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Las mujeres fundaron el cristianismo – 30-30
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Las mujeres fundaron el cristianismo

Javier Gálves Cortés

Las mujeres fundaron el cristianismo

Por Javier Gálves Cortés


Publicamos la primera de dos partes del ensayo Las mujeres y el cristianismo, que afirma que las mujeres eran mayoría y tenían el mismo estatus que los hombres en las primeras comunidades cristianas.  La siguiente semana Carabina 30-30 publicará la segunda parte, que trata sobre la transformación de la iglesia de Jesús en una institución machista, patriarcal y violenta. 30-30.


 

Las mujeres y el cristianismo. Parte I: La fundación

 

Pedro le dijo al Señor:

¿Por qué amas más a esa mujer (María la Magdalena),

que a nosotros? El Señor le contestó:

¿Por qué no la habría de amar?

Si es mujer, yo le daré la dignidad de hombre.

Evangelio apócrifo de Tomás.

 
El mesianismo en su contexto histórico-social.

 

El cristianismo, como religión, fue fundado, en su mayoría, por un grupo de mujeres que seguían al profeta Jesús de Nazaret, al cual se le reconocía como mesías.

 

Mesías es un título tanto religioso como político que se asignaba a ciertos personajes del judaísmo; significa fundamentalmente Salvador. El mesías sería un personaje enviado por Dios para salvar al pueblo judío de sus miserias y males. El concepto se originó con las prédicas y libros del profeta Isaías, nacido hacia el 765 antes de Cristo. El profeta dijo que Dios le había revelado la próxima llegada de un salvador para su pueblo. Isaías ejerció su ministerio en un periodo donde los dos reinos judíos, -Israel y Judá-, estaban fuertemente acosados por los asirios. Al final cuando cayó el reino de Judá sus habitantes fueron deportados y convertidos en esclavos.

 

Para el siglo I Israel había sido conquistado por Roma. Las familias judías fueron obligadas a pagar el 50 por ciento de sus percepciones al imperio. Herodes I, -rey impuesto por Marco Antonio-, que gobernó Israel desde el 40 a. de C., sofocó a sangre y fuego las revueltas populares. Intentó enriquecerse junto con los conquistadores. Su hijo, Herodes Arquelao, aprovechando la pacificación de su padre, emprendió una política de confiscación indiscriminada de tierras a campesinos, a los cuales arrojó, literalmente, a la mendicidad, para obligarles a convertirse en peones o esclavos. Otras tierras las vendió a sus amigos, sacerdotes y escribientes del templo, o a gente enriquecida por su connivencia con Roma. Arquelao también empezó a comprar aceite, telas y productos de otras naciones, y las vendía en Judea, quitándoles el trabajo a los pocos campesinos y artesanos libres que aún quedaban. Herodes Antipas, -hermano de Arquelao-, gobernó Galilea y Perea, poniéndose al servicio de Roma en contra de la población judía cada vez más empobrecida. Herodes Antipas fue el que participó en el juicio y la muerte de Jesús de Nazaret.

 

Aparte, las familias tenían que dar el 10 por ciento de su producción a la casta sacerdotal, aliada a los romanos y a los reyes impuestos por el César. Por lo tanto, las familias subsistían sólo con el 40 por ciento de lo que percibían. El 90 por ciento de la población era rural; gente empobrecida en extremo, explotada sin ningún tipo de miramiento por el 10 por ciento que vivía en las ciudades, los cuales habían adoptado totalmente el modo de vida, creencias y dioses patriarcales y esclavistas de Roma. Se prestaba dinero con grandes tasas de interés para que los deudores, una vez desesperados, se vendieran como esclavos de por vida.

 

Es así que la región de Palestina, -y en general de todos los pueblos del Mediterráneo-, era gobernada por castas sacerdotales y regias que obedecían a Roma. En Israel estas castas estaban perfectamente delimitadas, porque heredaban su poder y riqueza a sus hijos legítimos. Las posibilidades de ascender estaban reducidas al mínimo. Un hombre común nunca podía ser sacerdote, rey o militar de alto rango, porque había nacido en una casta empobrecida o sin prestigio. Cabía la posibilidad de que alguien se convirtiera en profeta, y entonces se le vería con la misma dignidad de un sacerdote. El profeta de entonces no debe entenderse como un adivino o alguien que predice el futuro, sino como el que denuncia las injusticias hechas al pueblo. Estos personajes eran líderes político-religiosos. Isaías, Jeremías, Juan el Bautista y Jesús de Nazaret fueron este tipo de profetas; sólo que los dos últimos fueron también vistos como mesías.

 

Las mujeres y el profetismo.

 

En el siglo I surgieron muchos profetas y mesías. El mismo Herodes Antipas era comprendido por sus seguidores como el personaje que salvaría al pueblo. También el Sumo sacerdote se atribuía la dignidad mesiánica. Juan el Bautista predicaba el arrepentimiento bautizando a sus seguidores, preparándoles para el fin del mundo, que él creía sería inminente. Hubo un mesías y profeta de nombre Teudas, el cual juntó 400 seguidores y les llevó al desierto porque, -según predicaba-, ahí serían salvados por Dios de sus males, empobrecimiento, deudas e impuestos. Los romanos les rodearon, atacaron y degollaron. Fueron mayoría los niños y las mujeres. Éstos últimos, los infantes y las féminas, eran los que más sufrían en tal sistema castizo, machista y patriarcal. Fue contra este sistema que surgió el cristianismo, como una religión para cambiar radicalmente la realidad política, económica y social.

 

La mayoría de las mujeres recibían una doble discriminación en estas famili