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¿Bien y de buenas…? ¿De qué hablas? – 30-30
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¿Bien y de buenas…? ¿De qué hablas?

¿Bien y de buenas…? ¿De qué hablas?

Juan Reséndiz

 

¿Cómo se encuentran en este momento el país y el gobierno? Bien y de buenas… Son las palabras que utilizó López Obrador para definir la situación en la que se encuentra su gobierno, así como la situación del país al iniciar su sexto mes de gestión.

 

Bien y de buenas, afirmó sin recurrir al tono vacilante tan característico en él. Sin embargo, esta aparente convicción de ninguna manera es la de articulistas, especialistas en la materia y la de empresarios, quienes tienen una visión distinta y aún opuesta sobre la situación nacional y sobre su gobierno; mucho menos es compartida por un sector creciente de la sociedad que día con día es fustigada por la ineficiencia gubernamental.

 

En el pasado reciente la sociedad se pitorreaba de las declaraciones de Fox y su mundo foxilandia; pero ahora, por lo expresado por el tabasqueño, pareciera que éste nuevamente retorna: ¡Bienvenidos al mundo pejelandia!, donde el rey de las flores quiere hacer del lema “bien y de buenas” su arma de convencimiento al estilo del infantil “me canso ganso”. Si bien en el pasado la izquierda “progresista” brilló por su mordacidad, en esta ocasión brilla por su ausencia. Hasta el momento se ha mostrado incapaz de elaborar una crítica mínima.

 

Una economía estancada que tiende hacia la recesión

 

Dejando a un lado los sueños, los datos fríos que nos brindan especialistas, organismos financieros internacionales y agencias calificadoras, nos hablan de una realidad terrible en materia económica. Afirman que desde el inicio del actual sexenio la economía se encuentra estancada; es decir, con nulo crecimiento económico hasta el día de hoy, y con elementos verdaderamente alarmantes, como lo es la recesión en que se encuentra el sector industrial y los despidos masivos (con su consecuente aumento en el desempleo) puestos en marcha por el gobierno de la cuarta transformación.

Ofrecen más datos: los indicadores económicos se mantienen negativos o a la baja, poseemos una deuda pública que asciende este año a cerca de 11 billones de pesos y que se mantendrá en carrera ascendente y una inversión que para 2018 representó el 2.7 por ciento del PIB, de las más bajas en América latina, y con una tendencia decreciente en lo que va del año; por otro lado, exportaciones y recaudación tributaria mantendrán un retraimiento.

 

El Banco de México, impactado por la realidad, el pasado mes de mayo por cuarta ocasión tuvo que bajar su expectativa de crecimiento para el país, situándola en esta ocasión entre un 0.8 a 1.8 por ciento para el final de año. Organismos internacionales y consultoras son más sensatos y sitúan este techo entre 1.2 y 1.5 por ciento. Ahora que están en puerta los datos en materia económica para este segundo trimestre, la discusión entre especialistas no es si México va a despegar, sino sobre el grado de desaceleración de nuestra economía o si de plano habrá ya que decretar formalmente la recesión.

 

 

Violencia e inseguridad galopante

 

Pero la economía no es el único rubro con tintes críticos. López Obrador tiene otro franco abierto en el terreno de la violencia e inseguridad, materia de la cual también sale mal parado. De nada sirve haber creado una Guardia Nacional (aun cuando sabemos que el objetivo de su creación es otro), la inseguridad y la violencia aumentan a un paso galopante, ya el primer trimestre se convirtió en el más violento del que se tenga registro en los últimos años, según reportes del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (revista Gatopardo. 23/ 04/19).

 

La profundidad de esta problemática, así como la parálisis por parte del poder, han generado verdaderas crisis al interior de algunos gobiernos, como sucedió en Veracruz y más recientemente en la Ciudad de México con el caso de los estudiantes asesinados. En ambas entidades fue de tal magnitud la indignación y el escándalo público, que López Obrador se vio obligado a hacerse presente para brindar un espaldarazo político tanto a Cuitláhuac García como a Claudia Sheinbaum sin importarle el agravio hacia las familias de las víctimas, mucho menos que el problema se quedaba latente. En el caso de la Sheinbaum el respaldo resultó doblemente necesario ya que con anterioridad cargaba el peso de su total incompetencia ante la crisis ambiental que padecieron los habitantes de la Ciudad de México.

