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El partido que tomó el poder – 30-30
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El partido que tomó el poder

Ernest Mandel

El partido que tomó el poder

Ernest Mandel
 
Otra falsificación histórica sobre el partido bolchevique: la “intentona golpista” de octubre de 1917 habría sido perpetrada por una pequeña secta de revolucionarios profesionales extremadamente centralizada, fanatizada y manipulada por Lenin, ávido de poder, incluso de poder absoluto.
 
En realidad, en los meses que fueron de febrero a octubre de 1917 el pueblo bolchevique se convirtió en un partido de masas, aglutinando a la vanguardia real del proletariado de Rusia: los dirigentes naturales de la clase, reconocidos como tales por ella. Su número de revolucionarios profesionales (de permanentes) era extremadamente reducido. Este partido ha sido el partido de masas menos burocratizado que jamás se haya conocido. Apenas contaba con 700 permanentes de un total de entre 250 mil y 300 mil miembros. Funcionaba, además, de manera marcadamente democrática: los debates y las diferencias de opinión eran numerosos y, en términos generales, se expresaban públicamente.
 
Esta libertad de expresión concernía no sólo a unos cuantos dirigentes que, en minoría, se expresaran públicamente (como Bujarin y los “comunistas de izquierda”), incluso en periódicos separados. Llegaba también a organismos enteros del partido. De esta manera, durante varios meses de 1917, el comité del partido en Viborg envió a sus propios agitadores a la flota del Báltico para oponerse a los argumentos del comité de Petrogrado, considerados como demasiado tolerantes frente al Gobierno Provisional.
 
Durante las conferencias de los comités de fábrica, antes de la Revolución de Octubre, dos corrientes bolcheviques se enfrentaron públicamente. La primera estaba representada por Miliutin y Larin, apoyados por Riazánov, Lozovsky y Chliapnikov. Esta corriente quería combinar el control obrero con la reivindicación de planificación central. La segunda estaba representada por Skrypnik y Tchubar e insistía sobre todo en la iniciativa descentralizada en la base.
 
Esta tradición se mantuvo viva. Se encuentran huellas de ella todavía en 1921, durante el X Congreso del Partido Comunista, cuando la batalla por prohibir las fracciones en el seno del PC causaba estragos (volveremos más adelante sobre este congreso). Durante el debate, Lenin atacó vivamente a Kiseliov, un delegado que había criticado algunos poderes disciplinarios extraordinarios que el proyecto de resolución concedía al Comité Central. Al rebasar sus polémicas palabras su pensamiento, Lenin no dudó en hacer inmediatamente una autocrítica:
 
Camaradas, me arrepiento de haber empleado la palabra “ametralladora” [contra Kiseliov], y prometo solemnemente no emplear en el futuro expresiones gráficas de esa naturaleza, porque espantan a la gente por nada y porque luego hacen que sus reacciones resulten incomprensibles [Aplausos]. Nadie tiene la intención de jalar la ametralladora contra nadie, y estamos absolutamente seguros de que ni el camarada Kiseliov ni ningún otro tendrá que hacerlo.
 
El partido bolchevique era entonces un partido integrado al más alto nivel a la sociedad rusa y a sus fuerzas vivas. Esto fue lo que en una contundente fórmula recordó la primera Plataforma de la Oposición de Izquierda seis años después de la revolución, frente al ascenso de la fracción estalinista:“El Partido [era] esa colectividad independiente y viva que agarraba con fuerza la cambiante realidad, porque estaba ligado a ella de mil maneras”.
 
Si la Revolución de Octubre no fue una intentona golpista, tampoco fue el simple desenlace de un espontáneo levantamiento de masas. Fue también una insurrección metódicamente preparada y ejecutada por los bolcheviques y sus aliados, partidarios del poder de los soviets: los anarquistas y los socialistas revolucionarios de izquierda. No se trató de una insurrección secreta y minoritaria. Se trató de una insurrección organizada a la luz del día, en lo esencial en el marco de instituciones emanadas de los soviets. Fue el resultado de una nueva legitimidad que se impuso a la gran mayoría de los trabajadores y los soldados, y luego, un poco más tarde, a una buena parte de los campesinos. La legitimidad de los soviets y los consejos de fábrica le ganó por la mano a la del Gobierno Provisional, el Estado Mayor militar, el empresariado y los terratenientes. De esta manera, en las empresas los obreros reconocían cada vez más la autoridad de los comités de fábrica en lugar de la de los patrones.
 
Gracias a la agitación y a la organización magistralmente dirigidas por Trotsky, todos los regimientos de la guarnición de Petrogrado decidieron en asambleas públicas ya no reconocer las órdenes del Estado Mayor y la jerarquía militar, sino las del Soviet y su Comité Militar Revolucionario.
 
Fue en estas condiciones que el 25 de octubre de 1917 pudo realizarse el derrocamiento“técnico” del Gobierno Provisional, en un acto que tan poca sangre derramó: costó menos muertos de los que habitualmente hay como consecuencia de accidentes de tránsito durante un fin de semana normal en los principales países de Europa.
 
En resumen, ¿qué fue, pues, la Revolución de Octubre? El punto culminante de un formidable movimiento de masas guiado hacia la toma del poder por un partido obrero de vanguardia estrechamente integrado a las masas. Un partido que ante todo buscaba satisfacer las reivindicaciones inmediatas más candentes de la población, al tiempo que buscaba objetivos socialistas nacionales e internacionales más vastos.
 
Tomado de Octubre 1917: ¿Golpe de Estado o Revolución Social?
 

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