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Se hace urgente, despeñar al Presidente – 30-30
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Se hace urgente, despeñar al Presidente

Juan Reséndiz

Se hace urgente, despeñar al Presidente

Juan Reséndiz

Tan solo dos años le bastaron a Peña nieto para desfondar el capital político con el que aún contaba a medio año de 2014. Luego inicia la debacle en sus niveles de popularidad y comienza a resentir el alejamiento de sectores empresariales y políticos que se habían nucleado en torno a él.

 

2012, gana la presidencia de la República presentándose como símbolo de un PRI renovado, con propuestas políticas innovadoras. Y su gobierno comienza con el consenso de empresarios y los principales partidos políticos a través del “Pacto por México”. Los frutos de este consenso le permitieron pasar de un 35 en el nivel de popularidad con el que inició su gestión, a un 49 por ciento hacia mayo – agosto de 2014.

 

El gran declive de “el salvador de México”, como lo calificó la revista Time en su momento, inició con la tragedia ocurrida en Ayotzinapa en septiembre de 2014. Su caída en los niveles de aceptación entre sectores populares y entre figuras públicas y de poder fue estrepitosa. Dos años después, la revista Expansión, uno de los principales órganos de difusión burgués, publicó bajo el título “Peña Nieto sigue en picada” una encuesta –del también pro empresarial periódico Reforma– en la que se afirmaba que la gestión del mandatario contaba con una aprobación del 23% de la ciudadanía, mientras que un 74% lo desaprobaba. (EXPANSION. 11/ agosto/ 2016)

 

Por esas fechas ya otros medios de comunicación enfatizaban que los porcentajes de aceptación del priista lo colocaban entre los niveles más bajos de la historia reciente. Como trasfondo de esta caída estaba Ayotzinapa, como decíamos, pero también la decepción de miles de trabajadores, que solo veían empeorar su situación económica, crecer la pobreza, la inseguridad y la violencia. Al mismo tiempo, detectaban que el nuevo PRI era la misma rata nada más que revolcada; es decir, la corrupción desbordante y los niveles de impunidad de políticos de todos los partidos y calibres seguía siendo el pan de cada día.

 

Hoy la situación no está mejor, por el contrario, un profundo abismo se abre frente al optimista residente de Los Pinos. El mismo periódico de derecha, Reforma, publicó el 21 de enero de este año que sólo el 12 por ciento de la ciudadanía aprueba al Presidente, mientras el 86 por ciento lo desaprueba. (Sinembargo. 21/ Febrero/ 2017)

 

Esta situación lo colocaba a inicio de año ya no solo como el presidente con los índices más bajos de popularidad en la historia del país, sino también como el segundo mandatario peor calificado de América Latina, solamente por arriba del Presidente de Brasil, Michel Temer, quien contaba con tan solo un 10% de aprobación, de acuerdo con un sondeo del periódico Folha de Sao Paulo. (AM de Querétaro. 18/ Enero/ 2017). Hoy habría que preguntarse si no es que esta situación ya ha cambiado y sea Peña el dueño del deplorable título del mandatario peor calificado en el continente.

 

Detrás de la nueva caída en la popularidad del priista, en este 2017, se encuentra el incremento a los precios de la gasolina, la caída del peso, la resistencia magisterial y la postura miedosa con que Peña ha enfrentado a Trump y el problema migratorio.

 

En Brasil está abierta una crisis política que tiene a Temer pendiendo de alfileres. En nuestro país, aun cuando sectores empresariales y de la política han marcando su poniendo distancia respecto a Peña, todos los partidos acordaron no continuar golpeando a la débil figura presidencial, brindándole así un tanque de oxígeno para llegar al final del sexenio sin mayores aspavientos. Los partidos temen que el gobierno termine por desfondarse y que entren en escena irrupciones populares impredecibles. Incluso Morena es parte del acuerdo para mantener un clima pacífico rumbo a las elecciones de 2018. López Obrador ya no critica ni enfrenta abiertamente a Peña; por el contrario, llama a apoyarlo –incluso durante la reciente ofensiva de Trump contra nuestro país– y a ofrecerle perdón y amnistía si Morena gana la presidencia.

 

Pero el sentir popular es claro. Si usted, en este momento, reúne a diez personas al azar y les pregunta su opinión sobre el gobierno federal, solamente uno de todos ellos diría estar de acuerdo con él. Los otros nueve lo desaprobarían por completo. Lo anterior hace que se imponga como necesidad apremiante, por el bien de nuestra economía y del país, despeñar al buey por la barranca. Es de extrema urgencia exigir la renuncia del presidente.

 

Y no solamente eso. También habría que pedirle cuentas y exigirle castigo por los crímenes de Estado y por la corrupción desbordada durante su gestión.

 

Los trabajadores y el movimiento popular tienen la palabra.

 

Crédito de imagen: Al Thabit vía Flickr.


Juan Reséndiz es trabajador sindicalizado de la UNAM y militante del Partido Obrero Socialista.

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