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Contra la guerra en Siria – 30-30
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Contra la guerra en Siria

Camilo Ruiz Tassinari

Contra la guerra en Siria

Camilo Ruiz Tassinari

A principios de abril Estados Unidos bombardeó, por primera vez, a las fuerzas militares del presidente sirio Bashar al-Assad, como respuesta al presunto uso de armas químicas. La posición americana sobre Siria ha sido complicadísima desde prácticamente el principio del conflicto, puesto que la oposición “democrática” contra el dictador inicialmente favorecida por occidente se desintegró o se pasó del lado del Estado Islámico. Lo que hemos tenido durante los últimos años ha sido a un al-Assad apoyado por los rusos y los iraníes; un fundamentalista y ultraviolento Estado Islámico financiado por las monarquías del golfo, y una región kurda en el norte que ha tenido que luchar tanto contra los islamistas como contra los turcos. En este complicado panorama, Estados Unidos no tiene a quién apoyar. Si Assad gana, es una gran victoria rusa; si el Estado Islámico se queda con Siria, es el caos en todo el Medio Oriente. Cualquier cosa es, para Estados Unidos, una catástrofe –o en el mejor de los casos, una humillación.

 

Durante la campaña electoral, Trump prometió que tenía un “plan brillante” para terminar con el Estado Islámico, y criticó duramente al gobierno de Obama por no tomar acciones contundentes contra el terrorismo. Los que defienden la tesis de que Trump ganó gracias al apoyo de Putin y que es su caballo de Troya temían precisamente que la política americana en Siria se alineara con la rusa y con Bashar al-Assad. Si de algo sirve, el reciente ataque americano al gran aliado de Putin ha generado la mayor tensión diplomática entre Rusia y los EU en tal vez una década; y muestra que, si el presidente ruso hizo algo durante la campaña americana, no le va a servir de gran cosa. En cualquier caso, es exagerado hablar de una posible “Tercera Guerra Mundial” tal y como lo ha hecho la prensa sensacionalista. Rusia entiende que Trump tenía que hacer esto –la base aérea bombardeada fue avisada con tiempo para que pudieran evacuarla y no muriera nadie. Y lo último que Putin quiere es una guerra con Estados Unidos.

 

El ataque a Bashar al-Assad le granjeó a Trump el apoyo de su partido y de los demócratas. Hillary Clinton estaba exultante de que su antiguo archirrival hubiera bombardeado con el mismo tonelaje con el que ella lo hubiera hecho. Ni siquiera Bernie Sanders se opuso terminantemente, y en una escueta declaración criticó al dictador sirio por usar armas químicas (nada en contra de que su país tire bombas a miles de kilómetros).

 

Dicen que no hay como una buena guerra para levantar a un gobierno en crisis; y si todavía estamos muy lejos de una intervención sobre el terreno, no es de descartar que este tipo de acciones se hagan más comunes –una semana después Trump atacaría una supuesta base del Estado Islámico, como para mostrar que estaba en contra de ambos bandos, lo que dejó más de 50 muertos. Si su gobierno sigue tan débil, veremos más y más acciones desestabilizadoras en el Medio Oriente –y posiblemente contra Corea del Norte- que intenten poner de su lado a los dos partidos al ritmo del tambor de la guerra.

 

La guerra en Siria es ya el conflicto más violento y devastador de lo que va del siglo. Hay dos líneas claras que la izquierda puede trazar frente a él: el apoyo a la autodeterminación de los kurdos y la solidaridad con Rojava, por un lado; y la oposición intransigente a la guerra y a la intervención imperialista (sea americana o rusa, iraní o saudí). La oposición democrática ha desaparecido hace tiempo. Los que quedan en la lucha contra al-Assad son distintas facciones del islamismo radical, que no son mejores que el dictador sirio. Hay que estar contra al-Assad, contra el Estado Islámico y contra Al-Qaeda; pero antes que nada hay que estar contra la guerra.

 

Crédito de imagen: Kurdish Struggle vía Flickr.


Camilo Ruiz Tassinari estudia elposgrado en historia en la UNAM. Este artículo fue publicado en El Socialista #388, periódico del Partido Obrero Socialista.

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