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HAITI: UNA INSURRECCIÓN EN CURSO – 30-30
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HAITI: UNA INSURRECCIÓN EN CURSO

Hugo Cedeño

HAITI: UNA INSURRECCIÓN EN CURSO

Las masas haitianas empobrecidas no tienen tiempo para elaborar carteles diseñados mediante técnicas modernas, marchan con lo que pueden hacer con sus puños y letras usando cartones viejos, levantando ramas verdes tomadas de los árboles, llevan llantas de autos para quemarlas, sogas para amarrar a los corruptos y al ritmo de Ga-gá bailan exigiendo al presidente Jovenel Moise que “busque el dinero robado o queman al país”.

 

El pueblo haitiano no puede movilizarse sin música. “Golpea el suelo con las plantas de los pies y la vida le sube por las piernas”.  Isabel Allende. La Isla Bajo el Mar.

 

Siguen en las calles sin dejar al gobierno dormir. Desde febrero del pasado año las huelgas casi insurreccionales no ceden. Por más que intentan los dirigentes de la llamada “oposición democrática”, el pueblo de Haití no vuelve fácilmente a sus hogares. Ya no cree en nadie. El sufrimiento provoca desconfianza después de tantas promesas incumplidas.

 

Sus movilizaciones se dirigen hacia los poderes tocando las ricas urbanizaciones. Por ejemplo, Petiónville donde viven muy bien los millonarios nacionales y extranjeros. También los altos funcionarios y representantes de las embajadas imperialistas, las ricas ONGs y naturalmente la ONU, el FMI, Banco Mundial y los militares que dirigen la MINUJUSTH.

 

Lautaro Rivara, en su artículo ¿Quiénes y porqué sostienen al impopular gobierno haitiano? (ALBA movimiento 11 de junio del 2019), explica muy bien las redes de poderes que se mueven en Haití y los intereses que defienden.

 

Expone correctamente las razones que llevan a las masas haitianas a terminar las marchas en Champ de Mars, donde se concentra el poder político, contra quien expresan su odio y rechazo.

 

Al no contar con direcciones creíbles, diría yo, acuden a la plaza de Vertiere, el lugar de las grandes batallas libradas por sus libertadores contra el colonialismo francés y se postran frente a las imágenes de sus héroes como pidiendo fuerzas y orientaciones para seguir hasta vencer.

 

Los medios de comunicación manejados por los poderes mediáticos publican algunas de las acciones que se realizan en la ciudad capital. Obvian informar las que se desarrollan en Gonaives, Saint Marc, Belladere, Les Caye, Jeremie y otras localidades del interior del país.

 

Es una lucha nacional con el método de las movilizaciones y de carácter insurreccional. Es un proceso revolucionario abierto en el 1986 que nadie ha podido cerrar y donde las masas haitianas aprendieron a luchar sabiendo que hay que arrancar de raíz los males que padece.

 

Y aunque hicieron una parada creyendo que la democracia prometida por Aristides les traería mejores condiciones de vida y mejoraría su suerte, cada vez que sube un nuevo gobierno salen a pelear fuertemente, porque nada cambia a su favor.

 

Detonante de las movilizaciones.

En el 2018, presionado por el pueblo movilizado, el Tribunal Superior de Cuentas haitiano hizo público un informe sobre el robo de unos 3 mil millones de dólares correspondientes a PETROCARIBE y que el presidente Jovenel a través de sus empresas estaba negociando con ODEBRECHT.

 

Este informe provocó indignación entre los trabajadores, trabajadoras, campesinos, estudiantes, sectores populares y clase media empobrecida al comparar su miseria con la buena vida que exhibe una pequeña porción de haitianos y extranjeros.

 

Su reacción ha sido catalizada al observar, (porque las masas no están ciegas), que las multinacionales mineras de capital yanqui, canadiense y chino, las maquiladoras que pagan salarios de miseria e impiden la sindicalización, las importadoras de alimentos de mala calidad traídos de Estados Unidos y República Dominicana, los que como Wester Union y Sogebank controlan las remesas, los Clinton que se apoderan de los hoteles, puertos y aeropuertos que tienen acceso a las bellas playas de las islas adyacentes donde atracan Cruceros de alta gama, que a ODEBRECHT y la familia dominicana de apellido Estrella, les asignan las construcciones de calles, carreteras y autopistas sobre la base de porciento, y los “asesores y asesoras” que se pasean por los empobrecidos barrios en vehículos costosos.

