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Hillary Trump – 30-30
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Hillary Trump

Camilo Ruiz

Hillary Trump

Por Camilo Ruiz
El 11% de los americanos confía en Hillary Clinton. El 14% cree en Pie Grande. Para poner las cosas en contexto: más gente piensa que hay un enorme mamífero desconocido en los bosques de California que los que creen que la ex secretaria de Estado es una persona honesta.


 
Es probable que Trump sea derrotado en la elección de noviembre. La batalla está lejos de haber terminado, y durante agosto y septiembre el republicano se acercó mucho en las encuestas a Clinton. Donald Trump perdió el primer debate presidencial; luego vino el tremendo escándalo del video en el que Trump alardeaba de acosar sexualmente a las mujeres –falta mucho, pero parece casi imposible que se recupere de ese golpe.
 
Lo que los asesores de la candidata demócrata no se pueden explicar es precisamente eso: ¿cómo es posible que Hillary haya tenido una ventaja tan corta frente al más racista, sexista, más abiertamente ultrarrico y megalómano candidato republicano en décadas? La respuesta es simple, y no hay que ser un partidario de Trump para entenderla: Hillary ha estado en los pasillos del poder desde hace décadas; primero como primera dama, luego como senadora y finalmente como secretaria de Estado de Barack Obama.
 
Durante esos años, no ha hecho más que profundizar la agenda neoliberal a la que los demócratas suscriben desde hace mucho. Clinton es el capitalismo salvaje con rostro de mujer, de madre de los suburbios, de orígenes plebeyos. Por supuesto, la gente no se cree estas cosas. Si no tuviera un contrincante tan débil y repulsivo, su derrota sería casi un hecho.
 
¿Quién es Hillary Clinton?
 
1) Clinton defendió el Tratado de Libre Comercio –firmado por su esposo- que su país implementó con el nuestro y con Canadá; un tratado que provocó la desindustrialización de Estados Unidos y la ruina del campo mexicano.
 
2) Clinton negoció el Tratado Trans Pacífico –un TLC a la quinta potencia– con Asia y parte de América Latina, que pondrá a competir a los trabajadores de Vietnam con los de Chile y a los de Filipinas con los de Estados Unidos.
 
3) Clinton orquestó la política americana en Medio Oriente. La intervención yanqui produjo el surgimiento del islamismo radical y la guerra sin fin que vive Siria. Estados Unidos armó y financió a Arabia Saudita y a Qatar, a sabiendas de que ellos a su vez armaban y financiaban al Estado Islámico. Clinton y Obama planearon el asesinato secreto de Osama bin Laden –en el que murieron una decena de sus esposas. Obama se volvió el rey de los drones: nunca antes habían muerto tantos civiles como “víctimas colaterales” durante ataques a supuestos terroristas. Clinton resumió el rol de EU en la caída de Gadaffi en Libia en una oración: “Llegamos, vimos, y se murió.”
 
4) Clinton votó a favor de la construcción de un tramo de 1 100 kilómetros de muro en la frontera con México. Incluía el despliegue de drones depredadores, radares infrarrojos y 70 000 policías para evitar que nuestros connacionales crucen al gabacho. Esa propuesta de muro la presentaron los republicanos, pero Hillary fue de las pocas demócratas que votó a favor. “Hay que defender nuestras fronteras”, dijo. Su esposo Bill, precisamente, fue el que empezó la construcción del mentado muro; y el primero en concebir una estrategia militar para lidiar con los migrantes. A la fecha se han encontrado 6 000 cadáveres en el desierto.
 
5) Días antes de la Convención Demócrata se filtraron miles de correos de varios dirigentes del partido y colaboradores de Clinton. En ellos se negociaba qué puestos públicos tendrían los banqueros y grandes comerciantes que donaron cientos de miles de dólares a su campaña, una vez que Hillary fuera presidenta. “Apúnteme al vicepresidente de la consultora McKinsey para el Fondo Nacional de Salud.”
 
6) Hace unos pocos días, Wikileaks publicó los discursos de Hillary ante varios bancos de Wall Street. Se lee lo que todo mundo sospechaba: la enorme amistad y confluencia de intereses entre los grandes banqueros y la candidata demócrata: les promete echar para atrás la seguridad social, tirar las regulaciones al sector financiero, etc. Un enorme escándalo… si no hubiera sido opacado por las declaraciones sexistas de Trump.
 
Donald Trump se ha pasado meses insultando a los mexicanos y culpándonos de los males que vive su país. Declara en televisión nacional que gana 640 millones de dólares al año y se siente orgulloso de haber evadido impuestos. Tiene razón todo aquel que sienta repulsión e ira hacia él.
 