 

Cascada de renuncias como reflejo de una crisis

 

Un tercer frente lo constituye la renuncia de miembros de su gabinete. Esto no es cosa menor pues estamos hablando de un gobierno que está por cumplir apenas sus primeros seis meses y carga ya con el peso de varias renuncias en su equipo cercano de trabajo. Germán Martínez en el IMSS, Josefa González titular de la SEMARNAT, Clara Torres de la Secretaría de Bienestar y Simón Levy de la subsecretaría de Turismo. A ellas se agregan las renuncias de Patricia Bugarín, Subsecretaria de Seguridad y Protección Ciudadana, Guillermo García Alcocer, Comisionado Presidente de la Comisión Reguladora de Energía (CRE) y Rochín del Rincón, Comisionado Ejecutivo para la Atención a Víctimas.

Los motivos son distintos, pero todas apuntan hacia una mala administración por parte del gobierno federal: recortes resultado de políticas de austeridad, intromisión por parte del gobierno, imposición, diferencias con el proyecto, etcétera. Más allá de la responsabilidad que el gobierno federal pueda tener en estas renuncias, esta cascada de renuncias es reflejo de una crisis al interior del equipo de gobierno. Al mismo tiempo, estos movimientos de recambio sin duda que impactaran de una u otra manera a la población.

 

Esta crisis al interior del equipo de AMLO de igual manera se está haciendo presente con el enfrentamiento que el tabasqueño sostiene actualmente con Porfirio Muñoz ledo, Presidente de la Cámara de Diputados, a propósito del tema migratorio. Esta inconformidad por parte de uno de los principales dirigentes de Morena sin duda que no es más que la expresión más visible del malestar y desacuerdo que recorre entre decenas dirigentes y cuadros medios de Morena respecto a las políticas implementadas por López Obrador hasta ahora.

 

Ni bien, mucho menos de buenas se encuentra el país y el gobierno. El sector empresarial se da cuenta de este ambiente de inseguridad e incertidumbre, es por ello que ha cerrado la llave del capital hacia la inversión. Más sin embargo también han manifestado su disposición a inyectar algunos recursos a la economía nacional pero solo bajo la condición de que sientan seguridad, confianza y certeza para sus dineros.

 

¿Cómo acabar con el crimen organizado, generador de tanta violencia, si ni siquiera tiene la intención de dar una lucha seria contra esta? ¿Cómo reactivar la economía?

 

Pemex que fue la fuente principal de ingresos de gobiernos anteriores hoy se encuentra al borde del colapso. Más que sustraerle requiere que se le haga llegar un importante subsidio. La deuda, si bien no es incontrolable, si es bastante voluminosa. Esto por sí solo no anula que el gobierno de la 4T esté dispuesto a continuar incrementándola sin importar los efectos nocivos que este acto traerá tanto para la economía nacional como para la doméstica.

 

Otro rubro que recientemente han puesto a consideración entre diputados, senadores y secretarios de Estado de Morena, es el de aplicar más recortes al presupuesto, a la par que incrementar impuestos y aumentar precios. A esto se refieren con las iniciativas/rumor de aumentar los precios a la gasolina y a la energía eléctrica, así como la de resucitar la tenencia vehicular.

 

En caso de aplicar estas medidas, más allá de su efectividad para el gobierno de AMLO, lo cierto es que se convertirán en fuertes detonantes que podrían terminar por desatar al tigre de la movilización popular. Es a esta a la que apostamos los socialistas como herramienta de lucha para cambiar las condiciones de vida de obreros, campesinos y demás explotados en el país.

 

Crédito de imagen: INEGI.


Juan Reséndiz es trabajador de base de la UNAM.