 

A esas diabluras hay que agregar su total desprecio a los símbolos patrios, la cultura, religiosidad y lenguaje practicados por el pueblo haitiano como herencia de su nacionalidad.

 

Esa burguesía haitiana castrada y despreciable es capaz de justificar los crímenes y represión a las masas si salen a las calles a exigir sus justas demandas.  

 

Las bandas paramilitares financiadas por el gobierno y sus funcionarios andan por las calles de Puerto Príncipe y otras comunidades amenazando a los ciudadanos para que vuelvan a sus hogares so pena de ser asesinados.

 

Según el CIDH desde el año pasado a la fecha los muertos pasan del centenar, incluyendo dos periodistas, miles de heridos y perseguidos políticos y la represión en los barrios populares y pueblos del interior crece como una bola de nieve.

 

A pesar del terror que impone el gobierno las masas haitianas siguen en las calles y ni con bombas, balas y promesas están dispuestas a volver a sus hogares hasta que Jovenel vaya a la cárcel y aparezca el dinero robado.

 

La solución no está clara. Un sector de la burguesía procura un gobierno de transición tras la salida de Jovenel que se niega a renunciar. Pero nada se puede predecir mientras las masas estén en las calles movilizándose y sin una dirección en la que confíen. Lo cierto es que Trump, la Unión Europea y los distintos sectores burgueses y burocráticos haitianos tienen el problema de no contar con mediadores entre el movimiento de masas y sus intenciones. Las direcciones que se reclaman conductoras de las masas solo tienen autoridad en un pequeño sector del movimiento, no en el conjunto de los activistas, luchadores y luchadoras.

 

Nosotros confiamos en las movilizaciones en curso. Con ese método de lucha y la consigna que levantan las masas pueden avanzar a la construcción de sus propios organismos de poder y “tomar el cielo por asalto”. Esa obra loca está por verse.

 

Desde República Dominicana.

Me avergüenza decirlo, pero es la realidad, que habiendo en dominicana cerca de un millón de trabajadores y descendientes haitianos no haya sido posible organizar la solidaridad con el proceso revolucionario haitiano.

 

La llamada izquierda y movimientos que se reclaman democráticos en dominicana es nacionalista y se paralizan frente a la ofensiva del gobierno dominicano, los partidos de derecha, la iglesia y la burguesía.

 

Más ahora que andan en ajetreos electorales y muchas de esas direcciones buscan alianzas con la derecha para ser parte del pastel gubernamental.

 

Las organizaciones que reciben dinero para “apoyar a los haitianos” viven de su pobreza y por lo tanto impiden la solidaridad con su lucha. Son parte del andamiaje que busca apaciguar las luchas y canalizarlas hacia los linderos de la “paz y el orden”.

 

Lo mismo decimos de las direcciones sindicales y sociales. Obstruyen la necesaria unidad y coordinación entre la clase obrera de ambas naciones. Incentivan el sectarismo y la división que desde arriba imponen.

 

Me parece que hay que establecer con claridad meridiana una conducta política frente al proceso revolucionario haitiano en curso.

 

Lo primero es apoyarlo y desde ahí desarrollar mucha propaganda a favor de las movilizaciones para clarificar el proceso que desinforman los medios de comunicación capitalistas y burocráticos.

 

Explicar bien los orígenes del movimiento y ubicar los enemigos contra quienes las masas haitianas se enfrentan. No solamente al gobierno corrupto, también es contra el régimen que encabeza y las podridas instituciones en que se apoyan los sectores imperialistas y capitalistas haitianos para hundir al pueblo haitiano en la miseria.

 

También es necesario explicar la responsabilidad del gobierno dominicano que cerca militarmente la frontera, persigue y expulsa a la familia haitiana que huye de la barbarie y la represión a que son sometidas mientras promete que el comercio binacional funcionara con “todo lo de la Ley” porque los 800 millones de dólares anuales que recibe la burguesía dominicana por la venta de sus productos de escasa calidad, no se pueden perder.

 

Opino que quienes no somos capaces de colocarnos “contra vientos y mareas” a favor de la lucha que libra el pueblo haitiano no merecemos el calificativo de internacionalista y menos de socialista, que al fin y el cabo es lo mismo.

 

Llamo a la solidaridad. Cualquier tipo de apoyo de acuerdo a las posibilidades de cada grupo, sector o personalidad. Llamo a expresarse contra el festín de los buitres que hicieron del pueblo haitiano una permanente calamidad existencial.

 

Crédito de imágen: History Stack, Vía Flickr.


Hugo Cedeño es militante marxista en República Dominicana.