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De chayotes y asesinos: de Mauleón contra la CNTE – 30-30
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De chayotes y asesinos: de Mauleón contra la CNTE

Camilo Ruiz Tassinari

De chayotes y asesinos: de Mauleón contra la CNTE

Camilo Ruiz Tassinari

Antier domingo, durante la refriega entre federales y maestros en Juchitán, fue ejecutado Eligio Ramos, periodista del diario local El Sur. Ramos recibió un balazo en la nuca a unos metros de un Oxxo, aparentemente disparada por un arma automática.

 

El lunes 20, Héctor de Mauleón tituló su columna semanal: “¿Asesinos en la CNTE?” en la que –el título no deja lugar a ninguna duda- acusa al magisterio de asesinar a Ramos. La acusación no es políticamente inocente. Hacerla al día siguiente de que la policía asesinó a ocho personas en una manifestación del magisterio no es ninguna casualidad. Aun así, como todo buen periodista, de Mauleón tendría todo derecho de decir la verdad aunque fuera incómoda para cualquier movimiento social. Pero no es el caso. Su texto es una grosera compilación de chismes, mala fe y sugestiones sin fundamento. En pocas palabras, una calumnia. Veamos.
 
¿Cuáles son las pruebas que proporciona de Mauleón para sostener la afirmación de su título? Absolutamente ninguna. Su texto no contiene una sola evidencia. Su efecto se basa en una tendenciosa estructura narrativa. Los dos primeros párrafos nos dicen que las últimas fotos que Ramos tomó antes de ser asesinado fueron del “vandalismo y rapiña” y de los “incendios” provocados por la CNTE. Cualquier lector puede empezar a asociar y hacerse una idea de los motivos del magisterio para asesinar al periodista.
 
Luego, de Mauleón cuenta con cierto detalle las actividades de Ramos durante ese día. Cómo le escribió a la editora que ya iba al lugar de los enfrentamientos, las fotos que tomó del bloqueo, etcétera. En este relato, no hay absolutamente nada que sugiera que los maestros lo pudieran haber atacado durante las cuatro horas que tomaba fotos de la batalla campal, o que éstos manifestaran molestia ante la labor del periodista. Pero de repente su historia da un giro: encapuchados que atacaban comercios le dicen a Ramos (y a otros periodistas) que dejen de tomar fotos o se atengan a las consecuencias. ¿Por qué los encapuchados surgen hasta cuatro horas después de iniciado el enfrentamiento, ya que se rompieron filas? ¿Esos encapuchados están ligados a la CNTE? ¿Acaso hay maestros (no encapuchados) involucrados en los saqueos de comercios?
 
A nuestro objetivo columnista nada de esto le interesa. La asociación maestros-encapuchados está hecha.
Minutos después de haber recibido esta amenaza, Ramos muere a sangre fría, junto con un acompañante. No hubo trifulcas, intentos de quitarle la cámara, gritos de “prensa vendida” por parte de los atacantes. Simplemente fue ejecutado.
 
A continuación, de Mauleón relata la conversación que tuvo con la subdirectora del Sur, quien le cuenta que se ha vuelto difícil cubrir a la CNTE, que los maestros les gritan prensa vendida y “nos golpean, nos envuelven, nos retienen, nos quieren quitar las cámaras”. Eso está mal de parte de la CNTE, pero de eso a disparar a quemarropa hay un trecho bastante largo.
 
Eso, y un twit, son las pruebas de de Mauleón para acusar a la CNTE de asesinato en primer grado. ¿Qué hay de las evidencias de lo contrario? Al final de cuentas, de Mauleón escribe una columna, no un reportaje, así que se puede permitir más o menos lo que sea. Incluyendo no mencionar ninguna cosa que no encaje con su historia. La primera, simbólicamente, podría ser la propia nota que El Sur publicó en su sitio acerca del asesinato del periodista. En esta, relatan lo siguiente: Ramos fue a cubrir el robo de un Oxxo, de donde los asaltantes se dieron a la fuga, y minutos después dos personas en una motocicleta lo rafaguearon a él y a sus acompañantes.
 
O pudo, tal vez con menos gusto, haber hablado de la nota oficial, la que con poca responsabilidad han reproducido la mayoría de los medios. Esta, que recoge la declaración de la Agencia Estatal de Investigaciones, dice que a Ramos se le vincula con un criminal llamado El Fayo y que entre sus ropas se encontró una 9 milímetros.
 
¿Los asesinos fueron los ladrones del Oxxo? ¿Ramos estaba involucrado con el hampa local? No sabemos nada de esto. Sugerir la segunda sería por lo menos tan irresponsable como decir que lo asesinó la CNTE.
 
La pregunta es: si hay tres versiones posibles, una de ellas respaldada por el diario y otra por la policía, ¿por qué de Mauleón le dedica su columna a la que culpa a los maestros? ¿Por qué ni siquiera mencionar las otras posibilidades?
 
La respuesta no es periodística, es política. Porque acusar a la CNTE –así, en general, a un sindicato de 70 000 miembros- de asesinato al día siguiente de una represión que cobró 8 víctimas tiene un objetivo claro. Porque si la CNTE es capaz de matar a un periodista no es mejor que el gobierno. De Mauleón pone en el mismo nivel moral a la Sección 22 y a la PFP: los dos asesinan a sangre fría. Ladrón que roba a ladrón…
 
Desde Ayotzinapa, de Mauleón ha caminado la cuerda floja de intentar mantenerse como una voz independiente que critica al gobierno pero que reserva sus mejores balas contra las inconsistencias de los movimientos sociales. Ayer lunes, de Mauleón se cayó de esa cuerda. Cayó en un campo de chayotes.

 

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