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Elecciones 2016: reconfiguraciones en el régimen – 30-30
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Elecciones 2016: reconfiguraciones en el régimen

Comité Editorial

Elecciones 2016: reconfiguraciones en el régimen

Comité Editorial
Hace unas tres semanas el capo Beltrones presumía que el PRI ganaría 10 de las 12 gubernaturas en juego. Luego se dieron cuenta de que la cosa no pintaba tan sencilla. Bajaron el pronóstico a 9, y poco después Peña Nieto le dio una entrevista a La Jornada en la que afirmaba que estas elecciones no tenían nada que ver con el 2018 ni tampoco se podían ver como una muestra de la aprobación de su partido. Aunque se olían que les iba a ir mal, es poco probable que se imaginaran que el PAN les quitaría siete estados.

 

No hay que desestimar el importante cambio histórico para la política estatal que en tres entidades –Veracruz, Tamaulipas y Quintana Roo– el PRI haya sido echado del poder por primera vez en 86 años. En particular, en el caso del primero, es claro que la gente está harta de los autoritarios gobernadores priístas que han robado a manos llenas, que se han aliado con el narcotráfico y han asesinado periodistas por doquier.

 

El 5 de junio en la mañana el PRI gobernaba sobre 19 millones de mexicanos; doce horas después había perdido 10 millones de ellos. Fue Acción Nacional el que tuvo el mérito de posicionarse como el primer partido de oposición para recoger el voto castigo. Ese fue casi todo su mérito. De los cinco estados que ganó el PRI, cuatro se los arrebató al PAN, o a coaliciones PAN-PRD. Es decir, Acción Nacional, visto como el salvador que echaría a los corruptos priistas en varios estados, fue a su vez repudiado por la gente en muchos de los estados que gobierna. Lo mismo pasará en los siete estados que ganó ayer: su administración decepcionará; será tan corrupto como el PRI y en un sexenio cualquier caudillo priista carismático podría posicionarse como la “oposición”.

 

El PRD, el “Partido Verde” del PAN

 

La otra gran noticia es el nuevo rol como socio enano del PAN al que el Sol Azteca parece condenado. En los pocos estados en los que el PRD contendió solo, tuvo resultados realmente risibles. Su única opción es aliarse a Acción Nacional, en una alianza que se podría llamar de otra manera: subordinación.

 

Agustín Basave, presidente de los amarillos, declaraba el lunes que el PRD “se había estabilizado”. Seguramente lo mismo piensan las cucarachas cuando se quedan volteadas y se dejan de mover.

 

En la Ciudad de México, el perredismo parece no poder hacer nada para salir del segundo lugar. Aun así, no se puede hablar de un colapso del perredismo en la capital, como sí es el caso en casi todo el resto del país. En la Ciudad de México conservan una clientela importante. La suficiente para pensar en ganar la capital en dos años, probablemente en una alianza con el PAN.

 

En todo caso, estas elecciones parecen confirmar lo que ya se perfilaba en el 2015: el perredismo como identidad independiente está prácticamente terminado. Independientemente de lo que las prebendas y el clientelismo le puedan redituar aquí y allá, su futuro está cifrado en una alianza con el PAN o –menos probable– con Morena.

 

Las exageradas esperanzas del lopezobradorismo

 

Morena ha hecho una elección dispar, pero en general buena. En varios estados ni siquiera figuró. Es el caso de Chihuahua, de Aguascalientes, de Durango, etc. Mal para un partido que quiere gobernar al país por sí solo en el 2018 y que sigue sin poder penetrar en el norte.

 

Pero en el caso de Veracruz, en las semanas previas a la elección dio un campanazo inesperado y quedó en un lejano pero digno tercer lugar frente a los dos Yunes.

 

Un problema es que la cúpula de Morena se hacía ilusiones de que podían ganar Zacatecas, Veracruz y Oaxaca. Pensaban que ganar tres gubernaturas sería un campanazo que los posicionaría para 2018. Al final, el “rayito de esperanza” no convenció a la masa de electores indecisos.

 

En el caso de Zacatecas, Morena simplemente absorbió a los caciques locales. López Obrador eligió como candidato a David Monreal, hermano de Ricardo, ex gobernador del estado y ahora jefe delegacional de la Cuauhtémoc. Los Monreal son los dueños del estado –David declaró tener propiedades por casi 30 millones de pesos. No es de extrañar que los zacatecanos no se hayan sentido particularmente entusiasmados por un miembro de la dinastía local, ahora arropada en los colores de la supuesta Regeneración Nacional.

