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Guillermo Almeyra, “consejero anti-capitalista” de Maduro – 30-30
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Guillermo Almeyra, “consejero anti-capitalista” de Maduro

Manuel Aguilar Mora

Guillermo Almeyra, “consejero anti-capitalista” de Maduro

Manuel Aguilar Mora

La compleja y dramática situación de Venezuela en los últimos días está llegando a momentos cruciales, esos en los que se anuncian cambios decisivos, rupturas históricas. ¿Cuál dirección tomará el curso de los acontecimientos? Dependerá de muchos factores que se logre superar la situación en favor de las fuerzas populares o al contrario que se agrave aún más la crisis que se vive actualmente con el correspondiente incremento de sacrificios y penalidades para la mayoría de su pueblo. Una cosa es absolutamente cierta: sólo un análisis concreto de las luchas políticas clasistas e interclasistas en ese país nos puede proporcionar una visión más precisa de lo que sucede.

 

Además en nuestros días los cambios revolucionarios (o contrarrevolucionarios) no son sólo “nacionales”, sino que son igualmente internacionales, por lo cual el destino que tenga la lucha de clases en Venezuela nos concierne también a nosotros. Como internacionalistas convencidos por eso nos interesa saber y analizar lo que allá pasa y ante todo con nuestra aportación mandar un mensaje de solidaridad a quienes luchan, como nosotros en México, por una alternativa anticapitalista ante la crisis profunda que atraviesan nuestros países latinoamericanos.

 

La lucha de clases en Venezuela

 

Como miembros de la Liga de Unidad Socialista (LUS) logramos converger con los compañeros del Partido Obrero Socialista (POS) y otros militantes de la Coordinadora Socialista Revolucionaria (CSR) en una declaración sobre Venezuela titulada “La situación en Venezuela y sus consecuencias histórico-mundiales”. Nuestra posición era de clara hostilidad y oposición a los dos fracciones burguesas que se disputan en este momento el poder estatal: la boliburguesía oficialista representada por el presidente Maduro y el bloque heterogéneo agrupado en la Mesa de Unidad Democrática (MUD) en donde convergen sectores representantes de la oligarquía desplazada desde hace más de tres lustros del poder por el chavismo. Considerábamos que el proceso revolucionario que se inició con el Caracazo, encabezado por el equipo político-militar chavista, arrasó con el antiguo régimen oligárquico bipartidista de Acción Democrática y Copei  y tomando distancias del imperialismo, avanzó rápidamente pero no atacó a fondo las raíces de la dependencia hacia la renta petrolera, clave de la dominación en última instancia del sistema imperialista en el país. Se instauró un régimen con un caudillo típico de la estirpe latinoamericana de los bonpartismos sui generis que Trotsky atestiguó y teorizó durante su último exilio en nuestro país en los años cardenistas.

 

El proceso venezolano con privilegiados afeites electorales muy favorables al caudillo, se extendió,  más de dos décadas y llegó a partir del 2010 a una encrucijada decisiva. La muerte de Chávez coincidió con el desplome estrepitoso de los precios del petróleo. Al líder bonapartista sui generis, con un talento político excepcional, le sucedió la caricatura del torpe y limitado Nicolás Maduro que ha tenido que enfrentarse a la situación desastrosa de hambre, desabasto, violencia e hiperinflación que ha cundido por todo el país sin que su gobierno delineara ni de lejos una alternativa anticrisis efectiva. No se percibe en ninguna de las dos fracciones burguesas en pugna ni el menor atisbo de concebir y erigirse como verdaderas alternativas superadoras de la situación.

 

Nuestra posición concluía que sólo los trabajadores y sus aliados los explotados y oprimidos tenían la potencia y la capacidad de forjar una verdadera alternativa revolucionaria, de  ir a la raíz de la crisis para resolverla y que lo conducente y consecuente es apoyar a los polos revolucionarios y socialistas que ya existen en Venezuela y que luchan por la forja de esa alternativa democrática, independiente y anticapitalista. Esta posición se opone a la adoptada por la mayoría de lo que se llama de modo general la “izquierda latinoamericana” en donde se encuentran las corrientes más diversas, con el predominio evidente de las moderadas, las “progresistas”, nacionalistas antiimperilistas y algunos resabios de las organizaciones estalinistas, que tuvieron sus tiempos dorados a fines de los años noventa y principios del nuevo siglo, pero que recientemente han entrado en estrepitosa crisis en Brasil (Lula, Dilma), Argentina (los Kirchner), Bolivia (Evo Morales), Uruguay (Frente Amplio) y que se refleja con más dramatismo en lo que sucede en Venezuela.

