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El comunicador que se reveló contra el miedo –Alejandro Zenón Fonseca Estrada – 30-30
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El comunicador que se reveló contra el miedo –Alejandro Zenón Fonseca Estrada

Leticia Pineda

El comunicador que se reveló contra el miedo –Alejandro Zenón Fonseca Estrada

Por Leticia Pineda

Alejandro Zenón Fonseca fue un hombre que lo tuvo casi todo en la vida. Creció en una familia de clase media alta de Villahermosa, Tabasco, donde su infancia transcurrió plácidamente. Tras convertirse en un carismático joven, como profesionista tuvo éxito en los negocios y cuando murió asesinado a los 33 años por desafiar al crimen organizado ya era un querido locutor entre los tabasqueños.

 

Nació el caluroso viernes 23 de mayo de 1975 en el hospital local de Petróleos Mexicanos, cinco años después de que su padre, Fernando Fonseca, fallecido en 2005, se mudara con la familia del Distrito Federal a Villahermosa impulsado por el boom petrolero que entonces vivía México. Cuando estudiaba el primer año de universidad en el Tecnológico de Monterrey de Querétaro adquirió el apodo de Padrino Fonseca, no porque tuviera relación con mafia alguna sino por la gracia que causaba la facilidad de los tabasqueños para referirse a sus amigos con apelativos familiares como primo o hermano. “Era muy valiente, era bueno para el guante, fiestero y viejero como él solo”, recuerda Ramón Fonseca, su hermano mayor.

 

zenonEn 2002 terminó la carrera de Administración de Empresas, pero se negó a entrar al negocio familiar y empezó a trabajar sin paga en una radiodifusora pública de donde saltó, con un salario modesto, a conducir un programa en Conexión 90.9. Ahí descubrió la facilidad que tenía para conectarse con la audiencia: mensajes motivacionales, música, entretenimiento y noticias fueron elementos de su éxito radiofónico. Ramón, su hermano, pronto se convirtió en su representante comercial al lograr que Exxa, una estación de Organización Editorial Mexicana, accediera a venderles espacio radiofónico. Y las transmisiones del Padrino Fonseca iniciaron finalmente en 2004, con un programa que resultó más que redituable.

 

En sus tiempos libres el Padrino solía ponerse una máscara del Santo y salía en un automóvil convertible para saludar a los niños. Y en aquel entonces llegó incluso a jugar con la idea de lanzarse como gobernador de Tabasco. La audiencia crecía mientras Tabasco, un estado que por décadas había sido pacífico y próspero, gracias a una pujante industria petroquímica, se convertía en botín de los Zetas: una organización criminal que se trasladó desde otras regiones del país y que empezó a secuestrar y extorsionar a sus anchas.

 

Al Padrino Fonseca, igual que a otros amigos suyos, le llegó su turno cuando unos desconocidos quisieron “ordeñarlo”, cuenta Ramón.

 

Apenas 21 días antes de morir, el Padrino entrevistó a Jorge Clemente Esponda, un funcionario de fiscalía estatal. “Hay muchos secuestros que no están registrados porque no se denuncian, queremos que los denuncie la gente. A eso venimos a tu programa”, dijo el funcionario. El Padrino quizá pecó de ingenuo o abusó de su buena suerte, dicen ahora sus amigos, pero creyó que el gobierno estatal quería combatir al crimen organizado y necesitaba el apoyo de la gente. De modo que los últimos días que vivió se dedicó a enviar cartas al Gobierno del Estado y a la fiscalía, así como a invitar a la población a sumarse a una campaña de rechazo a la violencia. ‘No al miedo, al secuestro, a la impunidad, a las mentiras’, decía una de las seis mantas que colocó en las calles de Villahermosa aquel 23 de septiembre y que, igual que las demás, apoyaban al gobernador de Tabasco Andrés Granier.

 

A las 9h de la noche de ese día, cuando recibió los dos balazos que le quitarían la vida, Alejandro colocaba la última lona en un céntrico cruce de la ciudad antes de iniciar un plantón para recolectar firmas contra la violencia.

 

– Padrino, ¡Quita la lona y bájate! -le gritó apuntándole con una R-15 Ricardo Ortiz, alias El Pitufo, jefe de una célula de Zetas y quien fue detenido en octubre de ese mismo año.

 

– Estoy trabajando, déjame chambear -contestó Fonseca, mirando directamente a su agresor, antes de que le disparara.

 

Llegó aún con vida al hospital, pero los médicos no pudieron hacer nada.

 

Murió al día siguiente.

 

Un mes después, su madre, Angelita Estrada, recibió un mensaje del gobernador, un viejo conocido de la familia. Le solicitaba una reunión para darle el pésame a la que la señora acudió acompañada de Fernando, Ramón e Irma, hermanos mayores del comunicador asesinado. Y, sin embargo, el Gobernador Andrés Granier ignoró la petición para que las mantas permanecieran colgadas y nunca cumplió a promesa de hacerle un homenaje público.

 

Fuente: Bosch, L. y Vélez A. (eds.). “Tú y yo coincidimos en la noche terrible“. Nuestra Aparente Rendición.

 


 

Hemos decidido compartir cada semana una biografía distinta de cada periodista asesinado. Estamos convencidos de que la lucha socialista en México implica la búsqueda de justicia…y para que ésta última sea posible debemos luchar contra el olvido. Aunque la prioridad de 30-30 es la publicación de textos originales, haremos una excepción con esta serie de biografías, las cuales consideramos como un material valioso poco conocido dentro de la izquierda radical mexicana.

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