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Corrupción y violación de leyes, son parte del sistema capitalista – 30-30
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Corrupción y violación de leyes, son parte del sistema capitalista

Juan Reséndiz

Corrupción y violación de leyes, son parte del sistema capitalista

Juan Reséndiz

Preocupa la corrupción. Una enorme cantidad de políticos y empresarios están envueltos en actos ilícitos. Desde el presidente de la República, gobernadores y funcionarios de todos los partidos institucionales se encuentran acusados, están prófugos o en la cárcel.

 

Está bien la indignación y el rechazo a este cáncer social, pero no basta. Para solucionar este problema es preciso pasar del malestar al entendimiento razonado. Y a la acción: a castigar a los criminales. Y acabar de raíz con el problema, con el capitalismo.

 

En el 2004, a raíz del escándalo en que se vio involucrado René Bejarano (en aquel tiempo brazo derecho de López Obrador) cuando recibió fajos de billetes para la campaña de AMLO, publicamos en El Socialista, en marzo de 2004, un artículo que explica este fenómeno desde una visión científica.

 

A continuación, algunos fragmentos:

 

Crédito: Memi Beltrame vía Flickr.

La corrupción florece y se desarrolla en una sociedad como la capitalista, que ha hecho del dinero el valor supremo, el verdadero Dios. Cualquier conducta es, en los hechos, aceptada –a veces admirada- si obtiene dinero y acumula riqueza. El fin de la producción y de la economía capitalista es obtener ganancia, no satisfacer necesidades humanas. Si un capitalista instala una panadería, la cerrará si no lucra con ella, aunque haya personas que necesiten apremiantemente ese alimento.

 

El Estado de los capitalistas es inconcebible sin corrupción, sin el robo de recursos públicos por funcionarios y empresarios.

 

Cuando Carlos Marx, el ideólogo de la liberación del proletariado, estudió el Estado, descubrió que era un instrumento de los capitalistas para dominar a los trabajadores y al pueblo mediante leyes, tribunales, jueces, diputados, policías y soldados. También observó que sirve para que la fracción de la burguesía que lo controla se enriquezca ilícitamente. Según Marx, los distintos grupos de la burguesía que pelean entre sí por el poder, ven al Estado como un “botín” del que pueden gozar a su capricho al conquistarlo. “El Estado… es en realidad el más escandaloso de los escándalos de la burguesía y, al mismo tiempo, la matriz de toda su putrefacción”, escribió.

 

Un continuador de la teoría socialista, el belga Ernest Mandel, hizo un minucioso estudio sobre la vejez de este sistema[i]. Encontró que “el capitalista medio del siglo XX vive cada vez más al margen de la ley, si no es que en efectiva infracción de la misma.” Apoya su afirmación en dos estudios sobre las corporaciones capitalistas publicados en sendas revistas dedicadas a empresas, la Harvard Business Review y Fortune. De la primera extrajo lo siguiente:

 

“Una empresa que definiera ‘lo bueno’ y ‘lo malo’ en los términos que satisfarían una conciencia contemporánea no podría sobrevivir. No puede esperarse que ninguna compañía sirva al interés social a menos que sirva a su propio interés. Los archivos de la Comisión Federal de Comercio, la Administración de Alimentos y Medicinas y otras agencias gubernamentales están llenas de casos de compañías respetables (¡!) que no han dudado en romper o abusar de la ley cuando creían que podrían salirse con la suya. No es raro que una compañía infrinja una ley, incluso sabiendo que ello se descubrirá, si calcula que la multa que tendrá finalmente que pagar representa sólo una fracción de las ganancias que la violación entretanto le permite obtener.”

 

Mandel añade que la corrupción, como parte consustancial del sistema capitalista, se extiende al pago de impuestos, siendo considerada su evasión como normal e inevitable por los mismos capitalistas:

 

“La evasión fiscal se convierte en un arte para las compañías capitalistas.” “Mucho de esto es aceptado como inevitable o legítimo. La Oficina de Impuestos de Estados Unidos ha permitido a las compañías deducir los sobornos dispensados a funcionarios extranjeros como ‘costos de operación del negocio’.”

 

El PRD y Morena no se proponen destruir el Estado y crear uno nuevo, de los trabajadores. Prefirieron convertirse en administradores del poder de los capitalistas. Al hacerlo, no se han podido sustraer a una de las más abominables leyes de tal Estado: ser la “matriz de la corrupción”. Hoy vemos como, junto con políticos del PRI y el PAN, chapalean en el fango y se sumergen para siempre en la desvergüenza y la indignidad.

 

[i] Mandel, Ernest, El Capitalismo tardío, Ed. Era, 1980, págs. 495 – 497.

 

Crédito de imagen: Carmen María Real Perera vía Flickr.


Juan Reséndiz es trabajador sindicalizado de la UNAM. Este artículo fue publicado en El socialista #388, periódico del Partido Obrero Socialista.

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