrafal y resultaría lo mismo que lo sucedido con Guerrero. Necesitamos revisar nuestras estrategias de lucha y aprender de la experiencia de otros estados.

 

En el fondo, la nuestra es una lucha por rescatar a las escuelas del olvido gubernamental. Es revelador, y preocupante, que la reforma educativa no contemple la mejora de las organizaciones formadoras de maestros (las normales, pues), sino su desaparición. La SEP no quiere que los actuales estudiantes de las normales vayan a las aulas porque saben que nuestro compromiso social es absoluto. Y a él no vamos a renunciar.

 



Juan Magariño es estudiante del Centro Regional de Educación Normal de Oaxaca (CRENO) y militante del Partido Obrero Socialista.

 

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