Pero Hillary no es mejor. Es menos cínica, es cierto; no es menos hipócrita. Trump dice que deportará a 5 millones de ilegales. Obama ha deportado a 3 millones; y ha metido a 750 000 a la cárcel. Los demócratas no se vanaglorian de estas cosas, pero eso no las hace menos reales.
 

U.S. deportations

U.S. deportations

 

El fenómeno Trump
 
Es cierto que Trump es un racista y un demagogo. Pero eso no explica su popularidad. Hay que entenderlo para poder oponérsele. Su base social está entre los pequeños comerciantes y los trabajadores (blancos) de las ciudades empobrecidas del interior. También lo apoyan una mayoría de ancianos y de veteranos. Curiosamente, los principales círculos financieros de Nueva York no están con él, sino con Clinton. Por supuesto, la candidata demócrata tiene de su lado a parte de la comunidad latina y afroamericana, que se ha visto insultada y amenazada por Trump.
 
Probablemente el dato más simbólico sobre el fenómeno Trump es el hecho de que éste tiene más apoyo en aquéllos condados en los que la esperanza de vida de los blancos ha disminuido. La explicación es muy sencilla: una gran parte de la sociedad americana, ese proletariado de ciudades medianas que tenía salarios decentes y un empleo seguro, esos pequeños comerciantes que tenían un puñado de empleados y ventas seguras; todos ellos han perdido cualquier estabilidad y sus vidas están cada vez más sumidas en la desesperación.
 
El neoliberalismo cerró las fábricas en Estados Unidos y las mandó a China, a Indonesia y (también) a México. Echó a la calle a millones de obreros. Desestabilizó a millones de pequeños negocios que dependían a su vez de los salarios seguros de esos obreros. El medio oeste y el noreste de Estados Unidos es un desierto de fábricas abandonadas.
 
El problema es que los campeones del neoliberalismo y la desindustrialización fueron los demócratas. Bill Clinton firmó el TLC. Hillary el TPP. Esos trabajadores, cuando tenían empleo, eran votantes seguros del partido demócrata. Pero se sienten traicionados. Y nadie puede culparlos de sentirse así. La mayoría ha perdido interés en la política y no vota. Un sector grande, sin embargo, culpa a los mexicanos que llegaron a esas ciudades, y están dispuestos a votar por cualquier persona que les prometa una solución fácil: cerrar la frontera, hacer que vuelvan las fábricas.
 
El principal énfasis de Trump no está en la migración, sino en el comercio. Él habla precisamente de cancelar los tratados neoliberales y de obligar a la Ford a construir plantas en territorio americano; de crear empleos industriales y de bajar los impuestos a los pequeños comerciantes. Dice mucho del capitalismo actual que el candidato republicano esté tan abiertamente contra el neoliberalismo.
 
¿Qué sigue después de noviembre?
 
Los americanos, y particularmente los cerca de 30 millones de latinos tienen la triste alternativa de elegir entre un enemigo declarado y una falsa amiga, entre una derecha neandertal y un centro neoliberal. Habrá quienes voten por Hillary Clinton porque creen que Trump los deportará si gana. Ese sentimiento es comprensible, pero esas personas deberían pensar que es posible que Hillary los deporte de todos modos.
 
Hay otros que nunca le darían su voto a un racista demagogo; pero que no confían en Hillary y no quieren volver a ver a un Clinton en la presidencia. Nuestras simpatías están también con ellos. La verdad es que no hay verdadera opción electoral.
 
Decir que la política aborrece el vacío es, la mayoría de las veces, una esperanza infundada de cambio político. Bernie Sanders tenía dos millones de seguidores y activistas que no estaban dispuestos a votar por Hillary y hubieran aceptado con gusto la iniciativa de un partido a la izquierda de los demócratas. Esa es, desde hace más de un siglo, la gran ausencia de la historia americana: Estados Unidos es el único país desarrollado que nunca ha tenido un partido de clase, un partido de los trabajadores en el sentido más amplio de la palabra.
 
Probablemente Clinton ganará al cristalizar el enojo de mujeres y latinos. Pero elegir al menos malo genera poco entusiasmo político, y todavía menos apego. Obama ha sido ya bastante decepcionante; otros dos lustros de lo mismo, pero con menos carisma, parecen la receta perfecta para el descontento y el malestar con un gobierno neoliberal e imperialista. El fenómeno Sanders bien puede ser un antecedente de algo más fuerte y grande; algo dirigido –esta vez- directamente contra los demócratas.
 


Camilo Ruiz estudia el posgrado de historia en la UNAM.

 

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