Top
Cascabelito –Ana María Marcela Yarce Viveros – 30-30
fade
4197
post-template-default,single,single-post,postid-4197,single-format-standard,eltd-core-1.0,flow-ver-1.2,,eltd-smooth-page-transitions,ajax,eltd-grid-1480,eltd-blog-installed,page-template-blog-standard,eltd-header-type2,eltd-sticky-header-on-scroll-down-up,eltd-default-mobile-header,eltd-sticky-up-mobile-header,eltd-dropdown-default

Cascabelito –Ana María Marcela Yarce Viveros

Wilbert Torre

Cascabelito –Ana María Marcela Yarce Viveros

Por Wilbert Torre

Marcela Yarce era una mujer de familia, de principios sólidos y amistades robustas. Era alegre, detestaba reñir y, cuando alguien alzaba la voz, prefería no discutir. No era periodista, pero toda su vida trabajó entre periodistas, y en un medio repleto de mezquindades era como una hermana dulce en una jungla habitada por lobos: siempre intentando apaciguar los ánimos y hacer claudicar las enemistades.

 

Por eso, nadie –ni su marido, ni sus dos hijos, ni sus amigos – puede explicarse lo que sucedió el 31 de agosto de 2011.

 

anamyMarcela nació en Puebla, en una familia de clase media. Su padre era un empleado de Ferrocarriles Nacionales que siempre se preocupó por la educación de sus hijos: Carlos se graduó en contaduría, Marcela en periodismo y Luis Alfonso en medicina. Don Carlos -un tipo alegre y cariñoso- se refería a Marcela como ‘cascabelito’. La madre era una mujer estricta y amorosa que había implantado en sus hijos la importancia de la familia. Ambos eran conservadores y muy católicos.

 

Marcela creció en esa atmósfera.

 

“Los primeros años vivió en un castillo de cristal, protegida por su familia”, recuerda Jesús Matus, su marido.

 

Un 31 de agosto de 1991, Marcela salió de su casa para casarse.

 

Se habían conocido en una convención empresarial. Marcela era corresponsal de Novedades y Matus trabajaba en El Universal. En una cena, se sentaron en distintas mesas. Intercambiaron miradas y bailaron. “Estalló la química entre los dos”, recuerda Matus.

 

Fue un amor a primera vista.

 

Tras casarse, Marcela no dejó de trabajar y de estudiar -una maestría en los años siguientes- regida por los principios que había recibido en casa. Un día, cuando trabajaba como reportera asistente para el periodista Juan Ruiz Healy, entrevistó al presidente del PRI. Cuando el texto se publicó, recibió en su casa un cheque. Lo devolvió y Ruiz Healy enfureció. Ese día terminó su relación laboral.

 

Entonces fue que se dedicó a las relaciones públicas. Trabajó en la Secretaría de Energía, en una alcaldía y para dos revistas. Cuando sus hijos -Carlos Jesús y Fernanda- nacieron, ella siguió trabajando. Años después, su matrimonio hizo crisis: en 2001, Jesús y Marcela se separaron.

 

Fernanda recuerda a su mamá levantándose a las 5h de la mañana para cortar fruta y prepararles el almuerzo. Los llevaba a la escuela y por la tarde les hablaba por teléfono. Regresaba a las 9h de la noche y se metía a la cocina. Cuando la veía muy cansada, Carlos Jesús la mandaba a dormir y cocinaba por ella. Ambos la recuerdan como una madre estricta y amorosa, preocupada porque entendieran la importancia de la familia y los estudios. Seis meses después de haberse separado, Jesús y Marcela decidieron volver a vivir juntos. Era lo que más deseaban sus hijos. “Fue una esposa generosa”, dice Jesús. “Siempre estuvo conmigo hasta en el más arbitrario de mis excesos. Sabía ofrecer disculpas, pero sobre todo sabía perdonar”.

 

En 2008 se separaron de manera definitiva.

 

El 31 de agosto de 2011, Marcela fue encontrada muerta en un parque de Iztapalapa, desnuda y con un disparo en la pelvis. Las autoridades concluyeron que la habían asesinado tres personas y que el móvil había sido el robo.

 

Para Raúl Correa, viejo periodista, padrino de bodas de Marcela, se trata de un crimen no resuelto.

 

“¿Por qué tanta saña?”, se pregunta. Él la recuerda amistando a los compañeros enfrentados en la Fraternidad de Periodistas. Marcela llegó a contar que se sentía perseguida. Trabajaba para Contralínea, una revista que publicaba denuncias que involucraban instituciones de gobierno.

 

Nueve meses antes de morir, Marcela publicó en su muro de Facebook el emblema de la campaña NO + SANGRE y escribió: “No podemos vivir en la indiferencia. Gracias a Dios no nos ha tocado vivir una tragedia familiar. Hay que ponerse en los zapatos de quienes viven aterrados”.

 

El 14 de mayo de 2012 un juez otorgó un amparo al principal acusado del crimen -las autoridades se apresuraron a considerarlo feminicidio-, un hombre que podría recobrar su libertad por cincuenta mil pesos.

 

Crédito de foto: Eneas de Troya.


Hemos decidido compartir cada semana una biografía distinta de cada periodista asesinado. Estamos convencidos de que la lucha socialista en México implica la búsqueda de justicia…y para que ésta última sea posible debemos luchar contra el olvido. Aunque la prioridad de 30-30 es la publicación de textos originales, haremos una excepción con esta serie de biografías, las cuales consideramos como un material valioso poco conocido dentro de la izquierda radical mexicana.

Share on Facebook9Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Email this to someone