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La dolorosa levedad de la vida, de la política y de la literatura – 30-30
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La dolorosa levedad de la vida, de la política y de la literatura

Allen Cordero Ulate

La dolorosa levedad de la vida, de la política y de la literatura

Allen Cordero Ulate*

Más que una reseña, este es un comentario de una de las más famosas novelas de Milan Kundera,  La Insoportable Levedad del Ser, publicada en 1984 en su primera edición en checo. Estamos hablando de una novela ya viejita, de más de treinta años.  ¿A qué viene entonces comentarla ahora? Creo que plantea asuntos muy profundos sobre el amor, las relaciones de pareja, la infidelidad versus la fidelidad, las relaciones entre animales y humanos, pero  sobre todo, de la vivencia de estos asuntos y otros en el contexto de la crisis del socialismo.
 
Levedades del amor
 
Hay en esta novela  muchas historias de amor o más exactamente de amor-destrucción, de amor oblicuo si se quiere, dados los desencuentros; el que ama con pureza no es correspondido en la misma proporción, sino que el amor ordinariamente le cae encima sin merecerlo.   El amor se enmaraña en  razón de  la degradación de la vida personal en contextos críticos, en algunos casos debido a la acción o la indolencia de hombres  ultra machistas; subjetividades, especialmente de las mujeres, con historias de carencias y agresiones que las llevan inexorablemente a repetir itinerarios biográficos de hundimiento moral y de descuido físico, como ejemplo de esto, el personaje de la mamá de Teresa, quien a su vez es una de las protagonistas centrales de la narración.
 
Teresa junto con Tomás, su novio-esposo, dan cuerpo a la historia de un amor sufrido, columna  vertebral de la novela. A este Tomás le gustan las relaciones leves, livianas  o en levedad de acuerdo con la famosa palabra de la novela.  Antes de conocer a Teresa, prácticamente está con una mujer distinta cada día. Contrariamente, el amor de Teresa por él, es comprometido, profundamente entregado, dependiente y muy destructivo para ella, porque sabe de la persistencia de las infidelidades de Tomás, aún estando con ella.  El olor del sexo de las distintas amantes de Tomás se le queda impregnado a él en el cabello.  Tomás, pese a que se ducha,  olvida lavarse el cabello después de consumadas sus aventuras.             
 
Tomás, médico y más o  menos  intelectual, viene de una situación de decadencia  político-cultural ante la cual no encuentra salidas. No porque no las haya sino porque no es capaz de pensar políticamente, hasta cierto punto al menos.  El socialismo burocrático imperante en Checoeslovaquia, (actuales República Checa y Eslovaquia), es realmente insoportable.  No hay libertad de nada.  En el campo artístico se ha erigido en doctrina oficial la del realismo socialista, que básicamente consiste  en cantar loas a los dirigentes del régimen y en no criticar nada, por ejemplo,  decir que el socialismo es bello, que los pajaritos del campo con sus cantos vienen a mostrar las bellezas de la sociedad.  Para Tomás esto no es más que kitsch socialista, cosa de mal gusto, que inhibe las búsquedas estéticas independientes y críticas, que por ello, en ciertas ocasiones se puedan convertir en las más bellas.  Esto, sin que se quiera decir, que la criticidad expresiva, automáticamente se convierta en arte. Y en la vida personal, Tomás es libertino, si por eso se entiende el sexo a toda costa, sin implicar compromiso por más que se tenga pareja. No sería libertino, obviamente, si el convenio de la libertad sexual rigiera para ambos participantes  o cuantos sean. Pero en el caso de Tomás y Teresa prevalecía una especie de acuerdo tácito, donde la libertad sexual era válida para Tomás, mientras que para Teresa regía la fidelidad. Cosa no difícil para ella pues amaba a Tomás bajo un principio de posesión exclusiva dependiente y sufriente.  Padecía de  pesadillas horribles que en algo  las apaciguaba si dormía muy agarrada de la mano de su para ella esposo Tomás, quien  por su parte  se justificaba planteando una especie de separación entre sexo y amor.  El sexo podía realizarse con cuantas mujeres fuera y según las oportunidades y la energía física;  su sentido obviamente  era el placer.  No se sabe muy bien qué era el amor  para él.  En primer lugar era, el sexo que con ella también tenía; sus gritos de placer en sus momentos máximos. Pero además, y he aquí ese tema raro del amor,  quizás un compromiso con Teresa y a veces hasta una lástima.  La temblorosa mano de Teresa agarrada a él en las noches para poder dormir algo le movía. ¿Qué? Quizás la culpa por sus infidelidades sin límite, tal vez, la evidencia corporal del amor incondicional, ese sí, que Teresa le prodigaba.  O quizás más bien el comunicador del amor entre ambos era Karenin* el perro regalado por Tomás a Teresa para que se acompañara en sus soledades y pensara menos en los pasos de él. Sin saberlo Tomás con este regalo afianzó su supuesto amor por ella, pues terminó también enamorándose del perro. Y como Teresa también estaba radicalmente enamorada de Karenin, se constituyó una especie de tr