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La campaña de Marichuy: un primer balance – 30-30
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La campaña de Marichuy: un primer balance

Socialistas

La campaña de Marichuy: un primer balance

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Fue un gran acierto del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) presentar una opción propia a la presidencia. Marichuy Patricio pudo haber sido la única opción verdaderamente independiente de los poderosos grupos empresariales y de sus agentes políticos, el PAN, PRI, Morena y satélites.

 

Marichuy, rodeada de cientos o miles de activistas, llevó a cabo la difícil y fatigante encomienda de luchar por conquistar tal candidatura. Se recabaron más de un cuarto de millón de firmas. Esta cantidad quedó lejos del objetivo. Como radiografía de la fuerza y organización del EZLN en el país, devela una sentida debilidad. El pueblo de México, en las elecciones presidenciales del 1 de julio, volverá a carecer de una alternativa que represente sus necesidades. En este sentido, hemos sufrido un fuerte revés.

 

Esta es una primera evaluación para abrir un diálogo constructivo con los miles que nos involucramos en esta empresa.

 

1. Existió un espacio político para que se consiguieran las firmas

 

La iniciativa de una candidata indígena gozó de la simpatía de una parte del pueblo. El diario El Universal publicó hace meses una encuesta, en la que el 8 por ciento estaba dispuesto a apoyar con su firma a Marichuy. Ese porcentaje representaba a más de 6 millones. Los que escribimos estas líneas solicitamos en las calles firmas para la vocera indígena. Una mayoría nos ignoraba o rechazaba pero había un sector, pequeño pero significativo, que accedía a firmar. Eran parte de ese 6 a 10 por ciento que la encuesta detectó. Pudo haber crecido el apoyo a Marichuy pero en lugar de ello se fue reduciendo.

 

2. La unión campesina, obrera y popular… que no fue

 

La campaña de Marichuy tuvo un sello demasiado indigenista, al grado de ser excluyente de otras clases y sectores. Su lema reflejó lo anterior: ha llegado la hora del florecimiento de los pueblos originarios. ¿Qué quiere decir eso, en términos políticos? El 10% de los mexicanos son indígenas. Nadie duda que esta parte de la población sea la más oprimida y la más pobre, la que más urge visibilizar en el escenario político nacional. Pero entre el 90% mestizo hay obreros explotados, campesinos oprimidos, jóvenes sin futuro, amas de casa alienadas… gente que difícilmente se ve representada en la consigna del florecimientos de los pueblos originarios. Para Marichuy esa gente no existía. El EZLN se encerró a piedra y lodo en su capullo identitario. Si 100 millones de mexicanos no cabían en él, qué mal por ellos.

 

3. No se propuso un programa

 

La manera de acercarse a otras clases y sectores sociales era acogiendo sus principales demandas y problemas. Había que decir que los asalariados necesitan un sueldo mínimo diario de 300 pesos; que deben crearse millones de empleos estables con prestaciones; que los jóvenes en la educación media y superior deben recibir, como en otros países, un salario para poder estudiar, etcétera. Nunca se dijo nada de esto.

 

Esta campaña ignoró los graves problemas de la enorme mayoría de mexicanos. Esas decenas de millones que Marichuy no integró en sus discursos, respondieron con indiferencia o desinterés ante lo que ella decía. No se podía esperar otra cosa.

 

4. No le disputó a AMLO el discurso opositor

 

La carencia de un programa claro, que buscara incluir a los oprimidos de la ciudad, le dejó el campo libre a AMLO, quien sólo en los momentos iniciales se sintió amenazado en su papel de (falso) representante del discurso de izquierda. López Obrador pudo cómodamente girar a la derecha y revelar sus intenciones de no afectar a los políticos asesinos corruptos, a los empresarios, a los narcos, porque sabía que jamás Marichuy iba a denunciar sus alianzas con el PES, con ex priístas “arrepentidos”, con la facción asesina y corrupta magisterial de Elba Ester Gordillo; con la empresa Monsanto; y un largo etcétera. En ningún momento Marichuy enfrentó o criticó al que parece será el siguiente presidente.

 

5. Sin derecho de opinar y de decidir

 

El CIG tenía el derecho de dirigir esta campaña. Pero pudo haberlo hecho democráticamente. Era necesario que se hubiese convocado, con suficiente anticipación, a todos los simpatizantes de Marichuy para que discutieran el programa político y otras características de esta campaña. En realidad, esto fue lo que sucedió en La Otra Campaña de 2006, en la que las organizaciones adherentes en cada ciudad se reunían cotidianamente a discutir y votar acciones y propuestas. Es un misterio por qué el EZLN no hizo lo mismo esta vez. El principio fue otro: “A los que se quieran sumar: adelante. Manden sus firmas. Les agradecemos de antemano.” Este es un punto esencial, pues la ausencia de cualquier iniciativa de organización democrática expresa bien el hecho de que, contra el discurso oficial del EZLN, en realidad ellos no veían esta campaña como una coyuntura para organizar la resistencia, sino simplemente como una campaña electoral dirigida verticalmente. El ofrecer espacios de discusión y toma de decisiones hubiera atraído a miles de activistas más y a no pocas organizaciones feministas, sindicales, ecologistas, etc., (tal y como lo hizo en el 2006) que a cambio de su militancia no pedían sino algo completamente justo: voz y voto en las acciones locales. Pero parece que el florecimiento de los pueblos originarios no pasa por ahí. En ese sentido, la campaña fue profundamente autoritaria.

 

6. Faltó ligars