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Habla César Rivera, herido en las barricadas del 19-J – 30-30
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Habla César Rivera, herido en las barricadas del 19-J

Carabina 30-30

Habla César Rivera, herido en las barricadas del 19-J

Carabina 30-30

Desde la sala de un hospital oaxaqueño, a la espera de que su herida se estabilice para poderle practicar una cirugía, hablamos con César Rivera, miembro de la Sección 22 y del Partido Obrero Socialista.

 

Desde su cama en el hospital, pronto envió a sus camaradas este mensaje por teléfono celular:

 

Quizá haya sido una bala la que me destrozó la tibia y el peroné… Pero mi convicciones, mis deseos de derrocar al las reformas estructurales y a todo aquello que atente en contra de nuestro pueblo, eso ha aumentado 1,000 %. Saludos combativos camaradas. Estamos encontacto. Ni un paso atrás…. Nomás me recupero y me regreso a las filas ??????.”

 

César es originario del Istmo de Tehuantepec, pero da clases en la región de Valles Centrales. Fue en la barricada de Hacienda Blanca, junto a San Pablo Etla –a poco más de 10 kilómetros de la entrada a Oaxaca de Juárez- donde lo hirieron el domingo 19. Recibió un balazo en la espinilla, que le fracturó la tibia y el peroné. La bala entró por un lado y salió por el otro. “Eso sólo lo hace un arma de alto calibre”, le dijo el médico del segundo hospital al que llegó, porque en el primero no le quisieron dar atención médica. “Los médicos nos dijeron que había órdenes de Gabino de no darle atención a los maestros”, nos cuenta.

 

El testimonio de César da cuenta de un conflicto que cada vez adopta más tintes de guerra civil. Este profesor fue herido de bala en las afueras de la capital oaxaqueña, lo que muestra que la policía federal no sólo llevaba armas de alto poder en Nochixtlán.

 

La historia comienza con un tema conocido: temprano en la mañana, veinte camiones de la Policía Federal llegan a la barricada, protegida por no más de doscientas personas. César cree que la PF en realidad iba hacia otro lado, posiblemente incluso hacia Nochixtlán, donde ya había empezado el enfrentamiento. En todo caso, la consigna era clara: quitar todas las barricadas y restablecer la circulación.

 

“Los policías eran varios cientos. Se bajaron de los camiones y se fueron acercando. Nosotros los contuvimos, pero después de un rato replegamos la barricada unos pocos cientos de metros en dirección a La Joya.”

 

Las fuerzas de la federal se dividieron. Unos se quedaron relativamente cerca de los camiones, a la entrada de Hacienda Blanca, enfrentándose con el contingente de César, mientras que otro destacamento avanzó por la carretera, hasta que los manifestantes los perdieron de vista.

 

Después del primer repliegue, y una vez que los policías se habían dividido, los pobladores salieron en apoyo de los maestros. Poco antes de mediodía empezó la verdadera batalla. La gente empezó a lanzarle piedras y palos a los federales, que respondieron con gases lacrimógenos y pidieron apoyo aéreo.

 

“Por ahí estaba un helicóptero que empezó a volar muy bajo. Como la cosa se estaba poniendo dura, un grupo de maestras se guarecieron en una de las casas a la orilla de la carretera. El señor salió y las invitó a guardarse ahí. Estaba muy enojado, porque en la mañana que había llegado la policía lo había maltratado a él y a su mujer. Nos dijo que hasta la habían detenido un rato.”

 

El helicóptero empezó a aventar gas lacrimógeno hacia dentro de las casas. Atacó, por supuesto, la casa donde se habían guarecido las maestras, pero también otras de los alrededores. Esto provocó la ira de toda la gente que no se había sumado todavía a la lucha.

 

César cuenta cómo arreció el ataque contra una policía dividida. “De unos pocos cientos de repente éramos yo creo que dos mil.” Los policías, acorralados, se replegaron y luego de romper el cerco en base a toletazos y escudazos, llegaron a sus camiones, que abordaron en un santiamén. Apretaron el acelerador y se fueron por donde habían llegado. Pero quedaban los que habían avanzado.

 

César y su contingente de maestros y pobladores avanzaron por la carretera hasta encontrar al otro grupo de federales. Estaban poco más de un kilómetro después, cerca de la segunda gasolinera de La Joya. Un segundo contingente de pobladores y maestros los enfrentaba desde el otro lado, junto al crucero de Trinidad de Viguera, así que con la llegada del segundo destacamento, los policías quedaron rodeados por los dos lados.

 

“Yo creo que cuando nos vieron llegar entraron en pánico. Ya llevaban un buen rato en la refriega. Seguro estaban cansados, y al poco tiempo nos dimos cuenta de que se les estaba acabando la munición. El helicóptero tiraba cada vez menos gases, lo mismo que los policías, que se iban quedando acorralados.”

 

Los maestros y pobladores probablemente multiplicaban 5 a 1 a los policías. Fue en ese momento que se empezaron a escuchar los disparos.

 

“De entrada fueron hacia el cielo. Yo creo que lo hacían para amedrentarnos, porque estaban entrando en pánico los policías. Se vieron divididos, sin armamento de contención y rodeados de miles de personas.”

 

Los disparos al cielo no contuvieron a los manifestantes. César Rivera estaba en la línea de frente, aventándole piedras y botellas a los policías, que estaban a unas decenas de metros. Se sintió caer, sintió un dolor agudo y, entre el shock y el dolor, se dio cuenta de que estaba sangrando profusamente de la pierna. Las personas a su lado rápidamente lo socorrieron y lo sacaron del campo de batalla.

 

Lo llevaron a una clínica del seguro popular junto con otro herido en el muslo. César no sabía si el enfrentamiento había derivado en una balacera sangrienta. En la primera clínica no les abrieron la puerta. La orden de Gabino se hizo sentir. Llegó a una segunda, donde le hicieron una primera limpieza y le contuvieron la hemorragia. Los médicos fueron solidarios y cuando lo estabilizaron, acordaron que sería trasladado a otro hospital donde lo tratarían mejor, porque este era pequeño y los doctores tenían noticias de que estaban por llegar más heridos de bala.

 

No fue sino hasta el día siguiente que César se enteró de las cifras: 94 heridos en la batalla de Hacienda Blanca. No está claro cuántos son heridos de bala. No fue sino hasta el día siguiente que César se enteró de la muerte de Azael Galán Mendoza, un taxista de 18 años que se había sumado a la batalla desde el otro lado, desde el crucero de Viguera. “Necesitamos su apoyo. Todos deben salir a luchar” dicen que gritaba Azael antes de ser alcanzado. Los federales le dieron un balazo en el pecho. Murió horas después en el hospital. Los mártires no sólo cayeron en Nochixtlán.

 

César cuenta todo esto con tranquilidad. Su condición es estable, pero los doctores calculan que le tomará un año volver a caminar con normalidad. En sus palabras no hay un dejo de conmiseración. Si acaso, algo de pena por no poder seguir en los combates. Él quiere que se sepa la verdad de la represión del domingo 19, y que los culpables paguen. Nos pregunta cómo reaccionó a la represión la gente en otros estados. Su mente está en la lucha política, en las posibilidades de triunfo del magisterio. “Yo creo que si la gente se une con los maestros, sí podemos derrotar al gobierno.”

 


César Rivera es maestro de la sección 22 de la CNTE y militante del Partido Obrero Socialista.

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