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COVID-19: Mujeres en la primer línea contra los fracasos mortales del capitalismo – 30-30
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COVID-19: Mujeres en la primer línea contra los fracasos mortales del capitalismo

Mujeres por la Libertad, POS y RW

COVID-19: Mujeres en la primer línea contra los fracasos mortales del capitalismo

Por un combativo 1º de Mayo 2020

Las mujeres estamos a la vanguardia de la lucha contra la pandemia mundial de coronavirus y el colapso de la economía capitalista. 

 

Como nunca antes las mujeres ponen sus cuerpos en alto riesgo de contagio para ofrecer los servicios indispensables. Como trabajadoras de la salud, proveedoras de alimentos, empleadas de supermercados, docentes, personal de cuidado infantil y empleadas domésticas, las trabajadoras de actividades esenciales tienen que luchar por material de protección y pago de salarios, batallas muchas veces dirigidas por mujeres temerarias. Las mujeres también están representadas desproporcionadamente en la economía informal alrededor del mundo, en trabajos precarizados de la industria como en las maquiladoras, como vendedores ambulantes, empleadas en casas particulares o sometidas a la explotación sexual, desde donde luchan día a día con la pobreza y carecen de licencia por enfermedad, cobertura de desempleo y atención médica.

 

Para grupos especialmente oprimidos, la amenaza se multiplica. Los pueblos indígenas se encuentran entre los más pobres del mundo, con acceso limitado a servicios esenciales. El despojo de tierras indígenas ha causado inseguridad alimentaria y una contaminación extrema de los recursos naturales. En los EE. UU., el racismo arraigado provoca que la mortalidad del virus en la comunidad latina y negra sea el doble que  en la población en general. La comunidad LGBTQI enfrenta mayores riesgos debido a que muchos de sus jóvenes no tienen hogar y subsisten de empleos precarios, además de las manifestaciones de evangélicos que los culpan falsamente y condenan el “homovirus”.

 

A los migrantes indocumentados se les niegan los servicios públicos y viven con el miedo constante a las redadas de inmigración, sin embargo, el agotador trabajo que realizan en los campos, las cocinas y las entregas, mantienen a otros alimentados. Las fronteras están cerradas para los refugiados, que ya soportan algunas de las peores y más inhumanas condiciones de confinamiento del mundo. También se niega el tránsito internacional a migrantes con papeles, como los trabajadores temporales de visas de Australia.

 

Como siempre cuando el sistema le falla a las personas, las consecuencias recaen en el trabajo no remunerado de las mujeres. Cuidan de familiares enfermos y supervisan la educación en el hogar, mientras la presión por las compras y la limpieza se incrementa. A esto se suman estresantes “trabajos esenciales”, el trabajo a distancia, o simplemente la angustia de tratar de llegar a fin de mes en momentos en que las patronales producen millones de despidos y rebajas salariales sobre el conjunto de las masas trabajadoras en el mundo.

 

El capitalismo mantiene su poder enfrentando a las personas entre sí, reforzando los privilegios y culpando a chivos expiatorios. Para muchos y muchas “quédate en casa” es insostenible sin asistencia de ningún tipo y sin otra alternativa que buscar el sustento día a día para no morir de hambre. 

 

El encierro resulta un peligro mortal si se vive junto a machistas o familiares violentos, en todas partes donde el confinamiento se ha instituido de manera obligatoria la violencia doméstica y los feminicidios se han disparado. En Argentina en un mes de cuarentena 24 mujeres fueron asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas. Mientras afirmaba prepararse para la emergencia de COVID-19, el estado mexicano ha descuidado aún más la epidemia de violencia contra las mujeres desatada por el machismo y el crimen organizado. Las cifras oficiales reportan 76 feminicidios ocurridos en marzo de este año. Las llamadas de emergencia por violencia doméstica han aumentado, pero el estado retiene recursos para atender a las víctimas. Las familias de personas desaparecidas quedan a la deriva al no recibir apoyo de las instituciones ni poder organizar manifestaciones públicas para presionar por la aparición de sus seres queridos.

 

Los misóginos están utilizando cínicamente la pandemia para aumentar los ataques a los derechos reproductivos. Numerosos estados de EE. UU. niegan los abortos, alegando que el procedimiento es una cirugía electiva que desperdicia recursos médicos escasos, sin embargo, la demanda de aborto ha aumentado debido a la desaparición de los ingresos y al efecto desconocido del virus sobre el embarazo. Aborto Legal México reporta que la pandemia ha provocado el colapso de los servicios de aborto en todo el mundo. Los fondos se han agotado para mantener abiertas las clínicas y proporcionar a las mujeres medicamentos para el aborto. Las mujeres en Polonia están luchando contra los intentos del parlamento de prohibir el aborto y la educación sexual. Temen un regreso a los días del aborto espontáneo con agujas de tejer y orfanatos llenos de niños no deseados.