 

Un golpe con “apoyo de masas” y sin ejército

 

Guillermo Almeyra, quien destacó de inmediato entre los más fervorosos partidarios de la postura meramente “antiimperialista” y “antigolpista” con motivo de las grandes movilizaciones civiles contra Maduro realizadas en los últimos meses en Venezuela, no esperó mucho para lanzar críticas feroces a nuestras ideas y propuestas anteriores que calificó de “favorables al imperialismo”. De “grupúsculos ultraizquierdistas” no nos bajó –entre otros epítetos del mismo estilo que nos endilgó, en una parrafada de solo media cuartilla. Volvió al ataque cuando tal vez se percató que no era suficiente las pocas líneas en las que había escrito las numerosas descalificaciones que según él nos convertían en prácticamente renegados del marxismo, del socialismo y la democracia. Entonces escribió una respuesta más extensa que ha publicado en La Jornada (9 de julio de 2017), que es la que a continuación tomaremos en cuenta para contestarle.

 

El texto de Almeyra cuyo objetivo es exponer a los ignorantes (como nosotros en LUS y el POS), lo que como profesor rojo considera el ABC de las respuestas correctas, incurre en muchas contradicciones. Un ejemplo evidente son dos líneas en las que escribe que “Maduro debe ser defendido del golpe imperialista y sostenido ‘como la cuerda sostiene al ahorcado’”. “Defender y sostener a un ahorcado” (¡¿¡¿) he allí la tarea que según Almeyra corresponde a quienes nos solidarizamos con el pueblo venezolano. Según él el golpe imperialista que se prepara en Venezuela está representado por la abrumadora mayoría de manifestantes civiles que han sido reprimidos por el ejército cuyo control mantiene Maduro. Según esto va a ser un golpe “con apoyo de masas”. ¿Un golpe sin la participación del ejército? Una cosa está clara: el supuesto golpe imperialista que tanto determina la argumentación de Almeyra, no cuenta con el ejército pues a diferencia de los ejércitos chileno, argentino, uruguayo y brasileño que estaban bien coordinados por el Pentágono y que en su momento realizaron los golpes militares contra los regímenes civiles en los años sesentas y setentas, el ejército en Venezuela está bajo el control del gobierno del presidente Maduro, y constituye de hecho el apoyo principal que le queda a éste. Su oficialidad es una de las más favorecidas por la boliburguesía y está lejos de ser una amenaza para un sistema que es la fuente de sus muchos privilegios. Ello no significa que el control de Maduro blinde por completo a las filas de la oficialidad de las influencias del Pentágono, pero hoy por hoy el ejército no está en el campo considerado “golpista”.

 

La Mesa de Unidad Democrática  ni de lejos por si misma tiene el poderío militar para derrotar a unas Fuerzas Armadas perfectamente pertrechadas con las compras millonarias de armamento y encuadradas en el estado venezolano del mismo modo que están todos los ejércitos burgueses de América Latina. A este respecto Almeyra incurre en un desliz notorio cuando al señalar que el apoyo del ejército al gobierno de Maduro se beneficia del “origen de los soldados en los sectores más pobres de la población” parece olvidar que este rasgo no es privativo del de Venezuela sino de todos los ejércitos de la región, lo que no les impide que su estructura, jerarquía y objetivos estén determinados finalmente por la fidelidad y lealtad burguesa de su oficialidad. 

 

La victoria es una tarea estratégica

 

Almeyra no carece de buen humor. Como prueba está su “síndrome del pesero”, una calificación que en broma puso a los estalinistas que consideran que “no hay que molestar a quien conduce, esté borracho o lleve sus pasajeros al abismo”. Pero resulta algo patético que él mismo no se percate que el rechazo a su “síndrome”  lo coloca de hecho de acompañante de un conductor en pleno derrape. Después de tirotear a Maduro con un rosario de los más negativos calificativos [místico, torpe, tonto, primitivo, autor de pretextos para los golpistas, acarreador de masas a los proimperialistas, ayudante involuntario del imperialismo con sus acciones que agrietan al ejército y al aparato estatal, “bonaparte camarillesco dentro del mismo bonapartismo” (¡¿!¿)], finalmente concluye, creyendo que evita caer en el síndrome de marras, diciendo lo siguiente:

 

Maduro no necesita aduladores y seguidistas acríticos: requiere, en cambio, consejeros anticapitalistas que le hagan ver la necesidad de separarse de los corruptos y de apoyarse en el control directo por los trabajadores del abastecimiento y de los sectores económicos saboteadores. (Negritas añadidas).

 

¿Será posible que con hipotéticos apoyos de “consejeros anticapitalistas”, como quiere Almeyra, Maduro pueda revirar por completo la desastrosa política que “lo ha conducido al abismo”? ¿Será Maduro capaz de cancelar los pagos de la deuda externa a los bancos imperialistas, decretar el control estatal del comercio exterior, de expulsar a las mineras extractivistas de las concesiones en el Arco del Orinoco, de implantar una política de control de la producción de los trabajadores y de asestar un golpe mortal a la espiral inflacionaria? ¿Serán capaces los “consejeros anticapitalistas” de “hacerle ver” a Maduro la necesidad de dotarse de una política internacionalista como un factor esencial para convocar a los trabajadores de América Latina a la solidaridad con la Venezuela anticapitalista? Sólo el plantearlas muestra lo difícil que es la respuesta positiva a estas preguntas.

