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En defensa del normalismo – 30-30
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En defensa del normalismo

Juan Magariño

En defensa del normalismo

Por Juan Magariño

Ya no sólo son los docentes quienes se han opuesto a esta contrarreforma, sino que esto ha ido más allá. El escenario que últimamente se ha visto durante la jornada de la lucha magisterial contra la reforma educativa (R.E) denota que existe cierta evolución de la batalla que se ha venido dando. De ser una lucha meramente gremial se está convirtiendo en un alzamiento popular. Así lo han demostrado los miles de padres de familia que han salido a marchar con los maestros de Oaxaca y Chiapas.

 

Con justa razón distintos sectores de la población se han opuesto a la R.E. pues ya se comienzan a vislumbrar las afectaciones que trae consigo hacia la educación: no sólo pretende que la clase trabajadora comience a sustentar los gastos que implica sostener una institución educativa a través de lo que denominan “autonomía de gestión”, sino también trae consigo la disminución drástica de la plantilla docente a través de sus exámenes punitivos y además, el concurso de oposición –para el ingreso al servicio profesional docente (SPD)– ofrece miserables cantidades de plazas a los egresados de las normales y/o cualquier otro egresado de alguna licenciatura afín a la educación.

 

En la actual convocatoria del concurso de oposición para el ingreso al SPD, en Oaxaca, solamente se ofertan 7 plazas para primaria y 5 para preescolar, no habrá maestros de educación física en el nivel primaria, sólo se ofrecen 60 horas para secundaria. Lo peor de todo es que las compañeras de educación especial, están exentas de cualquier probabilidad de obtener un trabajo con este examen. Asimismo, los lugares de trabajo que ofertan no cubren ni con una mínima parte de los egresados de las normales. Sólo en este año egresan más de 900 estudiantes aunado con los rezagados del ciclo escolar pasado y por si fuera poco, estará abierto para cualquier estudiante de una carrera afín a la educación.

 

El objetivo de esta estrategia es dejar en la calle a cientos de estudiantes y por otra parte, lo que concierne a otros sectores de la sociedad es que, si se continúa otorgando cantidades similares en los posteriores años (y claro, si es que lo permitimos), ya no habrá suficientes maestros en las aulas debido a que no es proporcional a la cantidad de maestros jubilados al año con las nuevas contrataciones, ni una ínfima parte de ello. Esto, sin contar a los que el sargento Nuño quiere echar a la calle. Si actualmente están mandando a suplentes por “maestros faltistas”, lo cual es risible, no lo harán cuando hayan despidos, no se cubrirá con la cuota de profesionales que requiere el servicio educativo.

 

Hacen falta más profesores

 

La proporción de alumnos por maestro en las escuelas públicas de nuestro país es una de las más altas de las naciones de la OCDE, pues en comparación con las aulas de los países más desarrollados, en México el promedio de alumnos por docente en primaria es de 28, cuando el promedio del organismo multinacional es de 15.

 

En secundaria y bachillerato, un profesor mexicano debe atender a 30 adolescentes por grupo, frente a una media de 13 de los países más desarrollados, y en educación prescolar es de 25 niños frente a un estimado de 13 por maestro en los demás países de la organización.

 

A través de mis años en la normal, me ha quedado claro que entre más alumnos se encuentren en un mismo salón de clases, el proceso de enseñanza y aprendizaje será de menor provecho, esto no lo entiende la ni Nuño, mucho menos EPN, a pesar de que el mismo Instituto Nacional para la Evaluación Educativa (creado a raíz de la R.E.), lo menciona explícitamente:

 

“Aunque la literatura ofrece algunas evidencias sobre el impacto del tamaño de los grupos en el rendimiento escolar, es preciso señalar que no existe consenso respecto de cuánto contribuye este factor en la explicación de resultados de aprendizaje. No obstante, es razonable pensar que un grupo conformado por un número reducido de alumnos puede constituir una ventaja para la enseñanza y el aprendizaje, pues los docentes tienen potencialmente mayor oportunidad de brindar.”

 

En resumen, queda claro que esta reforma educativa es un cáncer para la educación pública, significará un retroceso en materia educativa, pues no sólo pretende que los padres y madres de familia sufraguen los costos de infraestructura que genere la escuela donde estudien sus hijos, sino que ya no habrá maestros suficientes en unos cuantos años para que puedan impartir clases y así tendrán que pagar a personal que atienda a sus hijos.

 

La defensa del trabajo es una demanda popular, todos los sectores de la población deben de asumirla como parte de la defensa de la educación pública. Si llegan a despedir masivamente a los maestros y no se ofrecen más contratos a los normalistas, habrán muchos más niños –aparte de los más de 7.2 millones que actualmente hay– sin oportunidad de asistir a la escuela.

 

Crédito de foto: Nacho Fradejas.


Juan Magariño estudia en el Centro Regional de Educación Normal de Oaxaca (CRENO) y es militante del Partido Obrero Socialista.

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