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El capitalismo y los desastres “naturales” – 30-30
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El capitalismo y los desastres “naturales”

Eréndira Munguía Villanueva

El capitalismo y los desastres “naturales”

Eréndira Munguía Villanueva

Cuando un organismo no es capaz superar los cambios en su entorno entra en crisis, y si la crisis no es superada se convierte en un desastre, es decir, en daño a las estructuras vitales del organismo. Para subsistir, los seres vivos han desarrollado distintos métodos de adpatación. La Tierra no es ni uniforme ni estática; en ella ocurren innumerables cambios de forma constante, como los sismos. Para prevenir desastres necesitamos adaptarnos, revisar la manera en la que nos relacionamos con la naturaleza y cómo enfrentamos su condición cambiante.

 

Además de con la naturaleza, las personas nos relacionamos con otras personas formando familias, escuelas, comunidades, naciones, etc. El principio es el mismo: además de sus integrantes, una familia está conformada por las relaciones que existan entre ellos y con el ambiente exterior. Una familia rígida que no se adapte a las nuevas formas de ser de la juventud y no se sincronice tiene más posibilidades de disolverse que una familia con acuerdos más flexibles.

 

Podemos pues descomponer el concepto de desastre en dos factores: uno es el riesgo que está asociado a los cambios, predecibles o no, de los elementos internos o externos en un sistema (ecológico, social, etc.); el otro es la vulnerabilidad, entendida como la incapacidad del sistema para adaptarse a dichos cambios. Cuando los cambios son causados por las personas es posible reducir los riesgos. Producir menos basura y menos contaminantes serían un ejemplo de ello. Pero cuando no es posible controlar el riesgo, como en el caso de los sismos, lo que nos queda para reducir el desastre es ser menos vulnerables. Un ejemplo de esto es la Torre Latinoamericana en la ciudad de México, la cual se diseñó considerando el riesgo de temblores y tomando medidas para resistir los cambios que provocan; por eso es menos vulnerable que otras edificaciones y por eso los sismos no han tenido efectos desastrosos en ella.

 

A veces no es posible reducir lo suficiente ni los riesgos ni la vulnerabilidad. En estos casos se tendrían que tomar medidas de preparación para mitigar del desastre; o sea, acciones orientadas a reducir el sufrimiento tanto físico como psicológico de las personas vulnerables en el caso de que el riesgo se haga efectivo. Ejemplo de esto sería diseñar las universidades no sólo para sus funciones educativas sino para que además funcionen como albergues y/o centros de acopio y distribución en caso necesario.

 

Lamentablemente, bajo el capitalismo no tenemos la posibilidad de realizar los cambios pertinentes para reducir nuestra vulnerabilidad o para prepararnos adecuadamente ante los riesgos. Peor aún, a veces ni siquiera estamos conscientes de la necesidad de implementar dichos cambios. La falta de recursos económicos, de reglamentaciones, de infraestructura, así como la ignorancia, hacen vulnerables a las comunidades mexicanas. Esta situación se agudiza ante la escasa democracia que tenemos en México; esto es, la falta de autonomía o siquiera de participación en la toma de decisiones por parte de nuestras comunidades. La corrupción también empeora las cosas, pues es común que acciones cruciales de prevención queden en manos de quién sabe quién que en realidad está ahí para jinetear los dineros y otorgar contratos a determinadas empresas; o bien, puede ser algún funcionario que simplemente ignore de las necesidades reales de las comunidades.

 

Y es que bajo el capitalismo las acciones de adaptación se llevan a cabo con el fin de incrementar las ganancias, no de preservar la vida. Así, el capitalismo ha cambiado, se ha adaptado, pero sólo para seguir enriqueciendo a la burguesía. Mientras esto continúe, ninguna institución del estado logrará prevenir de manera correcta los desastres. Como hemos corroborado en estos días, la organización por fuera de las instituciones oficiales sigue siendo la única forma efectiva de superar las crisis derivadas de los fenómenos naturales.

 

En resumen, los llamados “desastres naturales” tienen de natural lo mismo que la caída de un árbol debido al corte con una sierra eléctrica. El desastre no es natural, lo que es natural es el ciclón, el sismo, la sequía, pero el desastre es la mala construcción, la ignorancia, la falta de democracia, la vulnerabilidad provocada por siglos de capitalismo, de encaminar las acciones hacia el aumento de ganancias y no hacia la protección de la vida.

 

Los socialistas no queremos una sociedad uniforme y rígida, entendemos el dinamismo de los sistemas sociales y de la naturaleza y los riesgos que esto conlleva. Queremos sociedades diversas y flexibles capaces de adaptarse a los cambios. Buscamos que todas las personas tengan acceso a los productos de la ciencia y la tecnología, así como participación efectiva en la toma de decisiones de todo aquello que afecte su vida. La organización autónoma de los trabajadores es el riesgo que enfrenta el capitalismo y ante el cual se previene, todos los días, por todos los medios posibles. Provoquemos una crisis insuperable a este sistema, manteniendo la organización que se ha formado. Provoquemos al capitalismo un desastre total.

 

Lectura recomendada:

Los Desastres no son Naturales. Andrew Maskrey (compilador). Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina. 1993.

 

Crédito de imagen:  Alain Bachellier vía Flickr.


Eréndira Munguía es profesora-investigadora en la Universidad del Papaloapan, Oaxaca, y dirigente del Partido Obrero Socialista.

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