 

Como la definió el clásico, la victoria es una tarea estratégica. Y sin la estrategia correcta todos los ardides tácticos conducen a nada. Mientras el escenario esté dominado por las dos fracciones burguesas en pugna, mientras no se rompa verdaderamente con el imperialismo y éste siga siendo, vía los dos bloques por igual, el determinante en última instancia de la política del capitalismo en Venezuela, la crisis se agravará. Mientras el escenario lo copen el ejército, el Tribunal Superior, el partido oficial (el PSUV), por una parte y la Asamblea Nacional controlada por la MUD, por la otra, el imperialismo no tiene necesidad de hacerse presente de modo directo, pues los dos bloques son burgueses.

 

Urge concebir una estrategia diferente para la victoria, basada en forjar una alternativa desde el pueblo trabajador que rompa y supere esos bloques burgueses. Sin embargo, estas estrategia es, según una palabra que le gusta a Almeyra, aberrante. Los trabajadores no importan pues, dice él, “están lejos de tener la unidad suficiente para tomar el poder”, por lo cual se desprende según él que el pueblo venezolano sólo podrá triunfar apoyando a Maduro. Después, una vez derrotada la MUD, entonces sí, los trabajadores deberán enfrentar a la boliburguesía. Esta es la proyección de Almeyra para los trabajadores, preconizando así una política para el presente de claudicación ante la tarea prioritaria de todo socialista y revolucionario en América Latina: ser campeones de la organización independiente de clase, fortalecer las actuales y crear nuevas organizaciones proletarias y populares, apoyar las nuevas formas de poder popular fomentando la creatividad de las masas, propagandizar y agitar por la única solución radical a la crisis, la que surja de la práctica anticapitalista de los propios trabajadores y sus aliados. Fomentar la confianza en las fuerzas populares de que sólo con su acción revolucionaria e independiente será posible superar la actual situación de hambre, desempleo, corrupción y violencia que hunde en la frustración y confusión a amplios sectores de nuestros pueblos.

 

Perspectivas inmediatas

 

Estas líneas se escriben en días muy próximos a la fecha en que Maduro ha convocado la realización de la Asamblea Constituyente. Serán días de gran tensión política. Es evidente que la intención oficialista está dirigida a sacar una asamblea favorable para neutralizar y eliminar del camino a la actual Asamblea Nacional bajo el control de la oposición. Su organización permite de entrada que el gobierno disfrute de una mayoría. La oposición tiene en su rechazo a la Constituyente su principal contencioso contra Maduro. Ambas partes están sacando sus fichas y en los próximos días seguramente muchas cosas sucederán. Venezuela es hoy el centro de la atención mundial. Para el gobierno de Caracas los apoyos son esenciales, como el del jefe ruso Vladimir Putin. La oposición cuenta con los suyos: el presidente Manuel Santos de la vecina Colombia se ha declarado en contra de que se realice la Constituyente, considerando que su país es y lo será más en el futuro el principal y directo afectado de lo que suceda en Venezuela.

 

El gesto de cambiar de su celda a Leopoldo López, considerado el líder más radical de la MUD, y permitirle continuar su detención en arresto domiciliario tiene también una poderosa señal política por parte del chavismo que ya ha tenido consecuencia en las filas de la oposición. El propio chavismo experimenta cambios y desgarraduras en uno y otro sentido. Sin duda la principal ruptura en sus filas ha sido la de la procuradora de la República, una conspicua seguidora de Chávez que se ha convertido en el principal foco de oposición a Maduro dentro del chavismo.

 

Desde México nuestra visión no alcanza a apreciar con detalle lo que en el mismo lugar los socialistas y activistas revolucionarios en Venezuela vean y decidan lo más conveniente con respecto a la Constituyente. Una cosa es segura con o sin Constituyente: Venezuela sólo podrá superar su grave crisis con la fuerza y la convicción revolucionaria de su pueblo. Si el proceso que se inició desde el Caracazo no continua hacia la instauración de un nuevo estado anticapitalista, la decadencia y la putrefacción podrá ser la causa de una deriva más autoritaria de Maduro o de plano de su sustitución por una dictadura militar sin los afeites bonapartistas del chavismo.

 

La conversión de Venezuela en un país soberano, libre de la tutela capitalista-imperialista abrirá insospechados caminos de transformación en primer lugar para su pueblo y también para sus vecinos. En Colombia el impacto será directo y tremendo. Su influencia emancipadora se extenderá hacia los otros vecinos, muy principalmente hacia Brasil, hoy en medio de una lucha decisiva contra la restauración del neoliberalismo crudo y soberbiamente antipopular. Y la alianza de gobiernos actualmente ya existente entre Cuba y Venezuela se transformará en una alianza de pueblos y en el surgimiento de la primera federación de repúblicas socialistas de América Latina.

 

Crédito de imagen: Antonio Marín Segovia vía Flickr.


Manuel Aguilar Mora es dirigente de la Liga de Unidad Socialista.

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