 

Las representaciones racistas de COVID-19 como el “virus chino” han provocado ataques físicos contra personas de ascendencia asiática en los Estados Unidos y en Australia. Los supremacistas blancos están elaborando teorías de conspiración racista. En todo el mundo, se culpa a los inmigrantes como la fuente de la “invasión viral”. Corea del Sur ha tenido protestas contra los viajeros chinos y los africanos están siendo atacados en China.

 

“El estado opresor es un macho violador” (himno feminista de la rebelión chilena)

 

La crisis aviva el impulso de los gobiernos hacia al totalitarismo. El estado de excepción con militares en las calles y las modernas técnicas de espionaje y vigilancia para imponer la disciplina social de los poderosos, se expanden por todos los continentes con el argumento de combatir la pandemia. Los policías patrullan los barrios pobres para sofocar los disturbios debido a la escasez de alimentos. Los bloqueos impuestos por medio de la militarización reflejan el sexismo y el racismo de la clase dominante.

 

En Argentina, más de 60 mil personas han sido detenidas o demoradas bajo la acusación de violar el confinamiento obligatorio, una mujer de 40 años que fue arrestada por romper la cuarentena fue encontrada ahorcada en una celda de la estación de policía. En otro incidente, la policía detuvo a una maestra que circulaba en su automóvil para comprar comida. La maltrataron, la acusaron de dos delitos y le confiscaron el auto, esto mientras crece el número de feminicidios.

 

En los Estados Unidos, la policía acosa a hombres afroamericanos. Un médico negro en Miami fue esposado y detenido fuera de su casa mientras se preparaba para un turno voluntario para evaluar a las personas sin hogar por COVID-19.

 

La policía australiana ataca a las personas aborígenes sin hogar, con multas por violaciones de cuarentena, en un país donde el encarcelamiento indígena es el más alto del mundo y las muertes bajo custodia continúan aumentando.

 

El liderazgo de las mujeres muestra una salida

 

Existe una creciente conciencia de que las trabajadoras inmigrantes y de color menos remuneradas y menos respetadas son las más esenciales para el bienestar de la sociedad. Estas trabajadoras demuestran que pueden forzar el cambio y saben cómo hacer que sus lugares de trabajo funcionen en beneficio de la comunidad.

 

Las demandas socialistas para la industria nacionalizada, la atención médica y la planificación global bajo el control de la clase trabajadora se revelan como viables y necesarias. Los fondos de recuperación deben provenir de las arcas de corporaciones e individuos ricos, de eliminar drásticamente los gastos militares imperialistas y los destinados a controles fronterizos xenófobos, y de la suspensión del pago de las deudas públicas usurarias contraídas por los gobiernos sin ningún beneficio para los pueblos.  

 

Después de cuatro años de revuelta mundial sin precedentes, las feministas han dado un paso adelante para proporcionar soluciones de colaboración y una organización transfronteriza crucial. Ellas y sus aliados pobres, de clase trabajadora, de todos los colores, géneros, naciones y sexualidades son clave para crear un sistema seguro, humano y saludable de socialismo democrático, feminista y dirigido por las y los trabajadores.

 

Nosotras demandamos:

 

– Prohibición de despidos, empleo para todas las personas, disminución de las horas de trabajo SIN rebaja salarial

 

– Condiciones de trabajo seguras y equipo de protección personal completo para cada persona trabajadora.

 

– El cuidado de la salud debe estar en manos de comités de trabajadores y de la comunidad, y debe estar disponible para cualquier persona, independientemente del estado de inmigración. Por la estatización de todos los recursos sanitarios y un sistema único de salud gratuito, bajo control de quienes realmente tienen interés en defender la salud pública: las y los trabajadores y la comunidad

 

– Vigencia plena de los derechos y libertades democráticas, abajo los estados de excepción y militarización de la sociedad. 

 

– El distanciamiento social y la protección de los más vulnerables es una tarea comunitaria, cuanto más democrática y organizada mayor será su eficacia para controlar los contagios.

 

– Amnistía en el pago del alquiler. El fin de la falta de vivienda.  

 

– Vivienda segura para mujeres y niños que huyen de la violencia.

 

– Aborto quirúrgico gratuito y disponible, medicamentos abortivos y Plan B.

 

– Cuidado infantil gratuito de calidad las 24 horas para todos.

 

– Ingreso garantizado para todos. Condonación de la deuda estudiantil.

 

– Liberar a todos los presos políticos, inmigrantes detenidos y personas condenadas por delitos NO violentos.

 

– Apertura de las fronteras. Derechos laborales completos para todos los trabajadores residentes y migrantes.

 

Imagen: Enfermeras protestan fuera de la Casa Blanca, Washington, D.C. para demandar medidas de protección para personal de salud, pacientes y por la defensa de la salud pública ante el COVID-19.


Declaración conjunta de Mujeres por la Libertad (Argentina), Partido Obrero Socialista (México) y Mujeres Radicales (Australia – EE. UU.)