 

En Oaxaca, ni el lastimoso borrachazo electoral de la Sección XXII les fue suficiente para vencer al caudillo local, Alejandro Murat.

 

No tardaron nada en salir los “intelectuales” del lopezobradorismo (p. ej. John Ackerman) a decir que si no habían arrasado en todo el país era por el “fraude” que les hizo el PRI. Que en buena parte del país hubo coacción del voto eso no puede negarlo nadie. Pero esa es una rara excusa diseñada para confirmar a los fieles en su fé de que un día de estos sí se les va a aparecer el santo.

 

La verdad es otra. Con todo y sus muy importantes despegues locales, Morena no termina de convertirse en el faro de esperanza que sus correligionarios esperan. Sin embargo, Morena sí es ahora una fuerza que hay que monitorear de cara a 2018. Por otro lado, es una lástima que en nuestro país lo que se entiende por “izquierda” –léase Morena– sea, ya no digamos anticapitalista, sino ni siquiera anti-neoliberal o socialdemócrata radical. Es un preocupante signo de los tiempos actuales que en nuestro país aparezca como radical una fuerza más cercana a los frailes franciscanos –nos referimos a aquella propuesta de López Obrador de construir una “república amorosa”– que a cualquier brisa jacobina.

 

La Constituyente, un fracaso –los independientes también

 

Con el 28% de participación, la elección de la constituyente de la CDMX es la menos legítima de las últimas décadas. Es un verdadero fracaso de todos los partidos, y particularmente del proyecto Mancera-Peña Nieto. El PRD y el PRI, que entre los dos tienen 700 000 votos (poco más de 10% del padrón electoral) tendrán la mitad de los asambleístas. Entre ellos podrán escribir la constitución.

 

Hay que luchar porque se respete el principio democrático y que no se permita que un grupo tan pequeño y tan poco representativo se abrogue el derecho de redactar la constitución de la capital.

 

Esta elección muestra que a los capitalinos no los convencen los partidos. El PRI sacó alrededor del 8%. Incluso Morena, que considera a la capital su feudo, no hizo una elección espectacular con 600 000 votos.

 

¿A dónde fue el voto del descontento? No a los independientes. Ninguno parece podrá alcanzar la votación necesaria para entrar a la asamblea. Ninguno levantó, a pesar de que todos llegaron a la televisión y la radio.

 

Desde estas páginas seguimos la candidatura independiente de Sergio Moissen, a quien le dimos un apoyo crítico. Hay que decir que su campaña estuvo lejos de ser exitosa. Como punto de comparación está la campaña de la obrera Toñita de Ciudad Juárez, quien a pesar de que no logró aparecer en la boleta electoral, sí convocó y logró unir a la izquierda socialista del estado de Chihuahua a principios de este año. Con poco más de 10 000 votos –0.5%– en la ciudad más progresista del país, es claro que Moissen no logró articular el descontento hacia los partidos políticos. Las causas de esto las comentamos ya en otro lado. No ayudó en nada, por supuesto, que a nadie le interesó esta elección.

 

Ahora a los independientes les queda una cuestión que podría ser espinosa: explicar cómo campañas que obtuvieron hasta 100 000 firmas –cuando la “venta de INEs” estaba a la orden del día, como denunciaron algunos independientes– sólo convencieron al 10% de sus firmantes a ir a las urnas.

 

De conjunto

 

De conjunto, las elecciones de este domingo acentuaron el descrédito del PRI, al cual se le agotó el efecto Peña. El rostro del mexiquense ya no es un apoyo sino un lastre para su propio partido. El PAN, a pesar de ser el partido que activó la guerra del narco, se llevó el voto de castigo contra el PRI. Morena se alza como tercera fuerza, dejando debilitado a un PRD cuyo destino es ser “el Partido Verde” de los blaquiazules. Los candidatos independientes –al menos en la ciudad de México– estuvieron lejos de levantar expectativas como los independientes del año pasado, como “el Bronco” o Kumamoto. Es correcto y necesario levantar candidaturas socialistas, pero estas deberán ser realmente obreras e incluyentes –esa es la lección que dejó Toñita en Ciudad Juárez, una lección que hay que tomar en serio.

 

Crédito de foto: anónimo vía Flickr.

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